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¿ Qué significa ser fidelista hoy?

Autor:

Laura Fuentes Medina

«Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», escribió José Martí. Fidel hizo suya la sentencia y la reiteró en más de una ocasión; la recordó en su primer discurso en Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 1959.

La dejó grabada como principio cuando rechazó cualquier forma de culto a su persona. «El concepto martiano de la gloria», explicó, «no es aquel que pueda asociarse a una vanidad personal y a la autoexaltación de sí mismo.

«Lo que me agrada especialmente de la frase es la idea de la insignificancia del hombre en sí, ante la enorme trascendencia e importancia de la humanidad», dijo. Entenderla así cristaliza una pregunta que continúa reapareciendo: ¿qué significa ser fidelista hoy?

El Comandante en Jefe construyó su lugar con trabajo, decisiones difíciles, errores también. Lo conquistó en la Sierra, en Girón, en la llamada crisis de los misiles, en los años duros del período especial... Lo asumió sin dejar de reconocerse como parte de un proceso colectivo, como un hombre entre muchos.

La Mayor de las Antillas vive momentos sumamente complejos. El recrudecido bloqueo estadounidense que dura más de seis décadas, las restricciones financieras, la guerra mediática: todo conforma el contexto en que se desenvuelve la vida de la nación.

Reivindicar a Fidel implica, en principio, sostener que Cuba tiene derecho a decidir su destino sin tutelas de ningún tipo. Sin embargo, también habría que cuestionar por qué la escasez se prolonga, por qué los apagones se repiten, por qué tantos jóvenes emigran...

El Comandante en Jefe advirtió que un proceso revolucionario puede ser destruido por sus propios protagonistas, y el paso del tiempo ha puesto el proceso socialista cubano en manos de una generación que no vio a Fidel en sus funciones como líder, pero aborda su pensamiento desde la distancia crítica, con preguntas que no siempre encuentran respuestas en los discursos heredados.

Ambas posturas forman parte de la misma historia. La insistencia fidelista en la insignificancia de la gloria personal apuntaba a que las ideas importaran más que el hombre; a que la marcha continuara sin depender de un nombre.

Y tales actos exigen esfuerzo sostenido, inconformidad con lo que falta, disposición a resolver. La misma que puede sentir un médico que salva vidas dentro y fuera del país, un maestro que sigue dando clases sin electricidad, un joven que debate en una red social. Ser fidelista hoy puede significar cosas distintas según a quién se le pregunte.

Hacer patentes los principios de justicia social desde otras tierras forma parte de la misma causa. Hay cubanos que viven fuera, predican la justicia social, denuncian al bloqueo, participan en iniciativas solidarias y mantienen vínculos con sus familias y con su cultura. Él los reconoció como parte de la nación desde que en 1978 impulsó el diálogo con la emigración.

¿Qué haría el Comandante en Jefe que enfrentó bloqueos, crisis energéticas, presiones internacionales y divisiones internas, en un escenario como el actual? La interrogante, manida por la repetición, sigue teniendo valor si se formula con honestidad.

Ser consecuentes con el legado de Fidel en 2026 pasa por reconocer que el contexto cambió y que las respuestas deben evolucionar, sin abandonar nuestros principios. Implica sostener la crítica como herramienta de trabajo, admitir errores, y principalmente, no confundir lealtad con silencio.

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