¿Cobrar o no cobrar? - Frente al espejo

Juventud Rebelde

Frente al espejo

¿Cobrar o no cobrar?

En la edición del 6 de enero publicamos el reportaje ¿Se compran los sueños? (Yuri Guevara; fotos de Roberto Suárez). Como seguramente hubo lectores que no pudieron leerlo, los pongo rápidamente en materia con este párrafo del trabajo.

«Muchos practicantes de las artes marciales en nuestro país, en cualquier estilo, tienen que pagar su membresía. Y algunos lo ven como una situación normal. Sin embargo, comentarios sobre la ilegalidad del asunto remitieron a este reportero a investigar más a fondo».

Desde que somos niños sabemos que la enseñanza en Cuba es totalmente gratuita, y lo relacionado con la enseñanza deportiva y las artes marciales no escapa de ese precepto. Pero, ¿tenemos todos similar comprensión de este asunto del pago de las membresías? Veamos algunas opiniones:

«Estimado Yuri: Todos tenemos conceptos, opiniones y criterios; máxime en nuestro país, donde abundan las personas preparadas. Pero quienes desempeñamos responsabilidades y podemos influir en la población de una manera amplia, tenemos que poseer un tacto extraordinario.

«Leí su artículo del 6 de enero y quisiera razonar con usted cuestiones relacionadas con ese tema. Quien suscribe defiende y defenderá el deporte como un derecho del pueblo. El Estado ha dispuesto, a través del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), que no se cobre la práctica del deporte. Es correcto y lo apruebo incondicionalmente.

«El INDER con su presupuesto trata de garantizar todas las actividades de su competencia, pero cuando nos referimos a las artes marciales —que no están comprendidas en la línea competitiva del INDER o del Ministerio de Educación—, podemos decir categóricamente que no son deportivas y, por lo tanto, las mismas deben de ser autofinanciadas aunque no sean lucrativas.

«Todos debemos cumplir el acuerdo del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros de fecha 7 de julio de 1994 en que se autoriza el cobro de la enseñanza de las artes marciales. Basado en este acuerdo, el INDER cobra los ejercicios aerobios y las entradas a los eventos deportivos.

«Usted menciona que algunos inescrupulosos lo usan para enriquecerse, refiriéndose al Kárate-Do, y no menciona nombres determinados, por lo que lo deja un margen muy amplio de posibilidades...

«Me parece que el término no pega con las artes marciales y ofende al Maestro Instructor que en todo momento está enfrascado en adquirir la lona para los tatami, la pintura, los utensilios de aseo, por mencionar algunos, así como trasladarse a las diferentes provincias para realizar seminarios, etc. Si usted conoce alguno que se ha enriquecido, expréselo claramente, de modo que no opaque el trabajo honesto de las artes marciales así como de instructores y maestros en nuestro país.

«Dentro de las artes marciales debe exigirse el autofinanciamiento no lucrativo. Desde el primer activo, desarrollado en el 2003, no se ha encontrado la solución y no se ha sido consecuente. Yo defenderé ese concepto por considerar justo que cada discípulo se encargue de financiar nuestro funcionamiento.

«Defiendo las artes marciales y a los Instructores y Maestros que lo damos todo por nuestro arte y no nos enriquecemos». (Shihan Leandro R. Montes León, Presidente-Fundador, Jefe Director Técnico Takeda Ryu de Cuba de Aiki-ju-Jutsu Tradicional Japonés)

«Quien le escribe es papá de un niño apasionado de las artes marciales, y el artículo que publicó el periódico abordó un tema muy interesante, pues han aparecido en nuestro país algunas mentalidades mercanchiflistas.

«Al leerlo recordé la frase martiana sobre los hombres que construyen, esos que llevan en sí el decoro de muchos hombres. Y mi hijo tiene un Maestro de Kárate que lleva en sí la vergüenza de los que construyen. Él no acepta el pago de dinero, regalos u otras dádivas. Incluso, las fiestas que hace a sus alumnos cuando pasan de categorías las costea con su salario, y de manera cortés y educada rechaza cualquier ayuda que le ofrezcan los padres.

«Este Maestro está muy interesado en enseñar un comportamiento ético del practicante que lo prepare como hombre de bien para la sociedad. Y de esos héroes cotidianos, que siembran valores, tenemos que hablar en nuestros periódicos. Le agradezco que haya abordado el tema». (Jorge Félix Cordovés)

«Recién he leído tu artículo sobre la comercialización en el Kárate-Do o en cualquiera de las artes marciales que se practican, de manera oficial, en nuestro país. Estoy totalmente de acuerdo con las cosas que expresas al criticar y combatir esa comercialización.

«El que te escribe fue, hace unos años, árbitro y profesor de Kárate–Do en el estilo Shito-Ryu... Recuerdo que una de las cosas que les enseñamos siempre a nuestros atletas fue que lo importante era poner en alto el nombre de nuestra escuela, que ese era nuestro estandarte, además de honrar al Kárate-Do como deporte y arte marcial y no como negocio.

«Quienes impartimos clases lo hacíamos de manera gratuita. Las competencias, exhibiciones y topes también se hacían con la ayuda solidaria de padres y alumnos. De igual manera era en todos los dojos de Ciudad de La Habana, por hablar de los que conocí.

«Los diplomas, certificados, modelos, planillas, etc., que necesitábamos para nuestro desempeño también se hacían con la ayuda de todos. Recuerdo, incluso, que logramos emitir de manera un poco artesanal el primer folleto del estilo Shito-Ryu —se distribuyó, de manera gratuita, entre los profesores y practicantes—, y fue también con la ayuda de mucha gente.

«En resumen, en este mundo de las artes marciales en Cuba, los que las practicamos y enseñamos, fuese cual fuese el estilo o la escuela, siempre promulgamos conceptos como honestidad, compañerismo, espíritu de equipo, sacrificio, tesón, amor al deporte y a la Revolución; usar el conocimiento para el bien y no para el mal; que no se puede ser buen deportista si no se es buen estudiante o trabajador; que lo que aprendíamos, lo hacíamos para defendernos y no para atacar.

«Por eso me uno a ti en las cosas que planteas en tu artículo. Solo siento que las artes marciales no tengan la misma divulgación en la prensa escrita, radial y televisiva que tienen otros deportes. Creo que eso ayudaría más a su comprensión y evitaría el oportunismo de algunos». (William Alfonso)

Hemos visto tres opiniones con ciertas coincidencias y otras más pueden emitirse. De todos modos, me parece importante recalcar que ningún Maestro o Instructor debería sentirse ofendido ante la incuestionable verdad de que se cobran membresías y algunos pueden utilizar lo recaudado con fines nada cándidos. Si vistiese kimono, yo miraría con suspicacia a lo que transgreda mi código —y con ello la valoración social existente sobre mi persona y mis iguales— y no a lo que revele oportunamente la transgresión.

El reportaje que publicamos, no buscaba, por demás, ofrecer una dimensión estadística o un reporte detectivesco de este tema, sino identificar qué causas permiten que surja el problema.

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