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¿Cuál pudiera ser el trasfondo de la insistencia de Trump de negociar con Irán?

Con las numerosas muestras dadas por Donald Trump de fabricar falsos escenarios de diálogo para luego ejecutar acciones agresivas contrarias a lo que supuestamente se negocia, surgen las más variadas sospechas sobre lo que esconde con su insistencia de asegurar que se negocia con Irán y que de lo que allí se acuerde depende la terminación del conflicto

Autor:

Luis Manuel Arce Isaac

Las autoridades iraníes a todos los niveles, insisten también en que es mentira, que no han entablado ningún diálogo, pero es como si Trump no escuchara nada, ni siquiera les responde ni los desmiente, sino mantiene su discurso normal con falsas informaciones con las cuales pretende anclar una presunta verdad —como los falsos positivos de Colombia en la época del presidente Álvaro Uribe— para después actuar con una escalada de la violencia.

Lo hizo cuando la guerra de los 12 días contra Irán el año pasado, y lo volvió a hacer el 28 de febrero de este año como reinicio de la guerra a escala máxima y con una cadena de crímenes premeditados y selectivos con el claro objetivo de descabezar al gobierno islámico, cambiar el régimen y ocupar el país.

Ahora su aseveración de que existen las negociaciones sin referirse a los desmentidos de la otra parte, se hace en un contexto muy sospechoso e inquietante, que eslabona amenazas graves que pueden conducir a la creencia de que lo que ha sucedido en el golfo desde el 28 de febrero hasta ahora son los prolegómenos de la verdadera guerra que está por comenzar.

El escenario dibujado por él y los sionistas es inquietante, podría ser una táctica relacionada con su política del miedo basada en amenazas, pero también una preparación sicológica de la opinión pública, en particular de Estados Unidos e Israel, para operaciones militares más destructivas que las reportadas hasta ahora, y con consecuencias que rompan los esquemas puestos en práctica.

Por ejemplo, antes de anunciar las negociaciones con Irán, Trump, amenazó de forma muy consistente con atacar las centrales eléctricas de la nación persa y dio un plazo de 48 horas a Teherán para que abriera el estrecho de Ormuz como si estuviera cerrado a cal y canto cuando Irán había informado al mundo que su bloqueo funcionaba solamente para buques de los países enemigos.

Después de insistir mucho en abrir el estrecho, escoltar buques, atacar todo el sistema de generación eléctrica, desaparecer la isla Kharg, aparentemente reculó, dijo que no le hace falta el golfo, criticó a la OTAN por no participar en un esfuerzo para abrirlo, y que no atacaría los centros de energía convencional y nuclear de Irán. Pero luego hizo una aclaración muy sospechosa: «todo lo dejo al éxito» de las presuntas negociaciones.

Qué variantes hipotéticas señalan muchos observadores, y es importante la coincidencia entre ellos: que se trata de una forma de ganar tiempo para reponerse de las pérdidas que Irán le ocasionó, sobre todo con los ataques a sus bases militares en países del golfo.

Una invasión militar conjunta con las dos infanterías, y una ofensiva con la mayor potencialidad en toda el área del estrecho de Ormuz donde supuestamente están soterrados los misiles y drones de última generación iraníes, y proclamar la apertura de ese paso marítimo.

Ocupar la isla de Kharg y sus alrededores en territorio iraní (Botas en tierra), y preservar su presencia mediante el chantaje nuclear de ejecutar la «Opción Sansón» que Israel reserva como último recurso si la existencia del país estuviera en peligro extremo o enfrentara una derrota convencional ante Irán. Podría interpretarse como un factor de disuasión y forzar así la rendición de Irán, pero puede pasar. Previamente, destruirían toda la infraestructura energética y las plantas nucleares iraníes.

Este escenario es congruente con la necesidad de Trump de lograr una victoria para romper la imagen negativa frente a la mayoría del pueblo estadounidense e incluso de los mandos militares críticos de la guerra.

Los expertos rusos advierten que un ataque contra la infraestructura islámica podría acarrear consecuencias catastróficas, no solo para el propio Irán, sino para toda la región, y citan al ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien afirmó que su país, junto a Estados Unidos, se dispone a incrementar la intensidad de sus ataques esta misma semana.

Alertan que un ataque contra la central nuclear de Bushehr, la única de Irán y la primera de todo Oriente Medio, acarrearía un peligro especial. Alexéi Lijachiov, director de la corporación energética rusa Rosatom, contratista principal de la central de Bushehr, advirtió que si se produce un incidente «será, como mínimo, de escala regional y afectará a un gran número de países de Oriente Medio», y «ninguna de las partes escapará de la exposición a la radiación si se produce un accidente grave», publicó Rusia Today (RT).  

 Lijachiov anunció que Rosatom, que actualmente construye la segunda y tercera unidad de energía, planea una nueva evacuación de empleados de la central nuclear de Bushehr tan pronto como sea posible. «Es evidente que la situación se agrava en el golfo Pérsico, en Irán», reconoció. Es un índice de un peligro real que ya está sopesando el alto mando iraní.

RT señala que, en ese contexto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, subrayó que «se transmiten las señales pertinentes a la parte estadounidense». A su vez, el canciller Serguéi Lavrov declaró que la reacción pasiva del OIEA, bajo cuya supervisión se encuentra la instalación, es «inadecuada». «La dirección del OIEA reacciona de manera que calificaría de inadecuada ante las amenazas directas que se generan como resultado de la agresión desatada contra la seguridad nuclear», destacó.

 A su vez, el presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio (Rusia), Murad Sadygzade, alertó que un tipo de acciones de esa naturaleza por parte de Trump y Netanyahu afectaría no solo a la economía del país, sino también al funcionamiento de las infraestructuras civiles y la vida de miles de personas porque puede desatar una grave crisis de agua, y ninguno de los dos tendría reparos en ser acusados de criminales de guerra como, de hecho, ya está acusado el líder sionista, y no ha pasado nada.

«Hay grandes problemas con el suministro de agua en las ciudades. Ya de por sí esto es bastante complicado. Se trata de cuestiones relacionadas con el agua potable, con las plantas desalinizadoras, que tampoco pueden funcionar sin electricidad. En este contexto, en esencia, esto es un asesinato en masa y un genocidio, si se puede decir así, de la población de la República Islámica», añadió Sadygzade.

Vladímir Chernov, de Freedom Finance Global, advierte que, en caso de ataque contra Bushehr, lo que pasaría a primer plano no sería siquiera la crisis energética de Irán, sino catástrofes ecológicas y humanitarias a escala regional. El sur de Irán y la zona costera del golfo Pérsico serían los primeros en sufrir las consecuencias, mientras que el norte y el este sufrirán daños cuyo alcance dependerá de la dirección del viento pues la propagación de aerosoles radiactivos será intensa y la contaminación de las aguas del golfo indetenible.

Hay una expresión con la que Trump terminó su ultimátum sobre la apertura del golfo: «habrá una destrucción total de Irán y va a funcionar de maravilla». Son palabras de un criminal enloquecido, de eso no hay dudas. ¿El generalato estadounidense y sus fuerzas armadas permitirán que sobre ellos caiga tanto lodo?

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