Carlos Hernández León Autor: Cortesía del entrevistado Publicado: 16/03/2026 | 10:37 am
Aquel ómnibus Girón, tan anacrónico y común, atravesaba una carretera zigzagueante rumbo a San Miguel de Baños, un pequeño pueblo en la Matanzas interior. Carlos Daniel Hernández León y Boris Luis Alonso Pérez se dirigían a la casa de este último. Tal vez el viaje —la tambaleante guagua, los constantes agujeros en el asfalto, el vapor asfixiante, el tufo a gasolina— los condujera a reflexionar sobre lo caricaturesco que puede llegar a ser cualquier historia en esta Isla. Quizás por ello decidieron crear la suya.
«Conversábamos sobre el spokon, los animes japoneses sobre deporte. Queríamos hacer algo así en Cuba. Por supuesto, el primer el tema a tratar sería el béisbol», comentó Carlos Daniel meses después. La primera idea era hacer una historieta. Una animación sobre pelota resultaba muy complicada, demasiados personajes a los cuales dar vida. Ese presagio, al final, se volvería cierto.
Salió el primer número. No lo hicieron por encargo. Ninguna editorial les había puesto una deadline, nadie hacía filas en espera del lanzamiento. Eran solo dos amigos con un exceso de embullo.
«Por esos días debía reunirme con funcionarios de los Estudios de Animación del Icaic. Me preguntaron si tenía algún proyecto y ellos lo financiaban. Les enseñé el comic. Mi pidieron presentar una carpeta con el guion, el diseño de personajes y el storyborad. Luego nos dieron luz verde con el presupuesto y empezamos».
Así, de a poco, entre apagones de 18 horas y la presión acompañante a cualquier proceso creativo de tal magnitud, con un marcapasos con menos del 20 por ciento de carga, con varias vidas puesta en pausa, comenzó a dibujarse un Doble Play.
Guion
«Jugué en la categoría de nueve-diez años, pero nunca fui bueno. Tenía bastante fuerza al bate, aunque era poco consistente y no destacaba en el fildeo. Llegué a una competencia provincial y en todos los juegos me ponché dos o tres veces. Decepcionado, me dije que lo mío es con un lápiz en la mano, no con un bate», confiesa.
Carlos se encuentra sentado delante de mí con cierta pose aristocrática: una pierna encima de la otra y las manos cruzadas apoyadas sobre los muslos. Esta entrevista constituye la tercera o cuarta vez fuera de su casa después del remplazo de su marcapasos. A su lado, su novia Yaimary, quien trabajó en la confección de los fondos y los efectos visuales, lo observa con detenimiento.

Foto: Cortesía del entrevistado
«La idea original me pertenece, pero el guion lo escribió Boris Luis. Tal vez lo valioso de este proyecto a nivel conceptual es que existe otro animado sobre el béisbol en Cuba, pero tiene un carácter educativo. De ficción, como tal, el nuestro sería el primero. El Icaic ha desarrollado una veta más humorística, digamos».
Mientras me adelanta algunos detalles de su primer mediometraje, calculo que cualquier película posee dos historias dentro de sí, la que cuenta y el relato de cómo se hizo. Este texto persigue contar ambas.
Diseño de personajes y storyboard
«El padre de César, el protagonista, viene a ser una gloria deportiva olvidada, y por ello se tira al alcohol», me describe parte de la galería de personas.
Carlos viste como un dandy de los 60 —John Travolta rompe la pista de una discoteca en Jovellanos—: camisa apretada con los dos botones de arriba desabrochados que dejan al descubierto un collar con un dije de colmillo de tiburón. Unos cuantos centímetros a la izquierda de este se nota una cicatriz, abierta y vuelta a cerrar unas cuantas veces en una década.
«Hay un personaje basado en Ariel Sánchez con su número, el 23, y sus mismas mañas antes de batear».

Foto: Cortesía del entrevistado
Cuando adolescente le diagnosticaron una condición cardiaca y debieron colocarle un marcapasos. Él, aunque con restricciones, no se limitó. Es un joven de 26 años que practica cardio y deportes, sobre todo patinaje callejero. Camina, gesticula, reacciona en 24 fotogramas por segundo. Desborda energía cinética.
