Falleció Ricardo Saenz, maestro de periodistas cubanos

Ricardo Sáenz Padrón, uno de los más experimentados periodistas de la prensa escrita revolucionaria murió este miércoles en La Habana

Autor:

Juventud Rebelde

  Al fondo se ve a Ricardo Sáenz, en 1959, junto al director-fundador de Prensa Latina, Jorge Ricardo Masetti. Uno de los más experimentados periodistas de la prensa escrita revolucionaria falleció este miércoles en el Hospital General Calixto García, en Ciudad de La Habana, víctima de cáncer: Ricardo Sáenz Padrón.

Nació en La Habana, el 13 de octubre de 1935, tenía al morir 72 años. Sus pininos como periodista los hizo en el periódico Combate, del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, en los primeros meses de 1959, en la capital del país, y después perteneció a la agencia Prensa Latina.

Posteriormente pasó por el periódico Hoy, el diario Granma, Juventud Rebelde y la revista Bohemia, donde se jubiló a mediados de la década del 90.

En Juventud Rebelde fungió como Jefe de Información, de Redacción y Subdirector editorial.

Militante del Partido Comunista de Cuba, y con varias condecoraciones y premios periodísticos, siguió vinculado a la UPEC, donde, entre otras tareas, fue presidente del jurado del Concurso 26 de Julio.

Ricardo, el gallego, como sus más cercanos compañeros lo llamaban cariñosamente, fue siempre un profesional de excepcionales virtudes, ejemplo de seriedad, responsabilidad y organización, todo ello combinado con gran modestia y sencillez.

Tenía una verdadera vocación por el periodismo, y no solo era capaz de redactar difíciles e importantes trabajos, sino que generaba ideas para que otros compañeros las realizaran.

Criticaba lo mal hecho con toda exigencia, pero respetaba mucho la opinión de los demás con un elevado sentido de la dignidad personal: la suya y la de sus subordinados.

Era un entusiasta vehemente de lo bien hecho, y cuando, como jefe de redacción, caía en sus manos un trabajo valioso corría contento hacia la dirección del periódico, convencido del aporte que haría su inmediata publicación.

Tanto era así, que cuando revisaba un trabajo de los considerados «palos periodísticos», si presentaba alguna falta de ortografía o de redacción, lo arreglaba él mismo y lo entregaba enseguida.

Amante de los pasatiempos que le exigían concentración, como los crucigramas o el ajedrez, y muy conocedor de los deportes, era también un lector voraz y un audaz buscador de las mejores noticias.

Cuando evaluaba el cumplimiento de las tareas de los periodistas bajo su mando, nunca vaciló en hacerlo con el rigor que era necesario, pero siempre de la forma más noble y exigiéndole siempre tanto como sabía exigirse a sí mismo.

Eso fue Ricardo: un verdadero maestro del periodismo, un fiel y revolucionario cumplidor de esa hermosa tarea que es escribir, narrar, informar, contar y formar al pueblo a través de las páginas de un periódico.

Sabio y culto como era, en este oficio de la palabra escrita, nunca alardeó de lo que sabía y era capaz de hacer, y la historia de Juventud Rebelde y de la prensa revolucionaria cubana no puede hacerse sin mencionarlo.

Su cadáver fue cremado. Desde estas líneas, lleguen a su viuda, nuestra colega de Juventud Rebelde ya jubilada, Diana Martínez, y sus familiares, las condolencias de nuestro colectivo.

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