Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

A la legua se patina

Autor:

Nelson García Santos

De súbito sobreviene la iracunda protesta que estremece a las gradas, mientras los aficionados gritan y exteriorizan gestos amenazantes para expresar la inconformidad por la decisión del árbitro. Frente a los televisores también los ánimos se caldean y las voces se desbocan en aprobación o no del fallo, de acuerdo con la bandera que se defienda.

El último desbarajuste ocurrió en el juego de Matanzas y Villa Clara cuando el ampaya cantó jonrón un batazo que realmente impactó el mismísimo borde de la cerca y rebotó para el terreno.

Sonados sucesos de este tipo tampoco resultan excepcionales y, quizá, los más famosos fueron los ocurridos en el 2009 cuando, en un encuentro entre Villa Clara y Ciego de Ávila, Yoelbis Fiss conectó una línea al center field que, según decretó el árbitro, la atrapó Ramón Lunar.

Ante la protesta de que había picado, como realmente fue y se mostraba en la televisión, aplicaron el veredicto de quieto.

La otra sobrevino cuando el juez validó el jonrón de Danger Guerrero en uno de los partidos entre Pinar del Río y La Habana. La bola nunca salió del terreno, pues rebotó desde el borde de la cerca, como mostraron los videos. También hubo marcha atrás en ese caso. En aquella ocasión desde estas páginas cuestionamos el procedimiento, bajo el título de El imbatible árbitro debutó en el Play Off.

Y fundamentamos lo incorrecto del proceder, porque tal reglamentación no existía y, además, argumentamos: «Imagínense ustedes que hoy mismo, a cualquier equipo a la ofensiva en la novena entrada, con las bases llenas y dos out, le ponchen a su bateador estrella, pero que el video demuestre que el lanzamiento matador fue bola. Y venga entonces la protesta...».

El árbitro, en su apreciación, humano al fin, se puede equivocar, pero lo que resulta inadmisible es que él contribuya a que su veredicto sea erróneo.

Si no se sitúa lo más cerca posible de dónde va a ocurrir el desenlace del batazo, obviamente tendrá menos visibilidad y un mayor margen de error.

El ampaya debe salir disparado detrás del jardinero que corre en pos de la pelota y no confiarse en que va a ser un lance sencillo, que se va ver a la legua.

Porque, en esencia, en muchos de estos deslices de veredicto sobre las jugadas influye la lejanía en que se encuentra el árbitro para definir el lance. Si no se acostumbra a apresurarse, a asumir una carrera vertiginosa, siempre estará en desventaja a la hora de decidir.

Para moverse ágilmente hay que estar entrenado y el béisbol tampoco se distingue por exigir una preparación física como la que requieren otros deportes, donde los jueces tienen que poseer un aguante como el de los propios atletas.

Algo se debe hacer para evitar esas situaciones que desencadenan las protestas, con razón, de los que protestan, y que pueden provocar un altercado, como ha ocurrido, de consecuencias impredecibles, más allá de palabras ofensivas.

Tampoco parece lo correcto introducir el video para decidir, pues para que sea justo tendría que abarcar todas las jugadas, una cuestión impensable porque el continuo reclamo eternizaría aun más los desafíos.

Quizá podría agregarse otro ampaya en los jardines para cortar el mal de raíz. O, por favor, que los árbitros corran más para estar en mejores condiciones de observar, con mayor precisión, lo que ocurre en el terreno.

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