Joaquín Borges-Triana

Los que soñamos por la oreja

Solo el tiempo dirá

A estas alturas del siglo XXI, está claro para todos que las innovaciones tecnológicas transforman las culturas. Eso es algo que ya fue sobradamente explicado por Walter Benjamin en su célebre ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. A partir de cuestionamientos propios, Benjamin se enfrentó en su momento al importante problema de las transformaciones que se estaban produciendo en el espacio artístico, como consecuencia de los cambios que sobrevenían en la sociedad, en el ámbito político y en la introducción de innovaciones tecnológicas.

Ahora bien, tales ideas Walter Benjamin las expuso allá por la década del 30 de la anterior centuria. En la actualidad, los procesos de globalización cultural son incipientes, heterogéneos y se encuentran en acelerada transformación como consecuencia de los cambios tecnológicos que los hacen posibles. Así, la expansión de la música popular anglosajona en los últimos 50 años no solo ha conllevado el auge y desarrollo de un nuevo sector comercial para la acumulación de capital, sino a la vez un vehículo de gran magnitud, tanto para la extensión en todo el mundo de la cultura occidental, como para la difusión de una serie de avances tecnológicos que por doquier han sido usados en su reproducción y consumo.

Todo lo anterior lo menciono a raíz de un experimento llevado a cabo hace poco más de dos años, a propósito del disco titulado In Rainbows, el séptimo álbum de la banda británica de pop rock Radiohead. Dicho material fue puesto a la venta inicialmente el 10 de octubre de 2007, pero no a través de los medios convencionales como las tiendas comercializadoras de CD, ni tampoco por medio de apelar a la distribución a través de sitios electrónicos como iTunes y Amazon.com.

Durante un período de tiempo, la única forma de adquirir el paquete que presentaba además de la por entonces nueva música de Radiohead, los trabajos artísticos de Stanley Donwood y los folletos con las letras de las canciones, fue a través del sitio web de la popular banda integrada por Thomas Edward Yorke, Jonathan Richard Guy Greenwood, Colin Charles Greenwood, Edward Jhon O’Brien y Philip James Selway.

Lo interesante del experimento es que los admiradores del ensamble tenían la posibilidad de descargarse toda la música del fonograma, pagando la cantidad de dinero que estimasen conveniente y que estuviese al alcance de sus bolsillos. El resultado final fue que la tercera parte de los que adquirieron las canciones registradas en In Rainbows aportaron por ella 0.00 libras (moneda del Reino Unido), es decir absolutamente nada. Empero, lo más llamativo del experimento fue que, a pesar de los que no pagaron, la media por cada una de las descargas concretadas ascendió a la cifra de cuatro libras.

Como es obvio, la iniciativa de Radiohead motivó un amplísimo eco de opiniones a favor o en contra, vertidas en disímiles medios de comunicación. Si bien a partir de determinado instante dejó de ser posible conseguir la música de In Rainbows por la exclusiva vía del sitio web de la banda británica, la estrategia de marketing puesta en práctica por Radiohead tuvo excelentes resultados desde el prisma comercial y generó una gran expectativa para el día en que en el 2008, el material salió al mercado en formato CD tradicional.

De todo lo relatado es bueno meditar en el hecho de que a escala internacional en la actualidad, los melómanos disponen de más de una opción a la hora de adquirir su música favorita. A saber: pagar el precio establecido por un álbum tanto en su versión tradicional como en la comercializada a través de la red digital, o hacer lo que se ha dado en llamar una libre descarga, pero que las compañías discográficas definirían como robo.

A las anteriores variantes, a partir del exitoso experimento realizado por Radiohead, se ha añadido una tercera vía, o sea, permitir que los potenciales compradores de un fonograma paguen lo que deseen, en función de razones de tipo afectivo a la hora de establecer la cantidad de dinero que les parece justo aportar por semejante modo de adquisición. ¿Acaso será esta la opción para la venta de la música en el futuro? Solo el tiempo dirá.

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