Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

No somos terroristas ni mercenarios

El terrorismo contra Cuba no es una página amarillenta de un diario de la época o de un libro de historia en el anaquel de una biblioteca, no es cosa del pasado, y forma parte de los secretos manuales de operaciones sucias del imperio

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

 

Cuba no agrede, ni siquiera amenaza con el uso de la fuerza. No está en el ADN de nuestra nación hacer de matón, y cuando los cubanos fueron a la guerra el objetivo estaba claro, lograr la independencia. Tan  así es, que Martí la llamó «la guerra necesaria», a la que convocó para concluir el coloniaje español. Si hemos tendido la mano para el combate de otros pueblos, ha sido porque se nos ha pedido. Tenemos la convicción expresada por Fidel: Cuba manda médicos, no bombas.

Sin embargo, sí ha sido blanco y víctima de agresiones, del terrorismo contrarrevolucionario y del terrorismo de Estado, y en esos ataques, mortales en muchas ocasiones, a lo largo de los 67 años que cuenta nuestra Revolución, sumamos la sangre de miles de cubanos, e incluso de otras nacionalidades.

El grupo de infiltrados fuertemente armado procedente del estado de Florida, que fue neutralizado y capturado el 25 de febrero último en el enfrentamiento en la cayería norte villaclareña, es la muestra más reciente de que desde Estados Unidos continúan maquinando operaciones terroristas contra el pueblo cubano, con el objetivo de sembrar pánico y muertes bajo la falacia de una operación por «la libertad». También muestra a las claras la impunidad que les otorgan las autoridades de ese país.

Este grupo de infiltración nos recuerda el ataque terrorista al pequeño poblado costero Boca de Samá, en Holguín, perpetrado el 12 de octubre de 1971, que dejó un saldo de dos combatientes muertos y cuatro civiles gravemente heridos.

Es una historia repetida en cientos de ocasiones desde el mismo año 1959, cuando comenzaron atentados y sabotajes, estallaron bombas en lugares públicos, quemaron cañaverales, organizaron bandas armadas, agresiones que fueron escalando, no solo en el campo militar: la guerra contra Cuba ha incluido el criminal bloqueo, ataques biológicos, sicológicos, diplomáticos y mediáticos, y los intentos de asesinato a líderes de la Revolución, entre ellos más de 600 contra Fidel.

Probablemente, la más conocida de esas operaciones criminales ocurrió el 6 de octubre de 1976, cuando hicieron estallar en pleno vuelo una nave de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, acción organizada por los connotados terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), quienes murieron en Miami, la ciudad santuario de EE. UU. para quienes son sus mercenarios y asesinos.

El Crimen de Barbados, como se le conoce, conmocionó a todo el pueblo cubano que hizo suya aquella frase de Fidel: «Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla».

Este no fue el primero con tantas víctimas inocentes. El 4 de marzo de 1960, mientras se descargaba el vapor francés La Coubre, que transportaba armas desde el puerto belga de Amberes, para la defensa de la Revolución, fue saboteado, y esa criminal acción dejó 101 fallecidos, humildes trabajadores del puerto, estibadores y combatientes del Ejército Rebelde que custodiaban la descarga, y quienes ayudaban a las víctimas en una segunda explosión.

También murieron seis marinos del país galo, más de 400 personas quedaron lesionadas o incapacitadas de por vida, y 82 niños huérfanos. La respuesta del pueblo cubano a aquel deleznable hecho fue un «Patria o Muerte» que forma parte de las convicciones que nos conforman como nación.

Esa guerra inmoral, ese ensañamiento que ha enlutado a varias generaciones, continúa hoy y deja claro cómo nos ha marcado huellas indelebles de dolor. Los registros de hechos similares a lo largo de décadas, muestran que al menos 3 478 personas han muerto y
2 099 quedaron afectadas como consecuencia de los planes violentos de Washington contra la Isla.

