Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Acento en el descuido

Malby González Valdés (San Rafael 406, apto. 302, entre Manrique y Campanario, Centro Habana, La Habana) solicitó una certificación de nacimiento suya en el Registro Civil de Centro Habana. Y a los tres días —¡qué bien!— ya estaba. Con ella se hizo el nuevo carné de identidad y otros documentos.

Vuelve Malby a solicitar otra copia de la inscripción de nacimiento de ella, y las de su mamá y hermano. Pero la suya, esta vez demora una semana. Y cuando la recoge, se percata de que le han puesto las tildes (acentos) en los apellidos, como no se hizo en la anterior.

Dudosa, pregunta a la empleada que llena las certificaciones. Esta la busca en el libro. Y resulta que la primera es la que estaba mal hecha, pues no le habían puesto los acentos. Pero le asegura que eso no es problema, pues las tildes no son importantes.

La certificación de su mamá, por estar inscrita en El Vedado, demoraba 20 días. Pasadas tres semanas y media, fue a recogerla, y le dieron otra información: había que esperar 30 días (en cada trámite, Malby ha tenido que dejar de trabajar por lo menos dos horas). Transcurridos los 30 días, va personalmente su mamá a recoger el documento. Y, una vez más, quien confeccionó la certificación, la hizo mal. Tuvieron que volver a llenársela.

«Ya no era solo ortografía, sino caligrafía, señala. Da pena leerla. No se entiende nada, una letra pésima. Son documentos legales muy importantes, deben ser legibles».

Para la certificación del hermano, Malby tuvo que ir a 29 y 36, en Playa. A la semana, fue a recogerla. Estuvo haciendo cola cuatro horas. Y cuando le tocó el turno, no aparecía. Al fin, la encontraron… pero tenía errores: el nombre de la madre estaba mal escrito y de nuevo la duda con las tildes. La empleada le explicó que había que subsanar.

El problema se agrava con la de su hermano, que no vive en Cuba. Para poder subsanar el error en su inscripción, el deberá hacer un poder, y mandarlo para que se pueda rectificar.

Malby está molesta por el fardo que cargan los ciudadanos como consecuencia de la ligereza y chapucería de esas personas, al confeccionar documentos legales. Y se cuestiona la negligencia de quienes promueven y contratan a seres descuidados en algo tan serio como es inscribir a un ciudadano.

Sugerencia y preocupación

Santiago Pérez (Calle 20 No. 311, entre 19 y 21, Plaza, La Habana) escribe con una sugerencia vial y una preocupación de índole cultural.

El remitente acompaña su carta con una foto de la hermosa ciudad de Lucerna, en Suiza. La misma revela cómo, en un país altamente desarrollado, se construyen aceras de asfalto, sin necesidad de utilizar el hormigón. Santiago sugiere que, con tantos problemas que tienen las aceras en Cuba, de roturas y huecos, sería mucho más económico y factible asumir esa modalidad.

La preocupación del lector es que no encuentra, al menos en la capital, un sitio donde se vendan mapamundis y otros mapas de continentes, regiones y países; algo tan necesario para que las personas puedan conocer actualizadamente la ubicación de naciones, continentes, regiones, ciudades, mares, ríos y otros datos geográficos.

El bien es salud mental

Wilfredo Alonso (Avenida 11 No. 1801, Guara, Melena del Sur, Mayabeque) lo identifica solo como el doctor Armando, máster en Bioenergética y director del Centro Comunitario de Salud Mental de Güines.

Y lo describe así:

«Un médico que, cuando usted lo tiene al frente y le entrevista para saber cuál es su dolencia, al terminar no hacen falta ultrasonidos, Rayos X ni demás exámenes. Ya con el amor, seriedad, respeto y conocimiento con que hace su entrevista, puede valorar al enfermo y hacer su diagnóstico.

«El paciente sale de la consulta con una dosis de no sé cuántos medicamentos acabados de tomar, sin haber recibido el tratamiento.

«Hace poco lo visité con mi mamá de 79 años, con problemas de la cervical. Y ha mejorado grandemente. Debo seguir visitándolo. No es solamente su entrega, amor y paciencia, sino el colectivo que ha creado a su alrededor: desde el personal de la recepción, hasta enfermeras y enfermeros que son dignos de reconocer por el bien que hacen».

 

 

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