¿Qué sucede con los condones?

Comienza un nuevo año, y deseo felicitar a nuestros lectores por la perseverancia y la entereza con que batallan por un país mejor y más justo desde este rincón, con sus críticas, denuncias, elogios y sugerencias.

Me escribe Emily Jiménez, desde Martí No. 159, entre Toscano y San Pedro, en Santa Clara, para contar que hace más de un año en las farmacias de esa ciudad desaparecieron los condones que se vendían a 15 centavos. Y desde noviembre de 2012 los preservativos de a peso se agotaron. Cuando Emily me escribió, el 17 de diciembre, los que quedaban en algunas farmacias o cafeterías tenían fecha de vencimiento diciembre de 2012, y presentaban problemas de calidad.

Es realmente grave —señala— y no sé cuál es la causa, pero es muy importante que se le dé solución. Está de más decir todo lo que conlleva la falta de ese medio de protección.

También escribe Julio César Domínguez, desde Calle 9 No. 18 entre 10 y 12, Ciudad Jardín, en Holguín, para señalar que es preocupante la situación de desabastecimiento de condones en las farmacias de esa capital provincial.

«Están perdidos —apunta—, ayer hice un recorrido por varias farmacias esperando tener suerte, y me dijeron que solo hay en dos, y ninguna es céntrica. Creo que la lucha que existe actualmente contra las enfermedades de transmisión sexual es inútil si no hay posibilidad de conseguir los preservativos».

La chapucería cuesta

La ciudadela de Bellavista No. 758, entre Vía Blanca y Santa Lutgarda, en el municipio capitalino de Cerro, supuestamente fue rehabilitada. Pero realmente es un gran monumento a la chapucería y la indisciplina inversionista.

La denuncia la hacen Carmen Fernández y Evelio González, residentes en la misma, quienes aseguran haberle señalado los desperfectos al jefe de la brigada de la Micro Social del Cerro que ejecutó tantos disparates.

El director de la Micro Social del Cerro también conoce el problema, al igual que la inversionista de la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda, y el director del contingente sito en Santa Catalina y Los Ocujes.

Entre los defectos dejados en la vivienda de Carmen y Evelio, está el que el marco de la puerta de la calle no fue bien fijado a la pared, por lo cual se desprendió. Además, al hacer el hueco para colocar la cerradura, rompieron parte de la puerta.

Al levantar la pared de la cocina no la unieron como debe ser con la pared de la sala, y ya muestra una abertura-rajadura. El repello interior se está agrietando y cayendo a pedazos. Una de las ventanas del cuarto no cierra bien, pues tropieza con el repello exterior. Al matajuntas que une la pared con el marco de la puerta del cuarto le dosificaron mal la cantidad de cemento.

Las vigas que sujetan las tejas del techo de la cocina fueron puestas arriba de tablas colocadas sobre la pared, por lo que la mezcla que deben colocar entre cada viga para tapar el hueco, deben ponerla sobre dichas tablas. Y bien se sabe que el cemento no pega en la madera.

Las vigas que deben sujetar las tejas no están bien colocadas. A las tejas de fibrocemento colocadas en el techo las montaron sobre tablas y las clavaron con puntillas en la canal, y cuando llueve se filtra el agua.

Para colmo, colocaron las grampas que aseguran las tejas a las vigas, y les hicieron otros huecos, por lo que ahora son tejas ahuecadas de fibrocemento.

Colocaron las tejas que sirven de techo del baño despegadas de la pared, alegando que el alero del techo de la vivienda cae sobre este, y no es necesario pegar aquellas, por lo cual entre las mismas y la pared hay una separación de 25 centímetros.

La instalación hidráulica de la cocina se hizo nueva, conectada a un tramo de dos metros viejo y oxidado. Al reclamar, les dijeron que no tenían tubo para cambiarla completa. Carmen y Evelio sugirieron que lo comprarían si fuera necesario. Y les respondieron que el tubo estaba en buen estado, cuando sabían que no era así.

«Si a todos los jefes de brigada les cobraran el material usado en obras mal hechas —apuntan—, estamos seguros de que las mismas quedarían excelentes y no se desperdiciaría tanto material y tiempo para reparar lo mal hecho. El trabajo realizado es inadmisible, por lo cual no firmaremos ningún documento que dé la obra por terminada», concluyen.

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