El mejor, para qué…

Hoy traigo una carta de Carol Rubio Jiménez, una persona que está sufriendo cierta medida drástica en lo laboral por parte de su centro de trabajo, Foto Yumurí Baracoa, en la provincia de Guantánamo.

Carol, quien reside en Maraví 34, entre Calixto García y Maceo, en Baracoa, señala que en su centro, perteneciente a la cadena Video Cuba, hubo una reducción de plantilla entre los dependientes gastronómicos, y como tal, él fue uno de los que quedaron disponibles.

Inmediatamente, Carol hizo su reclamación por mejor derecho, y por considerar que no hubo transparencia en el proceso, pero en enero de 2007 se vio precisado a hacer otra, ya que le dieron una supuesta ubicación donde se violó lo establecido en la resolución 8 del 2005 para empresas que están en perfeccionamiento empresarial.

Y como el órgano de justicia laboral de su centro declaró sin lugar su reclamación, Carol presentó la misma al Tribunal municipal.

Pero, paradojas al fin, Carol me escribe porque el pasado 29 de enero se celebró el balance anual provincial de la empresa, en el cual él debía participar. Carol, por sus resultados, es el mejor trabajador de su unidad en el 2006, elegido unánimemente en asamblea sindical, a pesar de ser uno de los trabajadores disponibles.

Señala el remitente que el administrador, por decisión propia, y sin consultar con el sindicato del centro y con los trabajadores, decidió llevar otra propuesta.

Y Carol se pregunta si por lo que considere una persona, él debe perder su condición de mejor trabajador de todo un año, debido a que está reclamando sus derechos.

La segunda carta la envía Xiomara Montes, vecina de Lugareño 118, entre Fernando de Zayas y Avenida Central, en la localidad camagüeyana de Florida.

Señala la remitente algo esencial: cuando traen el pollo normado a su carnicería, muchos se quedan con los deseos, pues el mismo no alcanza. Les dicen que vienen congelados, y por eso el peso varía. Les dicen también que el lote no viene completo...

Lo cierto es que tal situación se ha hecho habitual: el pollo no aparece.

«En realidad —manifiesta—, hemos pasado hasta años esperando que nos repongan la cuota de pollo. Y ha vuelto por pescado, por la dieta o en muchas ocasiones hasta liberado a 16 pesos la libra. Y el faltante no aparece, brilla por su ausencia».

Señala Xiomara que la realidad es bien fea, porque da pie a que personas inescrupulosas luego lo revendan por las calles a 25 pesos, y hasta a 30 pesos. «Lo cierto, asegura, es que cuando llega, se podrá imaginar qué colas se hacen el primero y segundo día, ya que, como bien dice el refrán, guerra avisada no mata soldados».

Por otra parte, hoy quiero agradecer a tantos lectores que me han felicitado por haber recibido el Premio Anual de Periodismo Juan Gualberto Gómez, por la obra del año 2006. Ese lauro es de muchas personas, que día a día me obligan a ser más humano y profesional. Entonces, deben sentirse todos artífices de ese reconocimiento, que es un espaldarazo a la democracia socialista.

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