Carretones de problemas

Entre el asombro y el estupor, narro la historia que me remitiera Damaisy González Pereira, vecina de Fructuoso Rodríguez número 14-A, entre Carretera Central y Línea, en la localidad villaclareña de Santo Domingo. Y aunque siempre intento ser objetivo, no oculto que mi condición humana cabalga solidaria por los recovecos de no pocas historias.

Damaisy cuenta que hace más de tres años instalaron frente a su casa una parada de carretones halados por caballos. Abarca casi la cuadra completa aquella estela de orines y excrementos que desprende insoportables exhalaciones a cualquier hora. Viven encerrados a cal y canto, con lo hermoso que es abrir puertas y ventanas. Y aún así, allá atrás al final de la casa, llegan los vahos de la caballería.

Los vecinos escribieron el 16 de octubre de 2004 a Higiene y Epidemiología municipal, con copias, entre otros, al delegado del CITMA en el territorio y a Atención a la Población del Poder Popular municipal. Constantemente se dirigen a Transporte municipal. «Y todo ha sido en vano», manifiesta.

En agosto pasado, la mamá de Damaisy tenía un pie bastante infectado, y en un rapto de desesperación que quizá pudo haberse ahorrado, la hija retiró el cartel identificativo del «parqueo», que pusieron en el poste frente a su casa, y con él bajo el brazo se dirigió al Gobierno municipal.

«Las respuestas que me dieron —señala Damaisy— fueron las siguientes: Que no conocían la situación porque nadie se había quejado (al parecer Transporte no pasa las quejas al Poder Popular, porque ya se han hecho más de 150). Que iban a mandar ese mismo día a los compañeros de Higiene y Epidemiología para analizar la situación del pie de mi mamá (todavía los estoy esperando). Que el martes 12 de septiembre iban a mi casa a darme respuesta de la solución (no me especificaron de qué año...)».

Damaisy les sugirió que pasaran la parada para el costado del Poder Popular, pues allí no hay viviendas. Y rechazaron esa alternativa.

La afectada habló con el delegado de la circunscripción. Este fue al Gobierno a preguntar por qué no habían contado con él para instalar allí la parada. Pero defendieron el derecho a tomar esa decisión.

A la asamblea de rendición de cuentas de la circunscripción asistieron funcionarios de Transporte municipal, y su respuesta fue que ellos no eran nadie para quitar la parada, pues fue una decisión del Consejo de la Administración Municipal.

Además de la desatención que han sufrido Damaisy y otros vecinos, es evidente que existe una resistencia a reconsiderar una medida que, a todas luces, está afectando a un grupo de seres humanos.

Uno se pregunta si la autoridad de un gobierno local no se basa, sobre todo, en la capacidad que tenga de retroalimentarse y sensibilizarse con los problemas de los ciudadanos. Lo dicen las palabras: Poder Popular, poder del pueblo mediante sus representantes allí. Sí hay que contar con los ciudadanos, que dieron su voto por ese gobierno.

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