La brutalidad como método de las tropas yanquis

Efectivamente eran civiles desarmados. Foto: AP Fotos indiscretas, esa parece ser la constante para que se conozcan los crímenes de guerra de Estados Unidos, por ahora impunes. Así fue con Abu Ghraib, cuando expusieron torturas y vejámenes. Ahora, el diario The Independent revela que cuando el 29 de mayo de este año un camión militar norteamericano impactó varios vehículos en Khair Kane, distrito norte de Kabul, provocando al menos un muerto y varios heridos, desde un Humvee dispararon contra los civiles afganos desarmados que protestaban contra las fuerzas de ocupación, con el saldo de seis muertos.

Veinte imágenes tomadas por Atif Ahmadzai, desde una colina, constituyen la evidencia visual del suceso: Iracundos afganos lanzan piedras contra el convoy militar norteamericano que provocó el «accidente» y la violenta respuesta de los efectivos yanquis. Entre los manifestantes cae Maiwan, un mecánico de 18 años, herido en el pecho y la rodilla, descrito por su familia como un joven tranquilo e incapaz de hacer nada contra las fuerzas de Estados Unidos. Otra víctima, un muchacho, fue identificado como Khaled.

Según The Independent, el fotógrafo Ahmadzai creyó que los disparos eran al aire, pero también le dispararon a él, una de las balas rozó su muslo, y detrás de él cayeron otras dos personas.

Al día siguiente, Ahmadzai llevó esas fotografías a la embajada de EE.UU. y les dijo: «Solo miren a la gente en las fotos, todos ellos están desarmados». La declaración del mando militar reconoció que al menos uno de sus vehículos había hecho «disparos de advertencia sobre la multitud».

Pero es ahora que se habla de una investigación del incidente y de que los resultados serán hechos públicos la próxima semana. Por supuesto, ya tienen una justificación de antemano, cuando este lunes el coronel Tom Collins, un vocero de las fuerzas estadounidenses en Afganistán dijo: «Yo no puedo comentar los resultados de la investigación pero no hay duda de que nuestros soldados pensaron que les estaban disparando desde la muchedumbre».

Un escándalo más, un crimen más, ya sea en Afganistán o en Iraq. También en esta semana, un tribunal militar en Bagdad debe decidir sobre los cinco soldados que violaron y asesinaron a una jovencita iraquí, mataron a sus padres y una hermana en marzo pasado.

Una tras otra, las atrocidades de las fuerzas de EE.UU. se repiten, corroborando que no son actitudes personales ni aisladas, sino la constante en el trato hacia quienes consideran enemigos, no importa que sean militares o civiles. El genocidio de Hiroshima y Nagasaki durante la II Guerra Mundial, la masacre de My Lai o Song My en Vietnam, en la que murieron al menos 300 aldeanos, las ejecuciones durante las invasiones a Falluja y el asesinato de 24 civiles iraquíes en Haditha, en noviembre de 2005, lo reafirman.

Los Angeles Times publicó el fin de semana pasado detalles contenidos en 9 000 páginas de archivos que fueron secretos y «confirman que las atrocidades de las fuerzas de EE.UU. en Vietnam fueron más extensas que las conocidas previamente». Ahora hay alegaciones —reporta el Christian Science Monitor— de que el comandante de una brigada del ejército en Tikrit ordenó a su tropa «matar a todos los hombres en edad militar».

Realmente, lo que Estados Unidos quiere ocultar y otros no quieren ver es que la soldadesca está simplemente haciendo aquello para lo que fueron entrenados: matar en nombre de una democracia imperial.

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