Pregunte sin pena

Autor:

Juventud Rebelde

Y V: Nos separamos después de tres años de casados, con una niña de dos. En su casa y en la mía nos sentíamos mal porque nos maltrataban. Discutíamos mucho y nos fuimos distanciando. Yo me fui despreocupando, solo estaba con ella por tener relaciones sexuales, la maltrataba de palabras y de hecho. Era demasiado tarde cuando me di cuenta de que eso no era lo que quería. Ella se estaba interesando en otro hombre, decidió irse a vivir con él. Al mes, me dijo que me extrañaba y comenzamos a tener relaciones. Dice que lo quiere aunque no está segura de querer seguir con él. Yo la quiero solo para mí. A veces quisiera dejarla y sufrir hasta que se me olvide todo. También pienso que si sigo con ella voy a sufrir igual, pero al menos la tengo. Además amo mucho a mi hija y quisiera estar siempre a su lado. No sé qué hacer con mi vida. Tengo 24 años y mi ex esposa 23.

Se imponen cambios, más allá de volver o separarse. Si recuperan el matrimonio manteniendo las mismas causas de la separación, solo se tratará de una tregua poco o nada fructífera. Si siguen como ahora, no se construye una relación para el futuro. La situación actual es similar a la anterior en tanto viven separados y se ven solo para hacer el amor. La diferencia es que ella buscó un hombre para compartir otros aspectos de la vida en pareja, desatendidos en su matrimonio. Ahora tú estás sufriendo. No nos cuentas que hayan sido capaces de enfrentar sus problemas sin dañarse o distanciarse. Llama la atención tu queja sobre el maltrato de todos y que al mismo tiempo hayas maltratado a tu esposa. A veces, maltratar deviene un estilo de relación al que se unen malestar y gratificación. Terminamos quejándonos, pero atados.

Afortunadamente podemos revertir la situación. Una consulta psicológica podría ayudarte a comprender lo que te sucede y a partir de allí intentar crear una nueva forma de relacionarte con tu esposa e hija.

Mariela Rodríguez Méndez. Máster en Psicología y consejera en ITS y VIH /sida

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