Fuga en la estiba

Historias curiosas, absolutamente inéditas, pueblan el más abarcador libro que sobre la gesta del 5 de Septiembre haya sido escrito, de próxima aparición. Sus autores anticipan a JR algunos de estos relatos Fotos: Milagros Hidalgo

Autor:

Julio Martínez Molina

El 5 de Septiembre de 1957 los cienfuegueros demostraron su espíritu de rebledía en levantamiento armado contra la tiranía batistiana CIENFUEGOS.— Del levantamiento armado del 5 de Septiembre se ha escrito mucho, aunque por lo general los autores, en aras de replicar la versión tradicional de los hechos, se atalayan en prismas estrictamente historiográficos.

Tras prepararlo por décadas, dos investigadores cienfuegueros finalizaron un volumen que ya está a punto de ir a la imprenta en homenaje al inminente aniversario 50 de los hechos, en el cual el relato clásico de la gesta se perfila desde perspectivas novedosas.

Andrés García Suárez y Orlando García Martínez tienen en sus manos más de un centenar de entrevistas a héroes de la acción, a participantes del bando enemigo, incluso a gente que no quiso contar a nadie más sino solo a ellos esas pequeñas odiseas que integran como partes ese todo que fue este pasaje glorioso de la historia.

Al decir de Orlando, estas cerca de 400 páginas tienen un fuerte componente testimonial, que enfoca cómo la masiva participación popular desbordó las propuestas de los organizadores del levantamiento.

«Al hablar del 5 de Septiembre se ha tendido a caer mucho en la referencia plana, sin matices, del desarrollo de los hechos, pero se ha preterido la escala humana del fenómeno», afirma el historiador.

ESCAPE ENTRE ESTIBAS Y SACOS DE CAFÉ

Andrés García Suárez Durante 46 años, Andrés García Suárez recopiló testimonios imprescindibles para comprender la justa dimensión del levantamiento.

Andrés evoca uno de ellos: la fuga del tostadero de café El Sol: «En ese lugar, situado frente al parque Martí, se instaló el francotirador Gilberto González —miliciano fundador del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y uno de los héroes del 5 de Septiembre—, junto a Andrés García Urquiza (Pantalla), un estibador del muelle, y allí combatieron durante toda la jornada, desde los altos.

«Cuando las fuerzas de la tiranía llegaron, rodearon el parque y efectuaron un paneo general para ubicar los sitios donde estaban los posibles rebeldes. ¿Cómo salir de allí?, se preguntaron los combatientes, y dos más que se les unieron.

«Entonces, refirió Gilberto, a Pantalla se le ocurrió fabricar una estiba hueca y esconderse en su interior. Por ahí salieron los cuatro, entre sacos de café que los guardias acuchillaban con sus bayonetas, pero como se metieron en el medio, lograron escapar.

«Después estuvieron escondidos en una casa cercana todo el día 6, y el 7 salieron sucios y llenos de polvo a través de una tienda en la contigua calle San Fernando.

«Al salir, la gente empezó a aplaudir a Gilberto, alguien muy conocido en Cienfuegos. Él me contó que quiso morirse en ese instante: figúrate, todo aquello estaba atestado de guardias, pero la suerte es que provenían de Santa Clara y no lo conocían».

CRIMEN EN LA MADRUGADA

Justamente Gilberto González fue uno de los dos únicos testigos directos del asesinato cometido por los soldados, en la madrugada del día 6, contra los marinos rebeldes acuartelados en el Colegio San Lorenzo.

Los investigadores señalan en su libro que cuando él estaba escondido en el aledaño tostadero de café escuchó las voces y el sonido de los disparos del asesinato a mansalva contra los revolucionarios.

—¿Quién fue el otro testigo?

—Andrés: Fue José Portel Caro, habitante de una casa vecina al colegio. Este hombre nos contó cómo los milicianos del 26 de Julio escaparon descolgándose por los aleros de su vivienda hasta el piso, junto a unos pocos marinos, pero que el grueso de estos últimos decidió permanecer allí al lado de su jefe, el capitán de fragata Dimas Martínez.

«Dimas creyó que iba a ser protegido por los marinos que estaban en el distrito naval de Cayo Loco, cuando el régimen recuperó el control. A las cuatro de la tarde del 5 llamó al lugar y pidió hablar con el doctor Sopo Barreto, un capitán de la Marina amigo suyo, para que los ayudara.

«El marinero Manuel Murga y el sargento Luis Miranda estaban al lado de Dimas. Al escuchar que la respuesta de Sopo había sido positiva, increparon a Martínez por ingenuo. Sabían que Barreto, de historia dudosa e incluso opositor directo de Mella en sus tiempos de Universidad, los iba a mandar a matar.

«Murga y Miranda nos contaron cómo ellos se escaparon con los civiles y milicianos del 26 por casa de Portel Caro. Luego la vida les dio la razón».

Portel refiere en una de las entrevistas del libro el instante del ajusticiamiento: «Mataron a Dimas y sus fieles como a perros, sin contemplaciones».

«Dato curioso, o revancha de la historia quizá: al salir del juicio del tribunal revolucionario que lo juzgó por el crimen de San Lorenzo, el doctor Sopo Barreto se lanzó del tercer piso contra la calle y murió instantáneamente».

JERINGUILLA Y LAS BONDADOSAS

Un relato interesante consignado en el volumen tiene que ver con otro de los más valientes protagonistas de la acción: Roberto García Valdés (Jeringuilla).

Este miliciano del M-26-7, según explica Andrés, resultó herido en una pierna mientras disparaba desde la cúpula del Palacio de Ferrer a uno de los aviones que envió la dictadura a bombardear la ciudad.

—Si el Tercio Táctico de Santa Clara estaba parapetado en el colindante parque Martí, y este hombre salió herido, ¿cómo es posible que no lo capturaran?

—Andrés: De manera casi increíble, sus compañeros de la clandestinidad lo bajaron de la torre y lo sacaron, desde un vecino almacén de agua mineral, a uno de los famosos burdeles de la calle Casales, cercano al sitio.

—¿Qué ocurrió allí con Jeringuilla y sus amigos?

—la historia tendrá que reconocer a aquellas prostitutas anónimas que les salvaron la vida a todos.

«Vistieron a los jovencitos con ropas de estudiantes, le dieron a Roberto García Valdés un libro de Jardiel Poncela titulado ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?, y salieron con ellos por calles poco transitadas hasta que estuvieron fuera de peligro.

«A partir de entonces, ellos bromeaban siempre al rememorar el pasaje, y comenzaron a llamarlas “nuestras hermanitas”».

Rastreo histórico

Orlando García Martínez Andrés García Suárez y Orlando García Martínez son miembros de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba y la UNEAC. El segundo preside esta última institución en Cienfuegos. Hasta la fecha han publicado seis y

nueve libros históricos, respectivamente. En este volumen conjunto, entre otros muchos aportes a la memoria histórica de la gesta armada, registran un

detallado rastreo de los expedientes de la autopsia de varios de los

que cayeron en los diferentes combates que se produjeron en la ciudad durante aquella jornada, de quienes hasta hoy no se tenía identificado el sitio donde fueron enterrados.

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