Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Química ortográfica

Autor:

Hugo Rius

La avalancha de noticias de las últimas semanas no me impidió detenerme, por su evidente significación, ante el reporte sobre una cubanita, Lisandra Cutiño, tunera por más señas, que fue proclamada ganadora del Concurso Iberoamericano de Ortografía, celebrado en Uruguay, porque tal resultado demuestra que si bien aludimos a una asignatura todavía pendiente en nuestro país, de ninguna manera puede considerarse perdida.

En esa reciente lidia del saber escribir bien nuestro común idioma se dio, por cierto, la circunstancia de que tanto nuestra compatriota como la joven españolita con la que discutió el título en la ronda final de «muerte súbita», no abrigan el propósito de dedicarse a las letras, sino que han optado coincidentemente por emprender estudios superiores de Química, lo que sigue echando por tierra la endeble y justificativa hipótesis, bastante corriente, de que quienes se ocupen de las llamadas ciencias puras, de las fórmulas y los cálculos, no necesitan para nada ni preocuparse ni interesarse por el uso correcto de un indispensable instrumental de la comunicación escrita, tal si se tratara de algo ajeno o subalterno en el ejercicio profesional y laboral.

Con indiscutible fundamento y enmendador acierto, el Ministerio de Educación Superior se ha pronunciado por establecer requisitos y exigencias en esa importante área del uso del lenguaje materno, tanto en las pruebas de ingreso como en el transcurso de los años de estudios hasta la graduación, para contribuir a ponerle coto a las barrabasadas que se estampan con excesiva frecuencia en documentos de toda índole. Que ya es bastante con las que aparecen en avisos y anuncios públicos que proliferan en establecimientos e incluso hasta en caracteres emitidos a diario por la masiva televisión, que estremecen de horror al más sereno de los espectadores.

Desde luego que rehabilitar la maltratada ortografía no es solo cuestión de rectificar en la cima de la pirámide de la enseñanza, sino de sistematizar desde las bases de arrancada, concebido como preparación integral, para lo que, en especial los futuros maestros, tienen que armarse durante una esmerada formación, y alentar en las aulas los concursos y premios y el hábito de la lectura.

Si se indaga con cualquiera de los notables estudiantes que año tras año han sobresalido para concurrir a las justas iberoamericanas, probablemente se detecte que contaron con profesores atentos y cuidadosos y que se trata de jóvenes lectores insaciables, comprendidos y apoyados en el seno familiar, que desde temprano le tomaron el gusto a la apropiación de conocimientos y a la magia de la literatura, en un disfrute ilimitado, sin que para nada influya el derrotero específico que se hayan trazado para el futuro.

He aquí algunas de las fórmulas, la verdadera química para alcanzar la correcta ortografía a que debemos aspirar, siempre como un acto de crecimiento cultural, comunicativo.

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