La madre cubana busca que sus hijos sean sanos, inteligentes y felices

Así lo reafirma una investigación con menores de cero a tres años. Sin embargo, puede dejarse tentar por propuestas mal asumidas

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El coche es solo para transportar al niño, no para que este se pase gran parte del día sentado en él. La madre cubana es afectuosa, culta y ansiosa de conocimientos para ser mejor. Es espontánea en su relación con los hijos y muy preocupada, tanto que a veces se le califica como sobreprotectora.

Esa tendencia a «mamá gallina» —por lo de tener al hijo «bajo el ala»— no es óbice para que el niño cubano se relacione bien con otros menores y con los adultos. Cuando a ella se le pregunta cómo quiere que sea el fruto de su vientre, responde firmemente: «Feliz, sano e inteligente». Las cualidades externas están en un segundo plano, porque asume que el bienestar de una persona radica en su crecimiento como ser humano.

Por ello, los niños cubanos son alegres, activos, muy comunicativos y espontáneos desde el punto de vista afectivo, lo cual responde también a las características socioculturales, al clima y a la geografía del país.

La anterior no es una representación fortuita. Surgió de los criterios de una investigación que pretende caracterizar a nuestros niños, y que fue acometida por un equipo multisectorial.

La indagación está terminada en su primera etapa, que abarca a los pequeños de cero a tres años, explican las doctoras en Ciencias Pedagógicas Josefina López Hurtado e Hilda Pérez Forest, investigadoras del Centro de Referencia Latinoamericano para la Educación Preescolar (CELEP).

Los resultados de la indagación —coinciden—, más allá de hacer un dibujo de virtudes y defectos, constituyen un valioso instrumento para superar aquellas deficiencias que pueden comprometer el buen desarrollo de los infantes.

La doctora Josefina sostiene que desde que el bebé abre los ojos al mundo, comienzan a sentarse las bases de su futuro desarrollo. En esos primeros años adquieren la marcha, el lenguaje y otras habilidades que serán luego indispensables en la vida social.

«Hay quien dice que nuestros niños son hiperactivos. Y aunque no hemos analizado si eso es malo o bueno, sí es cierto que son muy activos y entusiastas, y muy motivados a hacer cosas nuevas cuando estas despiertan su interés», afirma Hilda.

«Nuestro estudio demuestra que el niño de cero a tres años no puede mantenerse mucho rato en una sola actividad. Esa es su característica. Está deseoso de hacer. Las manos lo ayudan a buscar, y entonces se convierte en un problema en la casa, porque empieza no solo a interesarse por los objetos en su forma externa, sino a buscar algunas relaciones. Es comunicativo y disfruta la relación con los otros, sobre todo con los adultos.

«La familia debe organizar la vida de modo que el niño sea el centro. No se puede subordinar el tiempo de él al del adulto. El menor debe tener la prioridad en cuanto a salidas y esparcimientos».

BELLEZA QUE ENGAÑA

Esta investigación abarcó hasta la fecha a 21 000 niños y sus familias. La exploración incluyó seis áreas de desarrollo que se entrecruzan: crecimiento y salud, estudios de motricidad, lenguaje y desarrollo intelectual, área socio-afectiva y personal-social. Se trabajó en siete provincias de las tres regiones del país.

El piso es un buen lugar para estimular el gateo. No importa que el niño se caiga, solo hay que cuidar que no haya objetos peligrosos cerca. Según la doctora Josefina, el niño, en su primer año de vida, comienza por mover su cuerpo hacia la derecha y la izquierda, luego gatea, hasta que es capaz de sentarse. Después se levanta, y finalmente alcanza la posición bípeda, la cual posibilitará la marcha. Esas adquisiciones en un añito de vida son extraordinarias, pero hay que promoverlas para que el pequeño las haga.

En este punto, el estudio demuestra que existe desconocimiento de los padres en relación con la manera de enfrentar necesidades esenciales de los pequeños.

