Cerca de 48 pueblos y aldeas en el Líbano fueron destruidos por las fuerzas de defensa de Israel como parte de la estrategia de desestabilización que promueve el régimen sionista en la región de Medio Oriente Autor: Juventud Rebelde Publicado: 20/10/2026 | 12:56 pm
La semana pasada, el diario The New York Times publicó los resultados de una investigación sobre la actual invasión y ocupación israelí del sur del Líbano, revelando que cerca de 48 pueblos y aldeas habían sido destruidos por las fuerzas de defensa de Israel (FDI). El ministro de Defensa, Israel Katz, durante una intervención el fin de semana en el Canal 14 de Israel, se jactó de que la cifra es aún mayor.
Israel Katz presumió durante su intervención de que, en realidad, más de 60 aldeas han sido destruidas por completo. «Cada una de las aldeas —estamos hablando de 23 000 viviendas— ha quedado en ruinas», declaró Katz ante un público en el estudio que lo vitoreaba, añadiendo: «Ya no quedan residentes; 200 000 personas han sido desplazadas».
Estas declaraciones no dejan lugar a dudas: Katz presenta la destrucción sistemática de la infraestructura civil como un objetivo primordial de la guerra en curso en el Líbano; un aspecto que, ante la proximidad de las elecciones, parece querer destacar especialmente, señaló antiwar.com.
«Este es el modelo de Gaza. Es lo que hemos estado implementando», afirmó Katz tras exponer estos detalles. El «modelo de Gaza» ha sido propuesto en repetidas ocasiones por la derecha israelí como una estrategia a adoptar en otros conflictos ofensivos. Dado que este enfoque implica un nivel de destrucción masiva —que ya ha provocado que Israel se enfrente a acusaciones de genocidio por lo ocurrido en Gaza—, resulta sorprendente que se intente extender esta política a otros territorios. No obstante, la derecha israelí parece basar su campaña electoral casi exclusivamente en la escalada y la ampliación del alcance de este tipo de ataques, comentó Antiwar.
Aunque algunos funcionarios israelíes han intentado presentar a Katz como una figura menos extremista que otros miembros del gabinete, el ministro de Defensa ha promovido reiteradamente una retórica que incita a una mayor agresión. De hecho, hace apenas unos días emitió una declaración en la que amenazaba con profundizar la ocupación permanente en el Líbano y aniquilar por completo a la comunidad chiíta del país. Esto sitúa la destrucción en el Líbano en un plano algo distinto al de la violencia indiscriminada ejercida en Gaza.
Si bien Israel también está destruyendo con ahínco gran parte de la infraestructura en el Líbano, Katz ha dejado claro en repetidas ocasiones que Israel tiene como objetivo deliberado a la población chií dentro del Líbano, destruyendo aldeas donde son mayoría y expulsando a civiles chiíes de sus hogares.
Aunque ya existían serias preocupaciones sobre la comisión de crímenes de guerra —según el derecho internacional— debido a la violencia indiscriminada contra la población civil, el hecho de atacar deliberadamente a un grupo religioso específico sitúa el crimen en una categoría potencialmente distinta: la de persecución y violencia por motivos religiosos, agregó el comentario.
Israel invadió el Líbano a principios de marzo y ha extendido su ofensiva al norte del río Litani. Aunque, en teoría, existen algunos acuerdos diplomáticos con el Líbano, ninguno de ellos obliga a Israel a cesar sus ataques u ocupación; de hecho, los ataques contra localidades libanesas continúan a diario.
La próxima ronda de conversaciones, mediada por Estados Unidos, tendrá lugar en Tampa (Florida). El objetivo principal es lograr que el Líbano elimine las leyes que mantienen un boicot contra Israel; por su parte, los funcionarios israelíes insisten en que cualquier exigencia de detener los ataques constituye para ellos una «línea roja».
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, busca apoyo internacional para convencer a Israel de que se retire del sur del Líbano, así como ayuda para reconstruir lo que ha sido destruido. Dado que Katz ha presentado en reiteradas ocasiones el sur del Líbano como una zona de amortiguamiento «permanente» bajo control israelí, se trata de un objetivo sumamente difícil de alcanzar en ambos frentes, dijo el editor senior de Antiwar.com, Jason Ditz en su comentario.
