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Buitres en la Casa Blanca

Las ambiciones de la cúpula casablanquina se estrellan contra algo que no pocos desechan en este mundo, aunque hay otros que la entregan sumisamente traicionando intereses nacionales: la soberanía y la independencia

Autor:

Juana Carrasco Martín

Son buitres, esta gente sin escrúpulos intenta por cualquier medio sacar provecho, beneficios, ganancias de los demás, y tan es así que Donald Trump y Marco Rubio se lanzan sobre Venezuela, desangrándola, es decir, robándole el petróleo; anuncian una guerra económica devastadora contra el Irán que no han podido arrodillar con la destrucción bélica y hasta han etiquetado al estrecho de Ormuz como «nuevo territorio de Estados Unidos»; y siguen actuando con alevosía contra el pueblo cubano, del que esperan se alce contra su Gobierno y deseche un sistema socioeconómico al que durante casi siete décadas los de Washington han estado asfixiando.

Al mismo tiempo, abren otros frentes de confrontación. Y en este bien cercano, su vecino norteño y socio comercial con acuerdo tripartito (el T-MEC de México, Estados Unidos y Canadá), a las bravatas del dúo habitual se ha sumado el vicepresidente J.D. Vance, repitiendo las mentiras de su jefe. «Se acabó»… «Dejen  de aprovecharse de Estados Unidos», dijo de manera tajante en un evento público, a lo agregó: «Canadá se deja utilizar como puerta trasera para los productos chinos. Canadá trata a los productos chinos de manera más justa que a los productos que vienen de la gente de Maine. Es una locura».

En verdad, la locura reside en la Casa Blanca, y Vance exigió a Ottawa «justicia en nuestra política comercial», cuando es Washington quien ha minado los acuerdos imponiendo nuevos aranceles porque exige bajo esa presión «mejor trato» para sus grandes, y acusa de imponerles a los productos estadounidenses «un trato discriminatorio».

Como resultado de ese 50 por ciento impositivo de Washington, no solo ha recibido el líder de la hegemonía respuesta contundente y soberana del Gobierno central canadiense, encabezado por el primer ministro Mark Carney, también se han pronunciado regiones, como es el caso de Ontario, cuyo gobernador ha dicho que «todo está sobre la mesa», y su primer ministro, Doug Ford, le dio un consejo a Trump, que se prepare con baterías porque le va a cortar electricidad y minerales críticos si sus industrias y economías se ven afectadas por la guerra arancelaria iniciada por esta administración de EE. UU.

El gobernador de Ontario afirmó: «Él subestima a Canadá. Todos estamos comprometidos», en referencia a que sus conciudadanos «saben que van a tener que hacer sacrificios», pero están dispuestos a la confrontación, aunque esa guerra económica la hayan declarado «contra su amigo y aliado más cercano».

Y no es cosa de juego la advertencia de que «no sacarás ni un granito de arena de Ontario». Allí se refina el uranio y está el níquel de alta calidad que envían a Estados Unidos; también de esa provincia les llega el suministro de electricidad a 1,5 millones de hogares y empresas, le recordó a Trump, así que si intenta desmantelar la industria manufacturera canadiense, «Más le vale que tenga un paquete de baterías», afirmación de Ford que completó el cuestionamiento del primer ministro Mark Carney: «¿Quién se cree que es?, a lo que Ford acotó: «Tiene que estar bromeando».

Las ambiciones de la cúpula casablanquina se estrellan contra algo que no pocos desechan en este mundo, aunque hay otros que la entregan sumisamente traicionando intereses nacionales: la soberanía y la independencia.

 

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