Este 22 de septiembre ha comenzado a sesionar la 81 Asamblea General de la ONU, en su segmento de Alto Nivel, y las paradojas de la Humanidad asoman desde el primer momento.
La víspera, la mayor organización internacional con 193 Estados como miembros plenos, celebró el Día Internacional de la Paz, con un llamado a que cada cual ponga su granito de arena a favor de un planeta en concordia y armonía, donde no resuenen las armas, una invitación que hizo bajo el lema «Invierte en la paz, para todos, en todas partes y todos los días», pero no es ese el panorama que prevalece en el mundo, y como dice el propio llamado «la paz no se construye solo en las salas de conferencias: la moldean todas las personas, en todas partes y todos los días».
Pero, ese reclamo a cada individuo, parece obviar lo sustancial, quienes tienen la mayor responsabilidad en lograr un mundo de paz, deben contribuir a ella y respetarla son los que ejercen el poder y, sin embargo, lo utilizan para imponer su hegemonía mediante la violencia, estimulando la inseguridad, agrediendo con sanciones económicas que transforman en crisis humanitarias para los países y pueblos víctimas de su ambición o abriendo paso al horror de las guerras. En ambos casos incurriendo en crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra contra el derecho a la vida, a la dignidad y soberanía de pueblos y naciones.
El binomio israelo-estadounidense resalta como hacedores de guerras devastadoras en ese escenario, que tiene por campo de batalla con intenciones de exterminio y anexión al Medio Oriente y como principales objetivos de su saña al pueblo palestino y a Irán. Al mismo tiempo, Washington tiene su guerra proxy en el este europeo, donde la armada Ucrania es punta de lanza de Occidente contra Rusia. La Casa Blanca también está ocupada en quebrar la unidad e integración por la que marchaba la América Latina y el Caribe y se ha inventado una «guerra al narcoterrorismo» donde presiones y manipulaciones subvirtieron elecciones para propiciar retorno de gobiernos sumisos de derecha y con ellos la división continental.
Más se cumplirá este martes el ritual en una ONU cada vez más atada de pies y manos por una estructura incapaz de resolver los numerosos conflictos que estremecen a esta Tierra: palabras de apertura de la presidenta de la Asamblea, del Secretario General de la ONU, del presidente de Brasil y del presidente de Estados Unidos como país sede de la organización mundial, pero que ha disminuido drásticamente su contribución financiera y se ha retirado de una decena de organismos de la ONU.
Estados Unidos debe más de mil millones de dólares a la ONU y su embajador ha llegado con una gorra al estilo de su patrón marcada con un Make ONU Great Again, demostrando que la quieren según su visión hegemónica y Washington llevando las riendas.
Sin embargo, Donald Trump llega en una situación muy especial, está también en guerra contra medios de prensa de Estados Unidos. No acepta ninguna crítica y él, que es un mentiroso nato, les acusa de ser portadores de «noticias falsas». El fin de semana vetó la presencia en las coberturas de la Casa Blanca a la cadena televisiva CNN, a MS NOW y a Politico, retirándoles de inmediato sus credenciales.
Como respuesta a esa agresión a la libertad de expresión respaldada por la Constitución estadounidense, el gremio ha decidido algo inédito: boicotear su presencia en la ONU y no le darán cobertura a su discurso y eventos, y ya el lunes algunos medios transmitieron de manera inaudible o interrumpieron la cobertura de conferencias de altos cargos estadounidenses, incluyendo a Trump, quien ha hecho uso de la contrarréplica, su administración puso en marcha este martes Trump TV.
La batalla diplomática está en marcha…