Etanol: nuevo reto contra la hegemonía imperial

Foto: Calixto N. Llanes Analizan impacto de la producción irracional de agrocombustibles. Se muestran los avances del ALBA Cubavisión transmitirá resumen de la primera parte del evento

Autor:

Marina Menéndez Quintero

«Los caballos del dueño van mejor en el camión: les ponen agua, aserrín para que no se dañen los cascos, pasto para el viaje. Nosotros montamos, y ya: las herramientas de trabajo siempre ocupan el mismo lugar».

La queja del hombre, un cortador brasileño, puede ser la misma en cualquier campo de caña en Sao Paulo y es apenas una muestra de los daños que está ocasionando en Brasil la fiebre del etanol que, manipulada por la engañosa propuesta de W. Bush, se está convirtiendo ya en lo que Horacio Martins de Carvalho, asesor del Movimiento Sin Tierra, ha llamado «la avalancha del imperialismo verde»: amenaza extenderse al resto de América Latina y, advirtió, pasará por encima de todas las barreras y legislaciones.

La denominada Agroenergía ocupó el espacio de la tarde, este viernes, en el VI Encuentro de Lucha contra los TLC y por la integración de los pueblos. No podía ser de otra manera, porque la pretensión de Estados Unidos de sostener su despilfarro energético a costa del etanol producido en el sur, planea como ave de rapiña sobre la soberanía alimentaria y la propia vida en la región.

El documental La esclavitud del azúcar graficó ante el plenario los dolores que Maíssa, de la Red de Justicia Social de Brasil, ofreció en datos. Los cortadores en Sao Paulo reciben 1,2 dólar por tonelada de caña cortada y apilada, de manera que para percibir un salario de 200 al mes tienen que derribar diez toneladas por día, es decir, tumbar caña al ritmo ¡de 30 golpes de machete por minuto! Diecisiete muertos por agotamiento se registraron en Sao Paulo entre 2005 y 2006. Por otras causas tales como accidentes en la transportación, cáncer o quemaduras en los incendios de los cañaverales, 450 perecieron en 2005. No tienen agua suficiente, deben buscar la leña para la cocina, y comen mal bajo el implacable sol. En cinco años, solo en Sao Paulo, 1 383 trabajadores han muerto en la caña. «El azúcar y el etanol están bañados de sangre, sudor y muerte», afirmó Maíssa.

Pero el despojo de tierras, la creación de empleos precarios y marcados por la explotación; el trabajo esclavo, constituyen apenas el costo humano del problema que aquí se ha llamado a combatir.

Según denunció Carvalho, el «imperialismo biológico» está retirando la reforma agraria de la agenda nacional brasileña, subordina al campesinado, e instituye el arrendamiento capitalista de tierras de modo que, contó, ya los empresarios extranjeros pueden arrendar los terrenos por Internet.

Devastación aumentada de las enormes sabanas comprometidas ahora con la siembra de soya para el agrocombustible; privatización del agua dulce en el Acuífero Guaraní, cuyos manantiales empiezan a ser controlados por las multinacionales; control de las fuentes de energía de biomasa que significa control de los territorios, fueron mencionados por Carvalho como otros de los peligros, cuando la producción del llamado etanol de celulosa a partir de los residuos agrícolas, pende como nueva amenaza gracias a los avances científicos de Estados Unidos.

Frente a ello, el asesor del Movimiento Sin Tierra llamó a la denuncia pública con fundamentación científica —porque el campesino necesitado puede creerse que es la panacea— , la resistencia social, la acción directa combatiendo al capital en el campo, y la articulación de estrategias comunes en Latinoamérica. Si no, estamos perdidos, aseveró.

Integración y estrategias fueron, precisamente, los otros asuntos tratados este viernes en la cita, que concluye hoy con la adopción de un Plan de Acción. UNASUR y el ALBA fueron identificadas como las alternativas por donde avanza una integración que, en su enfoque tradicional, está siendo socavada por los TLC en que se desgrana la fracasada ALCA.

Una carta suscrita por los participantes en el foro será llevada ante la Oficina de Intereses de Estados Unidos demandando justicia en el caso de los Cinco.

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