¿Qué vuelta con el acueducto de Vueltas?

La interrogante que titula hoy la sección es un tanto callejera, pero resume la inquietud del lector José Miguel Rodríguez Vázquez y muchos otros habitantes de ese poblado, en el municipio villaclareño de Camajuaní.

José Miguel, quien reside en Serafín Sánchez número 15A, entre Maceo y Juan Bruno Zayas, en Vueltas, está muy disgustado con lo que denomina «el simulacro de acueducto» de ese pueblo, al que también califica como «desastre hidráulico».

«Aquí, precisa el remitente, rompieron las calles sin tener los materiales disponibles para la construcción de ese acueducto. ¿Y qué hicieron? Enterraron unas pocas mangueras, hicieron un tanque grande en una loma, y lo demás ya ustedes lo podrán imaginar: sueltan el agua por esas tuberías rotas y sin terminación. Y convierten los lugares por donde pasan esas mangueras en verdaderos ríos y lagunas».

José Miguel calcula que en el famoso acueducto de Vueltas se pierde más del 70 por ciento del agua bombeada; un verdadero contrasentido cuando se insiste en la necesidad de la racionalidad, el ahorro. El lector manifiesta que tal problema se ha convertido en una constante en las asambleas de rendición de cuentas del Poder Popular, pero lo peor es que las respuestas de las entidades responsables del asunto, asegura, no tienen fundamento alguno e irritan a los electores.

La segunda misiva de hoy la envía Jesús Valdés Rojas, de calle D número 310, entre Séptima y Octava, en el reparto Poey, municipio capitalino de Arroyo Naranjo.

Refiere Jesús que tiene un hijo que padece esa enfermedad incurable que es la sicklemia, por lo cual debe mantener un régimen alimenticio muy superior al de cualquier persona, por la baja hemoglobina que posee y las frecuentes crisis de que es víctima. Desde niño, su hijo tuvo una dieta. Al cumplir 20 años, y trasladarse su atención periódica del hospital William Soler al Instituto Nacional de Hematología, en el Hospital Nacional, le ratificaron el suplemento alimenticio.

El problema surgió cuando fueron a asentar la dieta en la OFICODA: le manifiestan que ya no se otorga, si el paciente no está postrado en cama. El atribulado padre considera que «es una insensatez mayúscula, porque tanta sicklemia tenía con 19 años como la que padece ahora y padecerá en el futuro».

La tercera misiva la envía Rolando Guerra, de calle D número 15, entre Bagot y Primera, Buenos Aires, en la ciudad de Camagüey. Y es para elogiar el esfuerzo que se hizo en la construcción y embellecimiento del futuro mercado estatal agropecuario El Bosque, de su consejo popular.

Rolando significa que «desde el primer momento en que se acometió la tarea que tiene prioridad dentro de nuestra comunidad, he observado a los obreros que laboran en ella: bajo agua, sol y sereno se han esforzado por terminar esta importante instalación».

Me sumo al reconocimiento de Rolando, y hago votos porque la mayor gratitud a esos constructores sea el eficiente funcionamiento de ese mercado, con surtidos y calidades para la satisfacción de los consumidores. ¡Ah!, y que tenga fijador.

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