Una de ellas es la subvaloración del tradicional corral criollo de madera. «En este el nené puede sujetarse fuertemente, y los barrotes lo ayudan a levantarse. Si los zapatos son planos, los pies se afirmarán bien. Sin embargo, en los corrales acolchonados que hoy están en venta en las tiendas recaudadoras de divisas, supuestamente concebidos para que el niño no se lastime, el infante no tiene de dónde sostenerse.

«También puede ser contraproducente o perjudicial que pase gran parte del día sentado en el coche, pues ello atenta contra el proceso de locomoción. El coche, al igual que el cargador o el porta-bebé, son solo para transportarlos, no para que permanezcan mucho tiempo.

«En el caso del cargador, el bebé debe quedar frente a la madre y no de espaldas, pues el contacto piel con piel siempre es favorecedor.

El culero desechable debe retirarse enseguida que el niño lo ensucie. Si se orina varias veces, el peso del pañal no le permite adoptar una buena posición. «A veces la mamá no se da cuenta de que en los culeros desechables, lo “desechable” es mucho. El niño se orina, se vuelve a orinar, y va adquiriendo un peso que realmente no le permite adoptar una buena posición. Esos pañales son muy cómodos, pero pueden convertirse en un obstáculo para el niño, si no se cambian frecuentemente. Esto también influye en el control de esfínter, o sea, no tienen dominio sobre su micción.

«Quienes realizamos este estudio no estamos en contra de la modernidad, siempre y cuando se empleen esos novedosos recursos de un modo adecuado y racional», sostuvo Josefina.

La doctora Hilda, por su parte, apuntó la necesidad de rescatar formas y estilos tradicionales de la familia cubana. «A veces no es necesario el corral de madera. Es el ideal, pero si usted limpia y tiene bien delimitada un área de su vivienda donde no haya peligro, sin tomacorrientes o equipos electrodomésticos cerca, y coloca una silla para que ayude, el piso es un buen lugar para estimular el gateo.

«Si el bebé permanece la mayor parte del tiempo en la cuna o en el coche, no va a gatear. Él necesita una superficie dura y la coordinación del movimiento de brazos y piernas. Esa flexión de las piernas en el gateo brinda la fortaleza a los músculos para lograr pararse y dar pasitos laterales que lo preparan para la marcha. Aunque se caerá mil veces, no importa; solo hay que cuidar que no haya objetos peligrosos.

«El niño está en una etapa de formación del sistema óseo y de desarrollo del arco plantal. Hay una tendencia a ponerle tacones y zapatillas de meter el dedo a las niñas en las primeras edades. Eso trae problemas ortopédicos. Además, los zapatos muy acolchonados, que separan mucho el pie del piso y no sujetan el tobillo, provocan inseguridad al caminar».

El corral de madera es el ideal. El pequeño se sujeta fuertemente y los barrotes lo ayudan a levantarse. En los corrales acolchonados, de mallita, aunque muy bonitos y suaves, el niño no tiene de dónde sostenerse.

Las investigadoras refirieron que entre los distintos hábitos de vida del niño, uno de los mayores logros es el manejo a tiempo y de manera perfecta de la cucharita y el jarrito.

Sin embargo, con respecto a la alimentación, aseguran que el ejemplo de la familia es decisivo en el gusto del menor. «Cuando el niño no come vegetales, posiblemente es porque los padres no los comen. Entonces ellos quieren que él haga algo que ellos no hacen. Hay que comenzar dándole el ejemplo, porque él va a incorporar los hábitos de su entorno».

En el cargador, el bebé debe quedar frente a la madre y no de espaldas a ella, pues el contacto piel con piel siempre es favorecedor. También se mostraron preocupadas por el horario de vida. «¿A qué hora se acuestan nuestros niños a dormir? La Calabacita de la TV es una ilusión. No se acuestan hasta que no ven las telenovelas».

Paradójicamente, ese momento del sueño podría ser aprovechado por las madres, y no siempre sucede así. «Hay que acompañarlo, pero no para acostarse con él, ni para convertirse en una compañía imprescindible para que se duerma.

