Restos que no están - Acuse de recibo

Restos que no están

Era 14 de mayo de 2017, Día de las Madres, y Luis Eloy Reytor Figueredo se dirigió a la Necrópolis de Manzanillo, en Granma, para llevar flores a la suya una tía paterna que se consagró a criarlo y educarlo, fallecida en junio de 2016.

Como el panteón familiar presentaba deslizamiento del terreno al momento de la muerte, el cuerpo se había colocado en la gaveta estatal No. 249, del bloque de bóvedas de fallecidos del mismo año, cuya exhumación estaba prevista para 2018, recuerda el granmense.

Pero ese primer Día de las Madres sin ella, cuando llegó al camposanto, algo raro le sucedió a Luis Eloy: no encontraba el sitio. «Supuse una equivocación de mi parte evoca, por lo que decidí volver en compañía de mi esposa para reanudar la búsqueda, sin éxito alguno. Ambos comprobamos que el lugar donde debía estar mi madre, contenía otro rótulo indicando que allí había otro fallecido, con fecha 12 de abril de 2017.

«Nos dirigimos inmediatamente hacia la oficina de la administración de la Necrópolis, donde fuimos atendidos por la técnica de gestión documental, Mercedes (…) y el mensajero de dicha entidad, nombrado Pastor. (…) Trataron de explicarnos con imprecisiones que no nos convencieron, alegando que mi madre fallecida no aparecía en la gaveta original No. 249, sino en la No. 246, junto con otra persona, hecho inconcebible si tenemos en cuenta las dimensiones de la gaveta, que lo impiden. Por otro lado, en los registros internos no existía ninguna orden de exhumación, ya que la misma no había cumplido siquiera un año de haber sido inhumada. Después de una búsqueda que duró cuatro horas, nos comunicaron que el único que podía dar respuesta a este problema era el administrador, el cual se encontraba de certificado médico. Nuevamente, en la oficina, Mercedes llamó al subdirector de la entidad: Alexis, quien acordó reunirse con nosotros el día 26 de mayo en el propio cementerio para analizar el caso».

Pero llegado el día y la hora acordada, Alexis no asistió al encuentro, precisa el remitente, alegando estar ocupado en otras funciones. Finalmente localizado e informado del hecho, intentó esclarecer la situación mediante una búsqueda infructuosa junto a los trabajadores de la Necrópolis. Después, comunicó a los familiares que «él mismo había efectuado la denuncia en la policía, implicando al administrador, a la técnica de gestión documental y a dos sepultureros».

El 26 de mayo, se presentó en casa del afectado, a las cinco de la tarde, el administrador del cementerio, Rafael Aquiles, y les expresó que se acababa de enterar de lo ocurrido. Al preguntarle la familia si había alertado al Director Municipal de Comunales, les respondió que este no tenía por qué saberlo, narra el lector. A la postre fue la familia quien informó a las autoridades de Comunales sobre la desaparición.

A partir de ese momento, se desató una larga e infructuosa serie de trámites, citas, llamadas, que el granmense pormenoriza en su misiva. Entre ellas la denuncia en Fiscalía municipal el 30 de mayo. Ese día le toman declaración a Luis Eloy «y me citan para dos días después para conocer quién asumiría el caso». El 1ro. de junio, «la fiscal Mercedes informalmente (en la calle), me dice que el caso está en la policía». Y cuatro días más tarde, en la propia Fiscalía municipal, le expresan al doliente que «la fiscal que me atendió la primera vez no me orientó correctamente. La queja no tenía efecto de mi parte y debía formularla la Dirección Municipal de Comunales».

Siguieron las gestiones, de una entidad a otra, pasando por la Asamblea Municipal del Poder Popular y la orientación vía telefónica de la Fiscalía General de la República; así hasta volver a presentarse en la instancia de ese órgano a nivel municipal, el día 30 de junio, para declarar lo ya declarado en otros lugares y contextos.

El 11 de julio, la fiscal Milagros «nos da respuesta verbal e informalmente, de lo realizado por ella hasta el momento. (…) y concluye que el caso irá a los tribunales», rememora el afectado, cuya carta está fechada el pasado 21 de agosto.

Y se pregunta, inconforme, ¿por qué las incongruencias descritas en todo el proceso?, ¿cuándo podrá depositar nuevamente los restos de su madre en un lugar seguro para que descansen en paz? No huelga decir que el cuidado y celo con nuestros muertos revela mucho de nuestra calidad humana. En Mártires de Vietnam No. 12, esq. a Tomás Barrero, Manzanillo, esta familia espera respuesta.

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