Nadie lo imaginaría encerrado en una casa durante seis meses, con el ritmo vital en un mínimo, en espera de la aparición de un marcapasos. Incluso así, con la energía mermada, nunca detuvo su labor en el filme. Así de fuertes golpean los legados.
«El pitcher antagonista está basado en un amigo del pueblo de Boris, San Miguel, que llegó a las Grandes Ligas».
En ningún punto Carlos me habla sobre el protagonista. Tampoco hace falta. Es él, un muchacho de un municipio de Matanzas perseguidor de la grandeza y el vítor. El storyboard o guion gráfico constituye una secuencia de ilustraciones utilizadas para previsualizar el producto final. Tal vez en otro storyboard de su vida donde no cambiara el bate por el lápiz, ahora sería César y acabara de ganar la Serie Nacional con el equipo de Matanzas.
Grabación de voces y animatic
Para darles voz a los personajes recurrieron a actores matanceros, de Teatro Las Estaciones y El Portazo. Igual sucedió con la banda sonora. Echaron mano a matanceros, tanto para la música incidental como la canción compuesta para el mediometraje.
Entre lo más interesante del proyecto quizás se encuentre el uso de talento local: «Hay provincias en Cuba con su propio estudio de animación afiliados al Icaic, como Villa Clara y Holguín. Aquí no había. Entonces, en el Instituto me prometieron que si buscaba personal podía crear el mío propio. Así surgió Burene Producciones», dice, mientras con la mano derecha se frota la cicatriz.
«El burén es una herramienta que utilizaban los aborígenes para hacer el casabe, pero yo lo nombro así por un arroyo de Jovellanos», explica, ante mi expresión de desconocimiento del término.
Así, entre cuestiones organizativas y financieras, antesala de lo creativo, armó el animatic de Doble Play; es decir, el storyboard en movimiento. Puso X en los planos de las islas del futuro. Sabía cómo llegar a su destino, la realización de una biografía en trazos, una aventura en el noveno inning; además tenía con qué, la mano de obra, su estudio cinematográfico en ciernes… Solo faltaba el primer lanzamiento.
Layout, animación de personajes y efectos especiales
El pícher levanta las piernas de líneas descontinuas: demasiado boceto, poca carne. Cuando lleva el brazo hacia atrás para coger impulso se completan los trazos. Ahora es una figura con sus borden bien definidos. Al soltar la pelota, la mano agarra contorno; aún sigue bidimensional, pero ahora presenta volumen y claroscuros. Cuando la pelota atraviesa el aire parece real. Puede golpearte en medio de los ojos si no te apartas de la pantalla.
El juego o layout están en marcha; es decir, ha empezado la fase en que la secuencia de viñetas deja de ser en 2D para convertirse en un entorno tridimensional, como tú y yo. «Ha sido complejo, cansón. Noches largas sin dormir. La vida se ha pausado para terminar la película», explica Yaimarys al preguntarle por el proceso.
Mientras animan a los protagonistas, antagonistas y actores de reparto de Doble Play —el padre alcohólico, el pitcher rival, César— estos viven sus conflictos enmarcados en el guion. Su dios (con barba, cabeza rapada y unos pantalones de aerobics de apellido Alonso) les ha asignado un número finito de conflictos e incluso una manera de solucionarlos.
Sin embargo, a los personajes de este lado de la realidad, Carlos y el resto de su equipo, no les programaron una cantidad determinada de problemas. Nadie con un manotazo puso sobre su pecho un papel donde se registraban todas las dificultades que debían afrontar y cuándo sucederían.

Foto: Cortesía del entrevistado
«Debo cazar el apagón. Me levanto en las madrugadas a trabajar cuando viene la luz, y ella conmigo. Luego aprovechamos la carga a las laptops. Ha sido un aprendizaje. He existido para la película. Para la próxima debemos cambiar varias cosas, para que la vida no se nos pare», mueve la cabeza con pesar y el diente de tiburón realiza un semicírculo por su pecho.
