Estados Unidos pone la Bioética al servicio del miedo imperial

La élite norteamericana utiliza las ciencias biomédicas y la biotecnología en herramienta de control político y como arsenal de intimidaciones

Autor:

Yailin Orta Rivera

«Entre los neoconservadores —sentados hoy cómodamente en la Casa Blanca— no existe espacio para una concepción verdaderamente humana de la Bioética, más allá de las preocupaciones que se circunscriben a proteger de sus propios excesos el futuro de las sociedades capitalistas desarrolladas de Occidente», sostuvo este viernes Eliades Acosta Matos, jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

En una conferencia magistral que ofreció en la jornada final del IV Encuentro de Bioética de la Educación Superior, que se celebra en la capital desde el 25 de septiembre, el intelectual explicó cómo no hay sitio posible entre esta élite de poder norteamericana para el estudio sistemático de estas ciencias de la vida, examinadas a la luz de los valores y de los principios morales.

El conferencista detalló cómo apenas dos meses y medio después de los atentados del 11 de septiembre, en momentos en que los Estados Unidos enfrentaban una de las mayores crisis de su historia, el presidente Bush constituyó el Consejo Presidencial de Bioética.

Esta entidad sería, supuestamente, la encargada de asesorar sus decisiones en materias relacionadas con los avances de las ciencias biomédicas y los logros de la biotecnología, pero devino herramienta de control y proyección de la política gubernamental neoconservadora en estas áreas.

Para articular ese mecanismo entre los miembros del recién estrenado grupo figuraban tres destacados practicantes de esta filosofía: Charles Krauthammer, Francis Fukuyama y Leon M. Kass, este último nombrado su director. Hay que destacar que los neoconservadores han tenido entre sus postulados ideológicos el principio de que lo que mantiene unida a una nación es el miedo a peligros y amenazas exteriores.

Asimismo no es de extrañar —subrayó— que los avances médicos y biotecnológicos y los problemas de la Bioética este Consejo los convirtió en un aporte fundamental para el arsenal de intimidaciones. «Es aquí donde se explica el, a primera vista, extraño interés de estos personajes que pautan los pasos políticos de Bush, en crear este Consejo en el vórtice de las guerras con Afganistán e Iraq, y en vísperas de otra que esperan llevar a los supuestos rincones más oscuros del planeta», precisó Eliades Acosta.

«Por ello, a menos de un año después de creado, Francis Fukuyama publicó un compendio muy oportuno de amenazas y peligros biotecnológicos y apocalípticos que se han acumulado mientras “América dormía”, y que por su envergadura son capaces de comprometer el futuro de una nación recién agredida» comentó.

«Esta denuncia de peligros y amenazas, reales o figurados, terminó inexorablemente con llamados a aprobar nuevas leyes, casualmente siempre más restrictivas de las libertades y los derechos de los ciudadanos a los que dice defender».

A esto se une —destacó— el reclamo de destinar mayores presupuestos federales para la defensa y la represión. Todo ello, de manera muy curiosa, redunda en la ampliación de los poderes gubernamentales y en mayores ganancias para las trasnacionales y el complejo militar-industrial, que son en rigor los verdaderos amos para los cuales trabajan.

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