«Las “buenas noches” deben ir precedidas de una actividad placentera, de disfrute, como un cuento. Si la música está hasta esa hora muy alta, si usted jugó y sobreexcitó al niño, no va a dormir. Esa Calabacita ilusoria tiene una música suave no por gusto.

«Hay que apagar la luz. Si el niño tiene que dormir de la mano de mamá o con la luz encendida, ello indica miedo, inseguridad. Igual sucede con la costumbre, tan arraigada en el país, de dormirlos arrullándolos en el sillón. Tal proceder es innecesario e ilógico en medio de las presiones a las que está sometida la mujer moderna. Solo se precisa una cama limpia, en un ambiente ventilado, con seguridad y tranquilidad.

«Con respecto a la atención de la salud, no se debe esperar que el médico de la familia toque a la puerta. La puericultura es importante; no se lleva al niño a consulta solo cuando está enfermo».

EDUCAR EN TODO MOMENTO

Cualquier momento debe ser aprovechado para la educación del niño y la interrelación afectiva con él. Esta es una afirmación que puede extraerse del novedoso estudio.

Doctora en Ciencias Pedagógicas Josefina López Hurtado. En este sentido, la doctora Josefina ejemplificó que la mamá aprovecha el tiempo en que el niño está tranquilito, viendo la televisión, para hacer las tareas domésticas.

«Ese debe ser un instante de interacción y se convierte en un tiempo en el cual está entretenido, pero solo. Ella no se sienta con él a comunicarle, a ver qué está mirando, qué le gusta. Claro, eso le da tiempo a barrer, limpiar, cocinar..., pero lo que debería ocurrir es que ese instante fuera aprovechado para estimular el diálogo y la comunicación».

Doctora en Ciencias Pedagógicas Hilda Pérez Forest. La doctora Hilda significó que a veces las fiestas de cumpleaños se convierten en celebraciones de adultos, en el motivo para la reunificación familiar.

«Una fiesta de cumpleaños bien organizada puede ser un cake y preparar juegos divertidos, donde todos rían, gocen y gasten energías. Sin embargo, desdichadamente, la mejor celebración, desde la óptica del adulto, es aquella en la que más se invirtió; pero la mejor es en la que se invierte más inteligencia para estimularlos.

«No estamos en contra de los payasos, pero hay que fiscalizar qué hacen. A veces el chiste no está acorde con el niño, ni siquiera lo entienden. Hay algunos que hasta se burlan de los pequeños.

«Hay una tendencia a comprar obsequios para los invitados. ¿Qué es una fiesta entonces? Debe ser un homenaje al que cumple años. Incluso, no tiene necesariamente que haber regalos. El agasajado debe acostumbrarse a que se regala la presencia y la compañía, que son una muestra de amistad».

Con respecto a los juguetes, las especialistas coincidieron en que la familia debe tener más orientación sobre cuál es el más adecuado en las primeras edades.

«A veces el padre se debate en comprar determinados objetos que pueden ser grandes, llamativos, vistosos, pero lo hace desde su visión», afirma Hilda.

«Si al niño le dan a escoger entre un depósito con pinzas para colgar ropa y un muñeco de peluche, él va a preferir la cestica. Las va utilizar más, las va a tirar para explorar el espacio, va a empezar a descubrir cómo se pueden unir, cómo puede hacer construcciones a partir de la combinación de estos elementos. El muñeco de peluche se convierte en un adorno si está limpio; si es un reservorio de polvo, en un foco de infección.

«El niño debe tener pelota, aro, bloques, crayolas y juegos de inclusión, que son vitales para esas edades. Debe tener diversas opciones, pero con medida, porque si son muchas se puede desorientar.

«Quisiera sugerirles a los padres la importancia de armar rompecabezas. Tienen que comenzar con pocas piezas. Si a un niño de tres años se le da uno de 25 o 50 piezas, lo disfruta el padre, mientras el pequeño mira. Lo ideal es comenzar con cuatro o cinco piezas.

