Rinde homenaje Cintio Vitier a Raúl Roa

El gesto tenía la espontaneidad del afecto y la familiaridad de los amigos a pocos días de conmemorarse el centenario de su natalicio

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El gesto tenía la espontaneidad del afecto y la familiaridad de los amigos, y no habría sido trascendente si no vinculara a cubanos cuyo paso por la vida ha dejado huella en nuestra historia y nuestra cultura.

Cintio Vitier acababa de resumir, en brevísimas palabras, sus ideas sobre la presencia de la latinidad en Martí con una intervención puntual que su esposa, Fina García Marruz, enriquecía con cariñosos y atinados apuntes, como notas al margen de una ponencia que él había concluido en dos metáforas: «Una nota de flauta de Virgilio y el trueno de Cicerón». Esas, había dicho Cintio, son las fuentes principales de lo latino en el Maestro.

Su escueta intervención tuvo la virtud de dejar tiempo y, dando pie el ensayista, poeta, escritor e incansable investigador martiano para el diálogo, el auditorio se encontró de pronto en una imprevista tertulia.

Un asistente le recordó a Cintio la labor pedagógica de su tío, anotación biográfica que hizo al ponente evocar a su padre —«uno de los principales educadores de la época»—, y brindar generoso, después, otros detalles de su vida tales como que «mi casa era una escuela y mi escuela era mi casa»; o confesar que el mejor premio de su existencia son sus dos hijos músicos para alguien que, como él, «me pasé la vida estudiando el violín»; o dar a conocer su atinada y jocosa consideración de que «el tabaco tiene una historia patriótica en este país», cuando reconoció el importante aporte de los tabaqueros de Tampa a Martí en sus preparativos de la guerra necesaria. O, como señalara Fina, el hecho relevante de que la orden para la guerra llegó escondida dentro de un habano a la Isla.

En ese ambiente íntimo, durante el cual Cintio y Fina habían ratificado también la influencia de la Guerra Civil Española «para nuestra generación» —«si no nos hizo comunistas, nos hizo de izquierda»—, un contemporáneo y silencioso miembro del auditorio fue repentinamente aludido por el gesto fraterno que dio lugar a la idea de esta nota.

Cintio se levantó y, al agradecer la presencia del periodista y diplomático Carlos Lechuga Hevia en aquel encuentro, le obsequió el poema que en abril de 1977 escribiera para quien fuera su compañero y amigo. Versos que Cintio llamó «este pequeño Roa In Memoriam», nacidos a partir de la foto que muestra al Canciller de la Dignidad, con la mano en alto, defendiendo las razones de la Isla desde el podio. Con esas estrofas volvemos a homenajear a Roa —gracias a Cintio— a pocos días de conmemorarse el centenario de su natalicio.

Ardiendo pura

Esa mano relámpago, más viva/ que la ardiente palabra en que restalla,/esa mano zig-zag de la batalla/a pecho limpio de la patria altiva:/esa mano vibrante, afirmativa,/disparando el strike que no le falla,/hipérbole la pólvora en que estalla/y sale de sí misma, rediviva:/esa mano de Roa que flamea/invicto airón sobre la dictadura/y en la cueva del yanqui centellea:/esa mano que increpa, rapta, jura,/garabato de luz, fulmínea idea,/es la estrella mambí, ardiendo pura.

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