No siempre ha sido una bomba la causante del dolor. Métodos más sofisticados y execrables fueron utilizados y en ese capítulo está la introducción de la epidemia de dengue hemorrágico en 1981, que causó la muerte de 158 personas, incluyendo 101 niños.  Además, forman parte del arsenal terrorista las campañas de descrédito para aislar a Cuba y cerrarle fuentes de ingresos económicos, por ejemplo, los atentados con explosivos en hoteles y otros centros turísticos en los años 90, y la aún activa campaña para intentar denigrar la humanitaria y solidaria  cooperación y colaboración médica cubana.

Es innegable que la mendacidad forma parte del arsenal que emplea el mayor imperio de la historia del mundo contra nuestra pequeña nación, en un doblez que pretende convertir la víctima en victimario.

Los hechos lo demuestran

En 1982, bajo el Gobierno de Ronald Reagan, Cuba fue incluida en la lista de países patrocinadores del terrorismo, adonde se le mantuvo hasta 2015, cuando,l a finales de su mandato, Barack Obama la retiró de ese engendro falaz y malévolo del Departamento de Estado, el cual implica enfrentar severas restricciones económicas, financieras y diplomáticas que se traducen en suspensión de ayuda económica, el bloqueo de créditos internacionales y las limitaciones para acceder al sistema financiero global. En resumen, un recrudecimiento extra del bloqueo económico, comercial y financiero que se nos aplica desde 1962.

Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca por primera vez, volvió a inscribir a Cuba en la unilateral lista,
y su sucesor, el presidente Joe Biden, mantuvo la agresión, la que solo levantó una semana antes de cesar en el cargo, un engañoso proceder del demócrata que también dejó intactas la gran mayoría de las medidas económicas adicionales impuestas por el republicano.

Por supuesto, Trump dio vuelta atrás de inmediato, y desde el mismo enero de 2025 Cuba está nuevamente en la lista de los supuestos patrocinadores del terrorismo, junto a la República Popular Democrática de Corea e Irán, pues los actuales gobernantes de Siria pasaron a ser socios del mandatario de la Casa Blanca; cuando en realidad somos víctimas del terrorismo de Estado, un arma favorita de coacción de los presidentes de la Casa Blanca para castigar las naciones que no les son políticamente adeptas o incondicionales.

Como explicó en una ocasión Johana Tablada, entonces subdirectora general de la Dirección general de Estados Unidos de la Cancillería, ellos saben que reincluir a Cuba en la lista responde a que esta administración conoce que dejarnos fuera de ella le daría «un respiro a la población cubana. Inmediatamente: en los viajes, en el turismo, en el combustible, en la venta de productos farmacéuticos, en la compra de productos que hoy se encarecen al triple, en los cargueros internacionales…».

Por el contrario, acaba de dar una vuelta más al garrote vil con el bloqueo petrolero para impedir la llegada de hidrocarburos, tan imprescindibles para la vitalidad de cualquier país.

 La agresión de este sábado 28 de febrero contra Irán, en la que están confabulados dos Estados practicantes asiduos del terrorismo, como Israel y Estados Unidos, es otra demostración de quién es el victimario, y dónde están los verdaderos terroristas.

El terrorismo contra Cuba no es una página amarillenta de un diario de la época o de un libro de historia en el anaquel de una biblioteca, no es cosa del pasado, y forma parte de los secretos manuales de operaciones sucias del imperio.

Quizá los grupos que operan a 90 millas al norte de nuestras costas ya no se llamen Omega 7, considerada la más grande organización terrorista que ha operado en Estados Unidos de manera pública y totalmente amparada, o alguna otra de las que sirvieron y fueron creadas por la CIA para ensangrentar a la Mayor de las Antillas, pero están intactos sus propósitos.

Una vez más aquí se dice «la injusticia tiembla», somos de «¡Patria o Muerte!». Lo acaban de hacer los valerosos tripulantes de la pequeña lancha patrullera de nuestras costas.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.