Los efectos especiales dentro de la animación resultan todos aquellos pequeños detalles que rodean a los caracteres: la abanicada estela posterior a un swing, una espiral de hojarasca, el césped aplastado después de un fildeo cuando el pelotero rueda por el suelo…
En la Cuba actual poseemos unos cuantos de esos elementos circundantes que definen nuestro contexto: la mano impaciente de una señora en una cola interminable, el apagado repentino de las luces interiores de un refrigerador, la aparición en la pantalla del móvil del mensaje: su saldo resulta insuficiente para la operación.
Clean up, color y sombras
Carlitos está pensativo. Levanta una mano de su muslo y con ella se acaricia la barbilla. Trata de hacer un clean up de sus pensamientos. Los animadores llaman así al momento de limpiar los planos; quitarles todo lo sobrante.
Le acabo de preguntar cuáles constituyen sus principales referentes. Para alguien como él, que tanto tiempo y estudio le ha dedicado a su arte y tantos muñequitos ha consumido como niño sobrexcitado, resulta en extremo complejo responder.
«La parte visual viene del spokon japonés, series como Diamond no ace y Mayor» —toma una pausa—. En los colores vibrantes y vivos me ha influenciado mucho el Capitán Plin de Jorge Oliver. Con respecto a los movimientos, nos percatamos hace poco del parecido a la serie de Batman de los años 90, lentos, pero con cierta dinámica».
Al principio de la entrevista comentó acerca del reto de poner en acción a tantos personajes dentro de un juego de béisbol. Más atrás en el tiempo también contó que en aquella Girón caricaturesca, cuando se decantaron por una historia deportiva, enseguida pensaron en el béisbol. ¿Por qué arriesgarse entonces?
«En Cuba, el fútbol ha canibalizado a la pelota —otra vez la mano en la barbilla—. El primero es más dinámico y pide menos recursos. Los niños pueden jugarlo con una pelota y par de palos, no como el otro que lleva guantes, pelota, bate… No creo que tenga buena “salud” en estos momentos en el país», responde.
Más allá de las sombras y la falta de brillo, como si fuera una escena aún sin colorear, Carlos todavía mantiene la fe en el rescate de nuestro deporte nacional. Tal vez, el esfuerzo extra puesto en Doble Play provenga de esa idea. Cree en el poder de su obra. Intenta terminar una película y comenzar un milagro.
Pintura de fondos, composición y montaje
El mediometraje en estos momentos se haya en etapa de posproducción. En los meses venideros se estrenará. Ha sido un camino accidentado, como aquel de la Matanzas interior en el cual comenzó todo. Concluyen ya los últimos detalles. Montan los diferentes componentes: la narrativa, los apagones, las físicas del organismo, la inflación en los precios de la cotidianidad, el color, la obsolescencia tecnológica, los efectos especiales, los marcapasos en fuga, los fondos, los contextos…
A Carlos se le nota el cansancio. Lleva los ojos bajos, los hombros encogidos, la voz en semitono. Sin embargo, también muestra una extraña paz, una satisfacción profunda, una inercia en reposo.
«La historia en sí es autoconclusiva, pero queremos seguirla. César pasará por la liga provincial, la serie nacional y luego, como colofón, el Clásico Mundial. Sin embargo, después de Doble Play tenemos un guion sobre boxeo, Contra las cuerdas, que ahora revisa el Icaic. También queremos adaptar una leyenda india matancera», explica.
Se levanta de la butaca. No quiere demorarse demasiado, porque debe volver al trabajo. «Imagínate que mañana es mi cumpleaños y no puedo festejar nada», resopla. «Entonces, al final, ¿cómo se hace un doble play?», le pregunto antes de salir.
«Haces el guion, el diseño de personajes, el storyboard, la grabación de voces, el animatic, el layout, la animación de personajes y de los efectos especiales. Luego realizas el clean up, das el color y las sombras. Por último, pintas los fondos, compones y montas. Así de fácil».
