Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Estos 50 años fueron de resistencia y firmeza del pueblo

Entrevista realizada al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, el 31 de diciembre de 2008

Autor:

Juventud Rebelde

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Periodista: Durante los primeros días del triunfo de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresaba al pueblo que aunque la Revolución había triunfado nadie debía imaginar que en lo adelante todo sería más fácil, sino que en lo adelante tal vez todo sería más difícil. ¿Cuán difícil han sido estos 50 años para construir una Revolución socialista frente a las agresiones imperialistas y el complejo panorama internacional?

Raúl Castro.- La frase del Comandante en Jefe, que fue pronunciada el 8 de enero de 1959, al llegar a la capital, en el antiguo campamento de Columbia, el principal cuartel de la dictadura, la recuerdo con toda nitidez, porque me causó una gran impresión de cómo él veía el futuro, y más ahora a los 50 años, por la certeza conque lo previó.

Aquella idea advertía: “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.

 

Esta noche quiero depositarles flores a los caídos del Segundo Frente, a Vilma también. Mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos del Moncada, en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas Esta noche quiero depositarles flores a los caídos del Segundo Frente, a Vilma también. Mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos del Moncada, en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas
Esta noche quiero depositarles flores a los caídos del Segundo Frente, a Vilma también. Mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos del Moncada, en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas.

Y así ha sido, desde sus inicios. Con las primeras medidas que se tomaron en defensa de la Revolución, la captura y juicio de los peores asesinos y torturadores de la tiranía, empezó una confrontación con los medios en manos de las fuerzas dominantes del continente y del planeta, o parte del planeta en ese momento.

Recuerdo la campaña gigantesca que se montó en los primeros meses del triunfo de la Revolución. No pasó mucho tiempo, la Revolución ya estaba en marcha. El 17 de mayo, habían transcurrido cuatro meses y medio del triunfo de la Revolución y se produce la aprobación, en la Comandancia de la Plata, por el propio Fidel, en la Sierra Maestra, donde fue el Consejo de Ministros, de la primera Reforma Agraria. Esa Ley afectó muchos intereses norteamericanos, ya que eran los dueños de las mejores tierras, de las que se habían apropiado fundamentalmente con las ventajas que les daba la ocupación del país, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, donde se dio el caso que simbólicamente pagaron hectáreas de magnífica tierra a 10 centavos de dólar y, como es natural, fue la primera seria afectación que sufrieron sus intereses al recuperar Cuba esa riqueza fundamental que es la tierra.

Considero que esa medida significó algo parecido al Rubicón de la Revolución Cubana. El Rubicón era un río que marcaba la frontera entre Italia y la provincia romana de la Galia Cisalpina. Cuando Julio César decidió cruzarlo, después que el Senado romano le prohibiera entrar en Italia con su ejército, se hizo famosa la frase: “Cruzó el Rubicón”; o sea, que tomó una decisión irreversible. Y fue el Rubicón al afectarse esos intereses norteamericanos y desatarse, con toda virulencia, la lucha de clases y la agresividad del imperialismo contra Cuba.

Puede decirse que fue el primer paso importante, después vinieron otros.

Las constantes agresiones, el golpe que nos daban al negarse a refinar el petróleo que compramos en la Unión Soviética más barato, la advertencia de que tenían que refinarlo, que era una obligación de ellos, su insistencia en negarse, la decisión de nacionalizar sus refinerías, y así, sucesivamente, iniciaron un proceso de golpes y contragolpes. Un paso muy importante, fue en aquel verano de 1960, consecuencia de esa lucha en la cual no nos podíamos detener o era derrotada la Revolución, la nacionalización de todas aquellas grandes empresas norteamericanas. Aprovechamos un congreso de jóvenes latinoamericanos que se celebraba en La Habana, y en el antiguo estadio del Cerro, donde hoy está el Latinoamericano, se improvisó una actividad. Recuerdo que pusimos una pequeña tribuna, en la que apenas cabían algunas decenas de compañeros, por allá por el center field, y entre jóvenes latinoamericanos y cubanos y una gran población de trabajadores y pueblo en general, Fidel proclamó la nacionalización de todas esas empresas.

