Se cumplen hoy 115 años del periódico Patria, fundado por el Apóstol de Cuba

José Martí dirigió aquel periódico con el propósito de «juntar y amar». En su honor, se celebra cada 14 de marzo el Día de la Prensa Cubana Hoy, acto nacional por el Día de la Prensa

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Juventud Rebelde

Martí y Máximo Gómez con un ejemplar de Patria en la mesa. Conocemos a Martí, y lo desconocemos al mismo tiempo. Del Maestro podemos ser estudiantes eternos. Su legado es inmenso como el mar de su primera sílaba. El más alto premio periodístico cubano lleva el nombre de José Martí. En este país el día de la prensa coincide con la fecha de constitución de Patria. ¿Qué se habrá publicado en aquellas cuatro planas semanales?

Una lectora confesó en carta publicada el 7 de mayo de 1892: «Pocas veces he pasado una hora tan deliciosa como la que empleé ayer leyendo las varias secciones del interesante semanario que con tanto acierto dirige nuestro amigo Martí. ¡Con qué gusto y fruición volvía a leer algunas de sus bellísimas frases, de esas que él solo puede expresar, y que pudiéramos llamar Martinianas, y se quedaban en mi oído como un eco de dulces armonías!».

Patria fue nombre y concepto. Así, sin apellidos, bautizó el Apóstol a aquel periódico escrito para siglos, que se hizo público el 14 de marzo de 1892. El rotativo martiano —hasta el 17 de junio de 1895 cuando se confirma la muerte de Martí— ejerció un periodismo de intencionalidad propagandística «con todos, y para todos» los cubanos que creyeran en la necesidad de una guerra justa para liberar a la patria.

«Por fin el periódico entra en prensa, y bien pronto ese verbo de la libertad irá a decir por todas partes cómo piensa el pueblo antillano en la emigración decorosa», se leía en Los Viernes de Patria, del 10 de septiembre de 1892. Ese día el semanario vivía la tensión del cierre «para presentarse irresistible a todos sus lectores en la mañana del sábado». Sus redactores estudiaban «en conjunto y en detalle» cada plana para «adivinar cuál sería el artículo o suelto que produciría mayor efecto».

El Señor Director, como lo identificaban sus lectores, guiaba a los apasionados patriotas cubanos y puertorriqueños de la oficina de 120 Front Street, en Nueva York. Desde 1889 el Apóstol había hecho explícito en sus epístolas la urgencia de una publicación para impedir a tiempo el peligro que en aquel año de Conferencia Americana se hacía más evidente. En diciembre escribió a Gonzalo de Quesada:

«Con dos o tres leales haré cuanto pueda hacer con decoro. Una hoja, con el alma que usted conoce, diga la verdad, y junte, sin miedo a tibios y señores, a los que deben estar juntos (...) Es preciso que Cuba sepa para qué y por qué quieren la anexión (...) La corriente es mucha, y nunca han estado tan al converger los anexionistas de la Isla, y los anexionistas yankees. Para mí sería morir. Y para nuestra patria...». (Epistolario, t. III, p.158).

A tiempo y en tiempo orientó Patria a su público lector. Cada acontecimiento del contexto probó al semanario en el periodismo y la política. El periódico mostraba en voz de influyentes diarios neoyorquinos como el Herald, el Sun o el World temas esenciales de su agenda editorial. Martí, con probada clarividencia política y sagacidad periodística, dirigía aquel periódico fundado para «juntar y amar» —como se definiera desde el primer número— sin intenciones de lucro.

Aquella publicación fue una empresa espiritual, no mercantil. Compitió por su contenido, pero no por su publicidad, ni las grandes tiradas o las muchas páginas. Con las cuatro que mantuvo propagó la necesidad de la guerra en Cuba y Puerto Rico sin ser demasiado explícita en tácticas militares, pero sumamente clara en sus ideas.

«Acá se saben de memoria Nuestras Ideas. Tengo, para que regale, unos doscientos discursos, o 150, que le van con el próximo número...». (E, III, 64).

