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La ley del latrocinio para doblegar a un pueblo

La Ley Helms-Burton, de cuya puesta en vigor se cumplen 30 años este 12 de marzo, aportó un instrumento de coerción más brutal al bloqueo contra Cuba, la extraterritorialidad

Autor:

Juana Carrasco Martín

La llamaron oficialmente Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana de 1996. Cuba la conoce como la Ley Helms-Burton y, sobre todo, porque esta endureció el bloqueo estadounidense contra el pueblo, agenciándose un apoyo internacional que llevara más rápidamente a la rendición total de la Mayor de las Antillas.

Ahora, la Casa Blanca ha considerado que Cuba está camino a una catástrofe sin paralelo: sin transporte, corriente eléctrica, caída de toda producción industrial y agrícola, las comunicaciones, los sistemas de salud y educacional… en fin, la total debacle socio-económica. En Estados Unidos nos dan apenas un mes de vida… Afirman que en este 2026 darán el tiro de gracia.

Por eso importa mucho más recordar los elementos de esa ley que continuó y reforzó el bloqueo que fue firmado oficialmente por el presidente John F. Kennedy como Orden Ejecutiva 3447 el 3 de febrero de 1962, y más ahora cuáles son las implicaciones de su extremo rigor, cuando alguien ha dicho que «la caída de Cuba es la cereza del pastel» y el imperio aprieta más el dogal con el cierre total de los suministros de hidrocarburos, elemento vital para satisfacer las necesidades humanas más perentorias, y cuya ausencia implica la paralización de cualquier país.

La Helms-Burton, cuyo nombre se debe a los legisladores Jesse Helms, senador por Carolina del Norte, y el representante por Indiana, Dan Burton, quienes la propusieron a sus colegas del 104to. Congreso de Estados Unidos, aportó un instrumento de coerción más brutal, la extraterritorialidad, al aplicar el bloqueo a empresas extranjeras que comerciaban con Cuba y sancionó a empresas extranjeras que supuestamente «traficaban» con propiedades que anteriormente pertenecían a ciudadanos estadounidenses y fueron nacionalizadas tras el triunfo de la Revolución; y para completar la intención del retorno al saqueo y la expoliación, también incluyeron a cubanos que partieron junto a los represores y malversadores del batistato, que se convirtieron en ciudadanos estadounidenses.

Este jueves 12 de marzo se cumplen 30 años de puesta en vigor por el presidente Bill Clinton, aunque su texto había sido publicado desde el 3 de marzo, bajo el pretexto de que Cuba había derribado días antes aviones del grupo contrarrevolucionario terrorista Hermanos al Rescate, que operaban bajo la sombrilla de ayuda a las personas que navegaban, de manera irregular, por el estrecho de la Florida, desde Cuba hacia Estados Unidos.

Aunque la ley de la extraterritorialidad, como también se le conoce, fue firmada por un Presidente demócrata, fueron los legisladores republicanos quienes la presentaron e impulsaron, pues ese partido más conservador había tomado el control del Senado y la Cámara de Representantes en 1994 y estaban aliados fuertemente con los grupos anticubanos de la Florida.

De la Helms-Burton se debe destacar que puso en juego su Título III, criticado desde un principio por los principales socios de Estados Unidos, especialmente los europeos, porque de hecho constituye una injerencia en las relaciones económicas.

Durante muchos años no se aplicó, e incluso sobre su intención de presionar y lograr que los inversores extranjeros que operaban en Cuba se retiraran o no llegaran nuevos capitales para el desarrollo de la isla antillana, en 1997 se logró un acuerdo de entendimiento entre la Unión Europea y Estados Unidos, de que no serían sancionadas las compañías europeas inversionistas en Cuba. Sin embargo, no cesaron las presiones y en 1998, mediante otro entendimiento, la Unión Europea inhibió «voluntariamente» las inversiones en Cuba en las que EE. UU. consideraba «propiedades confiscadas».

Tales protecciones resultaron inútiles cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca y permitió demandas en las cortes de Estados Unidos contra las empresas cubanas en una lista unilateral por supuestos vínculos con las Fuerzas Armadas y la seguridad nacional de Cuba, lo que constituyó un chantaje al mundo e implantó totalmente el Título III con el propósito de destruir a la Revolución Cubana.

Las más de 200 medidas implantadas entonces, fueron prácticamente seguidas al pie de la letra por el demócrata Joseph Biden y apenas a una semana de entregar el batón presidencial nuevamente a Trump, levantó esa pena, la que de inmediato el republicano volvió a resucitar.

Asía estamos ahora, bajo un asedio sin precedentes, intentando Washington cumplir lo que considera una de sus tareas principales para este 2026, poner en bandeja de oro como homenaje al 250 aniversario de la fundación de EE. UU. el total control sobre el continente que considera suyo por mandato divino, lo que no han logrado en 67 años de una Cuba libre y soberana.

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