No se puede decir que el tránsito de un sistema social a otro se produzca en un día, es imposible; es un proceso de muchos pasos, que concluye con el predominio de los bienes de producción en manos mayoritarias de la población.

En el caso de Cuba si hay un día que se puede proclamar como tal es precisamente ese, por el peso que tuvo en la economía el conjunto de todas esas propiedades que pasaron, de propiedad particular norteamericana, a propiedad de todo el pueblo, a través del Estado cubano recién surgido.

Durante ese tiempo, en 1960, se empiezan a desatar las bandas contrarrevolucionarias que se hicieron fuertes en las montañas del Escambray; aunque lo intentaron en las diferentes provincias, sobre todo las que tenían sistemas montañosos.

Hay que tener en cuenta que el gobierno del presidente estadounidense, Dwight Eisenhower (1953-1961), ya en su etapa final, había producido la invasión de Guatemala en 1954 —siete años antes—; la Guatemala progresista de Jacobo Arbenz, coronel, persona honesta, que llegó a la presidencia por la vía de las elecciones y ante la miseria de la gran masa de indios y de campesinos guatemaltecos hizo una pequeña reforma agraria —digo pequeña, si la comparamos con el alcance y profundidad que tuvo la nuestra—, eso fue suficiente para que condenaran a muerte, su proceso revolucionario. Eisenhower, John Foster Dulles, su secretario de Estado, y el hermano de este último, Allan Dulles, quien era jefe de la CIA, tomaron tal decisión.

Fue una invasión más pequeña que la de Girón, fue por tierra, no hubo resistencia, vaciló el presidente Arbenz, no armó al pueblo que estaba decidido a luchar, según las manifestaciones que se observaban. Nosotros pudimos seguir esa situación por la prensa que nos llegaba al presidio de Isla de Pinos, donde desde hacía un año estábamos presos por el ataque al cuartel Moncada.

En los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, ese era el trío que decidía todavía la política en Estados Unidos, (Eisenhower, los hermanos Foster y Allan Dulles), aunque ya contando o por lo menos compartiendo la información con la futura administración que ya había sido electa, encabezada por John F. Kennedy (1961-1963).

Es por ello que durante el año 1960 planifican dicha operación, la aceleran, porque ya sabían que estábamos preparando pilotos para aviones Migs en los países socialistas y querían acelerarla, y se percataron de que estábamos adquiriendo armamentos para fortalecer la defensa de la Revolución.

No obstante, concluye el mandato de Eisenhower, del Partido Republicano, y a partir del 20 de enero de 1961 asume la presidencia de Estados Unidos, el demócrata John F. Kennedy.

Hay que decir, antes de continuar esta fase, que Foster Dulles —el secretario de Estado de Eisenhower— era abogado de la United Fruit Company, que fue la que estimuló y apoyó, fundamentalmente, la intervención en Guatemala; eran los dueños de las grandes plantaciones bananeras y de otras propiedades en ese país, al igual que en otras repúblicas centroamericanas. United Fruit Company era la misma que en Cuba tenía otro nombre: United Sugar Company, allá banano, aquí azúcar. Les dio resultado la aventura del año 1954 contra Guatemala e intentaron hacer igual, con un poco más de fuerzas, más aviones, barcos, porque somos una isla y tenían que ser transportadas en barco las fuerzas invasoras; pero fueron los mismos y por los mismos intereses que organizaron la agresión de Playa Girón, mucho antes de que aquí ni se hablara de socialismo.

El 2 de enero de 1961, utilizando de pretexto el discurso de Fidel el primero de enero en la Plaza de la Revolución, deciden romper las relaciones diplomáticas con Cuba. Era un pretexto, ya Playa Girón estaba planificada. La agresión a nuestro país estaba decidida antes de proclamarse el carácter socialista de la Revolución Cubana que, como sabes, fue el 16 de abril de 1961, lo que demuestra que venían creando las condiciones para ya no tener relaciones diplomáticas y agredirnos.