Las ideas que el semanario calificó como nuestras desde el primer número coinciden con las defendidas en los Discursos del Diez de Octubre, pronunciados por el Apóstol entre 1887 y 1891; así como las de Con todos, y para el bien de todos, del mismo año.

La trilogía temática unidad-guerra-república fue prioridad en las planas del periódico. El Partido fue el núcleo político de unidad factual desde el que se ensayaba la Cuba futura que solo podía alcanzarse acudiendo a la guerra. La publicación propagaba esperanza y serenidad, en tiempos de nortes peligrosos y de república por fundar.

La guerra debía ser a tiempo, pero también en tiempo. A tiempo para frustrar las aspiraciones del Norte, y en tiempo adecuado para madurar las ideas que se venían sembrando, y garantizar los recursos materiales necesarios para desembarcar más seguros. No debían violarse escalones; para Martí el tiempo tenía un valor cualitativo: Nace este periódico a la hora del peligro para velar por la libertad; para contribuir que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer, así se expone en Nuestras Ideas, el editorial programático del primer número.

Desde sus páginas definió la república con todos, y para el bien de todos que debía ser. Escribió sobre los ciudadanos del país futuro, y reiteró que no habría distinción de razas, religión, corriente ideológica, clase social; que incluso los españoles que llevaran la Isla en el corazón podrían formar parte de ella: Para todos los cubanos, bien procedan del continente donde se calcina la piel, bien vengan de pueblos de una luz más mansa será igualmente la revolución en que han caído, sin mirarse los colores todos los cubanos, se aclara desde Nuestras Ideas.

Ejerció un periodismo de altura política y terrenal elocuencia. Periodismo del que conmueve y convence; del que enamora y arrastra. Periodismo de desvelo y contra cierre. Periodismo. Todavía hoy, es admirable aquel modo peculiar de decir las cosas en su esencia. Fue un ejército de dieciséis columnas: en la vanguardia las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y en la retaguardia los anuncios publicitarios que financiaban el próximo combate verbal. Patria fue un soldado —definió Martí— que se armó de palabras.

*Artículo basado en la tesis de Licenciatura del autor Patria: a tiempo y en tiempo, tutoreada por el profesor Jorge Lozano Ros y la doctora María de los Ángeles Borges.

Pasión por la verdad

Nace este periódico, por la voluntad y con los recursos de los cubanos y puertorriqueños independientes de New York, para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico, en acuerdo con las condiciones y necesidades actuales de las Islas, y su constitución republicana venidera; para mantener la amistad entrañable que une, y debe unir, a las agrupaciones independientes entre sí, y a los hombres buenos y útiles de todas las procedencias, que persistan en el sacrificio de la emancipación, o se inicien sinceramente en él; para explicar y fijar las fuerzas vivas y reales del país, y sus gérmenes de composición y descomposición, a fin de que el conocimiento de nuestras deficiencias y errores, y de nuestros peligros, asegure la obra a que no bastaría la fe romántica y desordenada de nuestro patriotismo; y para fomentar y proclamar la virtud donde quiera que se la encuentre. Para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad, nace este periódico.

(...)

Una es la prensa, y mayor su libertad, cuando en la república segura se contiende, sin más escudo que ella, por defender las libertades de los que las invocan para violarlas, de los que hacen de ellas mercancía, y de los que las persiguen como enemigas de sus privilegios y de su autoridad. Pero la prensa es otra cuando se tiene en frente el enemigo. Entonces, en voz baja, se pasa la señal. Lo que el enemigo ha de oír, no es más que la voz de ataque.

(...)

Eso es Patria en la prensa. Es un soldado. Para el adversario mismo será parco de respuestas, y en vano se le querrá atraer a escaramuzas inútiles porque cada línea de los periódicos de la libertad es indispensable para fundarla: aún el adversario hallará en nosotros más bálsamo que acero. El arma es para herir, y la palabra para curar las heridas. Pero en nuestro campo no reconocemos adversario. Nuestra virtud nos escuda, y nos envolvemos en ella.

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