Vuelo y duelo

Uno puede imaginarse el dolor y el desconcierto. A muchos kilómetros de distancia, en tierra ecuatoriana, el santiaguero Armando Barea Gamboa (calle Capitán Cuevas No. 507, entre 20 y 22, reparto Dessy, Santiago de Cuba), recibió la noticia de la muerte de su madre. Era 30 de abril. Medianoche.

«El 1ro. de mayo me dirigí al aeropuerto de Quito, donde las funcionarias de la línea TAME fueron muy amables y me ayudaron a retornar a La Habana cobrándome solo la “penalización” por efectuar el vuelo fuera de fecha, lo que consistió en 84 dólares», narra el remitente.

Al llegar a La Habana, Armando intentó continuar viaje de inmediato para el oriente del país. En la Terminal 1 del Aeropuerto José Martí «estaba chequeando el vuelo para Holguín, que era el que debía tomar; no hubo forma de conseguir un asiento con el representante de Cubana, ni con la lista de espera…», relata.

Y añade: «Más tarde alguien me hizo una gestión para un vuelo de Gaviota a Santiago de Cuba. No traía conmigo el carné de identidad, solo el pasaporte cubano, pues este no era un viaje planificado. Tuve que pagar 120 CUC para poder viajar y llegar a tiempo al sepelio de mi madre. ¿Es acaso el pasaporte un símbolo de “tener divisa”? ¿No es el pasaporte cubano un documento de identificación?».

Aclara el lector que su estancia en Ecuador había sido solo de diez días, en visita de amistad, y no contaba con capital en abundancia. Con el mencionado pago lo que se le generaron fue deudas, otro pesar sobre la pena que lo embargaba.

«Agradezco a los compañeros de la Aduana en la Terminal 3, que gentilmente agilizaron mi despacho teniendo en cuenta la situación por la que viajaba; fue de hecho el único lugar donde me sentí bien tratado después de Quito», reconoce.

Y cierra su misiva lamentando que en su propio terruño, donde más solidaridad y calor humano se suponía que encontrara, haya tenido que atravesar por las amarguras descritas. Ojalá no se repita con otros que pueden verse en situaciones similares, desea Armando.

Poco habría que añadir. Solo que tras misivas como esta uno llega a sospechar que, junto a las grietas provocadas por fracturas económicas hay otras más difíciles de cicatrizar. Este, definitivamente, no debe ser el camino. En un caso como el descrito, ¿no pudo haberse buscado otra solución?

Dunas de amabilidad

Un sentir muy distinto porta la carta de Brian León Chou (calle 93, No. 4412, entre 44 y 46, Lotería, Cotorro, La Habana). Cuenta Brian que el pasado 21 de marzo se hospedó en el hotel Meliá Las Dunas, en Cayo Santa María, para festejar su luna de miel. Realmente el trato que recibió fue eso: un festejo de la cordialidad.

«Por eso me encantaría felicitar a todo el colectivo de trabajo del hotel, desde la señora que me vendió la reservación, en el buró de la tienda de Trasval, los guías de viaje, jardineros, maleteros, camareras, animadores, salvavidas; pero en especial al colectivo del lobby bar y al del Beer Garden, con quienes polemicé hasta de béisbol», evoca el habanero.

Si tuviera que resumir la experiencia, diría: Excelencia, apunta sin regateos Brian, quien sabe que en todo centro que se brinde un servicio debe primar la calidad, pero no siempre sucede así. Por ello, con más razón, hay que elogiar el brillo.

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