Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El sacrificio de una mujer destinada a curar

Victoria Brú Sánchez fue una destacada enfermera cubana que ofrendó su vida en el cumplimiento de su deber durante  una pandemia de influenza

Autor:

Julio César Hernández Perera

Existe una ciencia que mucho ha aportado a la salud del ser humano desde tiempos inmemoriales. Se trata de la enfermería; y a propósito de esta, muchos coincidiríamos en expresar que esa especialidad resulta vital en la prevención o cura de las enfermedades, en la batalla por la vida.

En la historia de Cuba, el ejercicio de la enfermería ostenta sus momentos cumbres, como la fundación, en 1899, de la primera Escuela de Enfermeras en el hospital Nuestra Señora de las Mercedes (actualmente Hospital Manuel Fajardo). De este centro se graduó en el año 1905 Victoria Brú Sánchez, una mujer que se convirtió en paradigma para quienes practican la profesión en la Mayor de las Antillas.

Los orígenes de la vida

Nacida el 6 de enero de 1876 en Managua, la infancia de Victoria Brú Sánchez se desarrolló en diferentes lugares a causa de la profesión de su padre: marinero de la Armada española. Al retiro de este en 1902, la familia se estableció finalmente en la ciudad cubana de Remedios, al norte de la actual provincia de Villa Clara.

Victoria pudo hallar su vocación por los relatos contados en el seno familiar acerca de la labor, conducta y prestigio de sus dos abuelos. Ambos, originarios de España, llegaron a Cuba con los títulos de licenciados de Medicina y Cirugía de la Universidad de Barcelona, donde, además de establecer familias, vivieron momentos tormentosos, como epidemias de viruela.

Junto a la admiración por sus abuelos, una especial sensibilidad ante los dolores ajenos pudo haber influido definitivamente en Victoria, quien conoció de las espantosas escenas de hambre, enfermedad y muerte provocadas por la reconcentración de campesinos decretada en Cuba por el Capitán General Valeriano Weyler durante la Guerra de Independencia. Fueron dantescas aquellas escenas, y luego más lúgubres durante el bloqueo naval impuesto a la isla por la Armada de Estados Unidos.

Tan estimada fue la labor acometida por Brú durante su estancia como alumna en el hospital Nuestra Señora de las Mercedes, que se le retuvo en ese centro durante un año después de su graduación.

La demanda de enfermeras graduadas era muy grande en los hospitales cubanos. Tal situación motivó el nombramiento y traslado de Victoria hacia aquellas unidades que estaban más urgidas. Así, por vivir su familia en Remedios, a ella se le situó inicialmente en el Hospital General de dicha ciudad, en 1906.

Durante su vida laboral se le pudo hallar en distintos lugares requeridos de servicios asistenciales y docentes de enfermería. Así transitó como superintendente de enfermería al crearse la Segunda Escuela de Enfermería en el Hospital docente de la Universidad de La Habana; estuvo en la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil de Santiago de Cuba, en el hospital de Dementes de La Habana (conocido como Mazorra y hoy Comandante Manuel Ordaz), y en el Hospital Número Uno, como superintendente de su Escuela de Enfermeras.

Su prestigio como enfermera altamente calificada hizo que fuera trasladada, por creerse indispensable, al Hospital Civil de Cienfuegos, el 14 de marzo de 1914. Allí Victoria Brú llevaría su profesión a la consagración suprema, al ofrendar su vida en aras de la curación de los enfermos.

Una mortal pandemia

En Cienfuegos Victoria Brú trabajó incansablemente para organizar la Escuela de Enfermeras y los servicios de enfermería del hospital. Todo ello con escasos recursos económicos destinados a tal efecto. Su bondad, humanismo y amabilidad prontamente le permitieron ganarse el cariño y la admiración de la población.

Durante su estancia en esa ciudad la atrapó un nuevo desafío: el enfrentamiento a una mortal pandemia de influenza que muchos en el mundo mal llaman «la gripe española», responsable de cerca de 40 millones de muertes en el orbe.

En Cuba se identifican los primeros casos a finales de 1918 y la ciudad de Cienfuegos fue uno de los lugares más afectados, sobre todo en los barrios pobres. La enfermera Brú Sánchez nunca mostró temor al contagio con la enfermedad y por eso sus esfuerzos asistenciales jamás se vieron disminuidos.

Como era probable, ante tantos contactos con pacientes enfermos ella contrajo una forma leve de la influenza que logró superar sin problemas. Pero durante su convalecencia tuvo lugar una nueva ola de contagios en la población, y Victoria, sin estar plenamente recuperada, se incorporó nuevamente a su labor.

Se le vio al frente de la recaudación de recursos donados por la población para abrir nuevas salas de hospitalización y se dice que montaba en ambulancias para recoger a enfermos en los barrios más afectados. Con ello daba el más alto ejemplo de altruismo y consagración.

Durante esta contienda, desdichadamente sufrió una recaída en la enfermedad que se tornó mortal: Victoria sucumbió por la forma grave de la influenza el 7 de diciembre de 1918.

La triste noticia de su muerte se esparció como la pólvora y estremeció a Cienfuegos y a toda Cuba. A sus honras fúnebres asistió un pueblo conmovido y agradecido, que la recuerda como una enfermera siempre alegre y briosa, gruesa, de pequeña estatura, de piel muy blanca y ojos azules, de andar y hablar rápidos, impaciente, de manos pequeñas y suaves, como si estuvieran diseñadas para curar a todo el que tocaba. 

Bibliografía consultada

Ancheta Niebla E. Historia de la enfermería en Cuba. 2da Edición. La Habana: Editorial Ciencias Médicas; 2006.

Amaro Cano MC. Reseña biográfica de Victoria Brú Sánchez. Revista Cubana de Enfermería (Internet), agosto de 2003 (citado 21 de junio de 2021); 19 (2): 0-0. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S0864-03192003000200007&lng=es&nrm=iso&tlng=es

 

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