Lo vi acercarse, peligrosamente, a la esquina. «¡Señor!», la interjección cortó el aire: «Cuidado, la esquina está llena de basura». Las personas en situación de ceguera desarrollan una extraordinaria habilidad para frenar la inercia cuando algo va mal. Menos mal, porque un paso más y Ramón, con sus casi 85 años, habría terminado enredado entre los desechos acumulados.
«¿Vamos a bordearlos? ¿Usted sigue por aquí o dobla?» «Sigo», respondió. Seis pasos y se acabó, al fin, el casi vertedero. Esta problemática, acentuada por la crisis de combustible que afecta también el servicio de comunales, toma fuerza en paseos, avenidas, calles y parques. Lejos de normalizarse, necesita soluciones urgentes... de todos.
Si bien es cierto que los contenedores escasean por el número ínfimo y el vandalismo que desconoce la utilidad común, cuando existen están saturados hasta el tope, evidencia de que suman varias jornadas sin aliviarse. Lo óptimo sería la recogida diaria, pero las limitaciones de combustible colocan a la empresa de servicios comunales entre la espada y la pared, disyuntiva que también afecta los servicios funerarios.
Quizá sea momento de volver a contratar a aquellos cocheros que asumían esta labor en sus planchas. Pero también sabemos que son pocos los que se dedicarían a esta tarea cuando, al transportar pasajeros, generarían el doble de ingresos: dinero fresco y diario, mucho más atractivo que los atrasos e impagos que la burocracia acarrea.
La basura acumulada no es dejadez absoluta de las instituciones gubernamentales. Falta mucho en la conciencia popular para no botar desechos en cualquier lugar. Lo mismo da ya la bolsita del diario que el escombro de la meseta nueva. Y es lógico que proliferen entonces las alcantarillas tupidas y vectores y plagas, que nada bueno anuncian para la higiene y salud colectiva.
Buena parte de la responsabilidad recae también en las formas de gestión económica no estatales. No es casualidad encontrar montañas de cajas de picadillo de pollo, empaques de jabones o poliestireno en las esquinas. El mecanismo para la recolección de estos desechos por los servicios comunales debe tomar rumbos concretos.
No menos alarmante es la situación de los puntos convertidos en vertederos locales, donde la quema de desechos sólidos contamina el ambiente a ojos y narices de todos. Pero ese es otro tema que, aunque relacionado, merece análisis independiente.
En tanto, los cambios de labor que impulsan los centros de trabajo, si bien apoyan y sensibilizan sobre la limpieza del espacio común, recaen en los mismos profesores, estudiantes, entrenadores deportivos, entre otros, que pocas veces son quienes más ensucian el entorno.
No sé qué habrá pasado luego con Ramón. Al final de la cuadra en que lo dejé, lo espera, inamovible, otra montaña de basura que bordear.