Con el corazón no se juega

Científicos desarrollan nueva vacuna a base de anticuerpos que promete disolver los depósitos de grasa en las arterias, y detectan una proteína de la sangre que podría combatir las enfermedades cardiovasculares

Autor:

Patricia Cáceres

Si alguna vez nos preguntan cuál es la principal causa de muerte en el mundo, probablemente diremos que el puesto se lo disputan el sida, la malaria, el dengue o incluso las distintas formas de cáncer.

Pero, en realidad, el primer escaño lo ocupan las enfermedades cardiovasculares, específicamente los infartos, que cada año cobran la vida de más de 17 millones de personas, según la Organización Mundial de Salud (OMS), sobre todo en los países de bajos y medianos ingresos.

Hasta ahora las estrategias de prevención de estos padecimientos han estado basadas casi exclusivamente en la reducción de los factores de riesgo, o sea, en el control del colesterol, la presión arterial y los niveles de glucosa en sangre.

Sin embargo, científicos de Suecia y Estados Unidos desarrollaron recientemente una vacuna a base de anticuerpos que, al parecer, disuelve los depósitos de grasa en las arterias para combatir la ateroesclerosis —uno de los principales factores de riesgo de infarto—, la cual podría estar disponible en el mercado en los próximos años.

Según la revista BBC Mundo, el nuevo candidato vacunal fue presentado durante la conferencia Frontiers in CardioVascular Biology (Fronteras en Biología Cardiovascular), organizada por la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) en el Imperial College de Londres.

Tal como explicaron los investigadores, los estudios con ratones demostraron que las inyecciones de anticuerpos evitan la ateroesclerosis, o sea, la acumulación de grasa en las arterias, lo cual origina un estrechamiento y reducción del flujo de oxígeno al corazón y con ello un posible infarto.

La vacuna, que está siendo desarrollada conjuntamente con Prediman Shah, del Instituto de Corazón Cedars-Sinai, en Los Ángeles, Estados Unidos, logró reducir entre 60 y 70 por ciento la acumulación de grasa en las arterias de los animales.

Ya se está implementando la segunda fase de los ensayos clínicos en 20 centros médicos de Estados Unidos y Canadá. Además, se están desarrollando dos versiones del tratamiento usando los mismos materiales, una inyección y un spray nasal.

Al decir del profesor Jan Nilsson, de la Universidad de Lund, líder del estudio, la nueva inyección podría cambiar las estrategias para combatir las enfermedades cardiovasculares, atacando de forma directa sus causas subyacentes. Si se confirman los resultados en humanos —dijo— una vacuna podría estar disponible en los próximos cinco años.

«Las personas que están en riesgo de infarto al miocardio probablemente serán los primeros candidatos para probar este nuevo enfoque inmunológico. Como estos tratamientos son medidas preventivas totalmente diferentes, podrán ser utilizadas junto con las actuales terapias», aseguró.

PXR: Más útil de lo que se creía

Una proteína que se encuentra de forma natural en la sangre podría ofrecer otra solución para combatir las enfermedades

cardiovasculares, incluidos infartos y padecimientos cerebrovasculares, según un nuevo estudio de la Universidad Queen Mary de Londres y la Universidad de Surrey, Inglaterra.

El compuesto, llamado PXR (receptor X de pregnano), al parecer es el encargado de activar un mecanismo que protege a los vasos sanguíneos de la acumulación de sustancias dañinas.

Investigaciones preliminares habían demostrado que la PXR tiene un rol protector en el hígado, o sea, que su función en ese órgano es detectar la presencia de sustancias tóxicas foráneas y activar, como respuesta, un mecanismo que las desecha del organismo. Sin embargo, hasta ahora no se había confirmado que esa proteína podía desempeñar un papel similar en las arterias.

Como parte del estudio, publicado en la revista Cardiovascular Research, los científicos analizaron tejido y células de vasos sanguíneos humanos en cultivos de laboratorio. Para su sorpresa, encontraron la presencia de proteína PXR activas.

De modo que, al igual que en el hígado, estas proteínas pueden detectar una variedad de compuestos, agentes tóxicos foráneos y productos alimenticios dañinos en la sangre, y activar un mecanismo específico para atacarlas.

Los resultados son preliminares y deberán confirmarse en ensayos con animales e investigaciones más amplias, pero los especialistas creen que eventualmente podría diseñarse algún tipo de fármaco que mejore la respuesta de la PXR en el organismo.

¿Corazón contento?

No fumar, hacer ejercicios y controlar la presión arterial, el nivel de glucosa, el colesterol y el peso corporal, así como consumir una dieta sana, son siete reglas de oro para mantener un corazón sano.

Sin embargo, una nueva investigación desarrollada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, la Universidad de Emory y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos —que analizó la conducta de casi 45 000 adultos de ese país—, detectó que muy pocas personas seguían al pie de la letra estos hábitos de vida.

Los investigadores utilizaron datos del Sondeo Nacional de Salud y Nutrición que siguió a 44 959 individuos, de 20 años o más, entre 1988 y 2010. Como promedio, solo el 1,2 por ciento había cumplido con todos los hábitos para un corazón sano.

Los resultados también arrojaron que la prevalencia de tabaquismo se redujo del 28 al 23 por ciento desde 1988, pero no se notaron cambios para lograr niveles deseables de presión arterial, colesterol o índice de masa corporal en los participantes.

Al analizar las tasas de mortalidad, los especialistas detectaron que quienes cumplieron seis o más hábitos mostraron un 51 por ciento menos de posibilidad de morir por cualquier otra causa, con respecto a aquellos que siguieron solo uno o ninguno. Asimismo presentaron un 76 por ciento menos de riesgo por trastornos cardiovasculares y un 70 por ciento menos por cardiopatía isquémica (varios trastornos del corazón).

El músculo por dentro

El corazón es el órgano más importante del aparato circulatorio. De constitución musculosa y cónica, está formado por dos bombas en paralelo que trabajan al unísono para propulsar la sangre hacia todos los órganos del cuerpo.

Aunque el tamaño varía, por lo general es un poco mayor que el del puño de su portador. Está dividido en cuatro cámaras o cavidades: dos superiores, llamadas aurícula derecha (atrio derecho) y aurícula izquierda (atrio izquierdo), y dos inferiores, llamadas ventrículo derecho y ventrículo izquierdo. Las aurículas son cámaras de recepción, que envían la sangre que reciben hacia los ventrículos, los cuales funcionan como cámaras de expulsión.

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