«Ese juego, el menor lo arma dos, tres, cien, mil veces, y siempre le satisface. Establece una relación entre las partes y ese todo, hace un análisis: se integra y se puede desintegrar.

«Busquemos las posibilidades del material reciclable. No bote el pomo plástico de boca ancha, guárdelo para que él eche sus piedrecitas y se convierta en algo que suene, que él disfruta.

«El día que presentábamos la investigación, hablamos de la importancia de desarrollar el control fino de la mano. Eso implica también una relación con el desarrollo del intelecto. Para eso, el niño debe aprender a hacer torres, saber que hay un ordenamiento de tamaños con bloques; que el más grande va abajo y así va creciendo la construcción.

«¿Pero qué sucede? Pues que a veces la familia no dispone de juegos de madera que puedan servir para hacer bloques. Entonces, tienen que ser los plásticos que venden en los grandes paquetes, que muchas personas no tienen posibilidades de adquirir. Y en la familia, incluso hasta en los círculos infantiles, se hacen de cartón.

«Esos juegos, hechos con materiales no apropiados, no se sostienen, y el niño no adquiere la habilidad de colocarlos, porque cuando va por el cuarto bloque... ¡pum!, se derrumbó. Aunque las indicaciones digan que el niño realiza torres de ocho bloques, no puede hacerlas, porque esa cantidad de piezas de cartón no se aguantan».

EL PROYECTO DEL SIGLO XXI

La caracterización del niño cubano es sin dudas un proyecto ambicioso. En la actualidad se concluye el estudio de los niños de cuatro a cinco, y el pasado año culminó el de tres a cuatro.

Tan amplio trabajo requirió del aporte de varios equipos de investigación. El Centro de Referencia Latinoamericano para la Educación Preescolar posee un equipo nacional, que coordina la doctora Josefina, y que a su vez regula el trabajo de los investigadores, quienes laboraron en equipos con especialistas de las direcciones provinciales de Educación, los institutos superiores pedagógicos, metodólogos y educadores. Además, participaron representantes de Salud, Cultura y las asociaciones civiles.

—¿Es habitual que se realice este tipo de estudio?

—No es muy común, porque se requiere de muchos recursos y apoyo institucional. Quizá otro país latinoamericano puede haberse planteado un estudio de esta magnitud, pero la voluntad política no posibilita cumplir ese sueño, dijo la doctora Hilda.

«Que la educación sea una prioridad del Estado cubano nos permitió dar seguimiento a un trabajo que se inició en el año 2000 y que aún tiene bríos en 2007».

Por su parte, Josefina explicó que la cobertura de atención a los niños en edad preescolar en Cuba es de 99,1 por ciento. «Esa realidad no ocurre en otros países, y por ello también es difícil hacer un estudio como este».

—¿Cómo llegará el resultado de esta investigación a los padres?

—Tenemos una publicación para ellos, que sabemos están ávidos de conocimientos. Se trata de un libro con orientaciones específicas, en un lenguaje para la familia, que puntualiza sobre cuestiones que no deben faltar para lograr un desarrollo óptimo en estas primeras edades.

«Agregamos también tres anexos que para nosotras son muy importantes. Uno de ellos es el horario de vida. Está pasando que los niños viven al ritmo del resto de las personas, y ellos deben tener, por sus características del sistema nervioso, de fatigabilidad, una organización que le permita recuperar las energías y establecer un momento para la alimentación, para dormir...

«Incluimos también la guía de alimentación, aunque existe por otras vías y es orientado por el médico de familia. Y el tema de la vacunación.

«El libro para la familia es posible con el apoyo en financiamiento de UNICEF, que tiene una coordinación muy estrecha con el subsistema de Enseñanza Preescolar del Ministerio de Educación».

—¿Cómo se puede adquirir el libro?

—Esta primera edición se entregó a todas las promotoras del programa Educa a tu hijo y a cada círculo infantil. Nosotros aspiramos a que haya una reimpresión y se lance en la Feria del Libro, para que esté al alcance de todos los padres.

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