Depende de disponibilidad financiera

Aunque atrasada, llegó la respuesta de Tamara Valido, vicepresidenta del Consejo de la Administración Provincial de La Habana, a la inquietud de Jorge Enrique Bello acerca de la falta de información pública sobre la marcha del programa de sustitución de equipos electrodomésticos, como parte de la Revolución Energética.

Entonces, Enrique preguntaba si continuarán los cambios. Y sostenía que, de demorarse, o haber alguna dificultad, debía aclararse a la población.

Al respecto, señala la vicepresidenta que sí continuará el programa, pero para darle continuidad el país requiere de disponibilidad financiera. Tan solo en esa provincia, precisa, quedan pendientes de sustitución 11 261 aires acondicionados, 13 811 refrigeradores y 61 383 televisores.

En el transcurso de 2009, y de forma gradual, deben irse saldando esas deudas, de acuerdo a la disponibilidad nacional, aclara Tamara; e informa que tales argumentos se le explicaron en visita a su domicilio.

Agradezco el esclarecimiento de la funcionaria, que al menos ha dado una señal, desde una provincia, de la información que debía proporcionarse desde instancias nacionales, acerca de un programa tan importante, que levantó tantas expectativas.

Se le encendió el bombillito...

Ahora que tanto necesitamos un protagonismo popular en el control sobre los gastos energéticos, para evitar los consabidos apagones, resulta muy interesante la sugerencia de Bienvenido Hernández, vecino de calle 33 número 1421, en Nuevo Vedado, municipio capitalino de Plaza de la Revolución.

El remitente propone que se habiliten números de teléfono en cada municipio para que la población pueda avisar a la Empresa Eléctrica, o a otras autoridades, de los locales e instalaciones estatales encendidos innecesariamente. Y extiende esos alertas a los casos en que el alumbrado público está encendido en pleno día.

Peligrosas travesuras

Pedro Arturo Menéndez, quien reside en Cádiz 18-E, entre Castillo y Fernandina, en el Cerro capitalino, alerta de algo que viene observando en los últimos tiempos: niños de la zona en que vive se entretienen en levantar las tapas de las cloacas de la vía pública.

«Ya es algo cotidiano en las tardes verlos haciendo eso en las calles, apunta. Les he llamado la atención y he tratado de explicarles el peligro que constituye, y la respuesta han sido las constantes faltas de respeto.

«No sé si sus padres sabrán lo que ellos están haciendo, pero sí los peligros que ello entraña. He visto en otros casos caer una de esas tapas que tanto pesan, y arrancarles un dedo al que lo está haciendo. Igualmente, otro serio peligro es que si no la ponen después en su lugar, se corre el riesgo de la caída de alguien por la noche...

«He tratado de localizar a algún patrullero de la PNR, pero desgraciadamente no los he podido encontrar en ese momento. Y si por casualidad estos niños ven una patrulla salen corriendo y no pasa nada. Creo que es necesario alertar tanto a la población de la zona, como a los organismos de masas, el Poder Popular y la Policía, de que elevemos la vigilancia en este sentido, antes de que tengamos que lamentar un accidente», manifiesta.

Equipos averiados, pero no la dedicación

A Pablo Fontirroche (Narciso López 658, reparto Ortiz, Ciego de Ávila) se le resintió la «bomba» y estuvo internado en la Sala de Cardiología del Hospital Provincial Antonio Luaces Iraola, de esa ciudad.

Y entre muchos problemas que a diario casi nos infartan, el lector quiere resaltar que allí médicos, técnicos y demás laboran con mucha dedicación y amor, «algo que no está limitado por el bloqueo ni la crisis económica».

Y todo ello lo mantienen, precisa, «a pesar de que tienen carencias, como son varios equipos rotos, entre ellos aires acondicionados, y peor aún, el de realizar los ecocardiogramas, que lleva meses averiado, sin reemplazo».

Por este último equipo, agrega, deben enviar a Santa Clara a los pacientes que requieren de esos estudios, con la consiguiente afectación económica y molestias para ellos y sus familiares. «Mi reconocimiento y agradecimiento», suscribe finalmente Fontirroche.

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