Otras cosas a subsanar…

Ana Celia Núñez Hernández (calle 36 A No. 9726, entre 97 y 99, reparto Las Delicias, Cotorro, La Habana) bien sabe lo que cuesta un trámite en disgustos, maltratos y arbitrariedades, desde que hace un año comenzó las gestiones para una adjudicación de bienes.

Lo primero que tuvo que encarar fue la subsanación de errores en las inscripciones de nacimiento. Y ya resuelto ese obstáculo, pudo hacer el contrato en octubre de 2016 en el Bufete Colectivo de su municipio.

Como primer paso, la abogada del Bufete solicitó a la Notaría un documento para la realización de un trámite. Al fin, después de tres meses, la abogada le entregó el documento. Y en febrero de 2017 Ana Celia comenzó a intentar continuar los trámites en la Notaría.

«Fueron incontables las veces en que hice el intento a todas horas de la madrugada para obtener un turno, revela. Después del turno no. 9 es casi imposible poder entrar; una de las veces estuve todo el día y toda la noche, logré coger el turno noveno y ni así pude ser atendida, hasta que lo logré marcando a la una de la madrugada».

Cuando Ana Celia pensó que había pasado lo peor, la Notaría le informó que el documento tenía un error cometido en el Bufete. Y en el Bufete le informan que el error era de Notaría. El error, que sí no lo había cometido ella, le costó 55 pesos extra.

Además, la Notaría le orientó un trámite que debía hacerse en el Banco. Ana Celia se trasladó con su mamá, una anciana, para la firma. Y en el Banco le dijeron que ese trámite debía haberse hecho en la Notaría.

«¿Los organismos implicados en gestiones que tienen que ver con un asunto determinado, no deben hablar el mismo idioma?», cuestiona con razón Ana Celia. Y concluye resignada a esperar que de nuevo se subsane el documento iniciado en octubre, y volver a comenzar a hacer la cola para el turno de la Notaría.

Lo que debía subsanarse, con medidas verdaderamente ejemplarizantes, y con nombres y apellidos, son la irresponsabilidad, el desorden y el irrespeto con que puede ser tratado impunemente un ciudadano cuando requiere poner en orden sus papeles para estar con la Ley. Es mucho con demasiado.

¿Hasta cuándo no responden?

Yadira Socarrás Baños (calle 19 de noviembre No. 7-A, reparto El Progreso, Amancio, Las Tunas) cuenta que el pasado 13 de febrero se personó en el Registro Civil de su municipio, a solicitar una inscripción de nacimiento y un certificado de soltería, a nombre de Ramón Glicerio Lago Sánchez.

La solicitante les facilitó el tomo y folio correspondientes, para agilizar la búsqueda de los datos y, por ende, la confección de los documentos, los cuales eran imprescindibles para efectuar un matrimonio.

La funcionaria que le atendió le dijo que tenían 20 días hábiles para entregárselos, puesto que la persona radica en la provincia de Camagüey. Pasados esos 20 días y algunos más, Yadira retornó y le informaron que «el Registro Civil de Camagüey no ha respondido». Debía esperar 20 días más.

Tal situación implicó que se suspendiera el matrimonio ya programado con antelación. Incluso, las personas que servirían de testigos de la ceremonia habían viajado desde el exterior. Y el acto no pudo celebrarse.

El 28 de marzo, Yadira volvió a comunicarse telefónicamente con el Registro Civil de Amancio. Y allí, una persona que se identificó como el supervisor, se alarmó con la historia contada por ella y le ratificó que los volverían a solicitar, ya que «el Registro Civil de Camagüey no ha respondido».

Han transcurrido más de tres meses de la primera solicitud, y Yadira no ha logrado otra respuesta que no sea que regrese en 20 días, una y otra vez.

Ella pregunta: «¿Hasta cuándo tendremos que soportar la incompetencia de tantos funcionarios que, en lugar de brindar un servicio de excelencia a la población, se tornan burocráticos y expertos en desinformar a quienes necesitan sus servicios?

«¿Será que los controles no son suficientes para reclamar de una instancia a otra oportunamente y respetar los términos establecidos? ¿O es que se engavetan esas solicitudes, y al cabo de un largo término ni siquiera sabemos si tenemos o no los documentos impresos? ¿Será que debemos esperar por un funcionario que se sienta 30 o 40 minutos frente a una máquina, para al fin responder que “el Registro Civil de Camagüey no ha respondido, y haya que esperar otra vez 20 días más?”».

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