Kennedy, a los dos meses y medio de asumir la presidencia, lanza la invasión de Playa Girón, empezando con los bombardeos del 15 de abril.

Ese es un ejemplo de por qué yo digo —uno de los tantos— que en Estados Unidos hay un solo partido. En esa ocasión la invasión la planificaron los republicanos y la ejecutaron los demócratas. Eso es como si en Cuba existieran dos partidos: uno lo dirige Fidel y el otro Raúl, con pequeños matices de diferencia, pero es lo mismo.

Hay que decir que en esta operación de Playa Girón hubo un joven y prometedor oficial de la CIA, que se ocupó del reclutamiento de la mayoría de los mercenarios que fueron alistados en la Florida fundamentalmente y trasladados después a Centroamérica para su entrenamiento y siguiente partida hacia Cuba. Ese joven oficial, quien posteriormente fue jefe de la CIA y más adelante presidente de Estados Unidos, se llama George H. Bush (1989-1993), en este caso el padre del actual mandatario George W. Bush (2001-2009) —para que vean que todo es el mismo poder, una misma élite que se alterna en el poder, según las circunstancias.

Cuando Playa Girón estábamos alfabetizando el país. Ya a las bandas contrarrevolucionarias se les había dado un golpe poderoso con la movilización de decenas de miles de obreros, fundamentalmente, de la capital, para lo que se llamó la Limpia del Escambray, y ellos estuvieron pensando desembarcar por Trinidad, y, si fracasaban, se encontraban a un paso prácticamente del macizo mal llamado del Escambray, su verdadero nombre es Guamuhaya.

Como se les dieron esos golpes en el año 1960, estudiaron entonces la variante de Playa Girón, que no es mala, es el humedal más grande del Caribe —del Caribe insular me refiero—, difíciles sus accesos, una carretera que atraviesa la ciénaga, la principal vía de comunicación, donde en un lugar llamado Pálpite, en medio de la misma, donde hay un poco más de tierra firme, lanzaron sus paracaidistas y la ofensiva tuvimos que hacerla en fila india los tanques, la artillería, los soldados, las tropas no se podían desplegar, y esa es una de las causas de que tuviéramos más bajas que los agresores.

Es conocida la advertencia de Fidel y la orden de liquidar la invasión en 72 horas. Había que liquidarla en 72 horas, porque se previó, con mucha lucidez por parte de Fidel, que si no lo hacíamos así, una vez que consolidaran su cabeza de playa, hubieran trasladado hacia allí al gobierno títere, que ya tenían formado, encabezado por Miró Cardona, en una base militar norteamericana en la Florida.

Consolidada la cabeza de playa, el gobierno títere ya en tierra firme, reconocido por Estados Unidos, reconocido por la OEA a la que le pedirían ayuda inmediatamente y los barcos norteamericanos ya a la vista, era fácil, era lógico el desembarco de esas tropas para apoyo de los mercenarios. Por eso esta invasión se produce en 1961.

Y dando un salto operativo, como decimos los militares, cuando en enero de 1962, bajo el dictado del gobierno de los Estados Unidos, nos expulsaron de la OEA y todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. El país que ha sido agredido unos meses antes cuando Playa Girón, ahora es expulsado de la OEA, bajo las indicaciones de Estados Unidos ante su ministerio de colonias, como le llama el canciller Roa.

¿Por qué era eso? Porque una vez derrotados en Girón, los Kennedy, la administración norteamericana y el sistema no resistían esa afrenta, esa humillación, esa derrota por un país pequeñito frente a su poderío, y ya esa expulsión de la OEA era creando las condiciones. Como antes los yankis hicieron, que rompieron relaciones en enero para tener las manos libres y atacarnos en abril en Girón, la OEA nos expulsa en enero por ser incompatible nuestro sistema con su “sistema democrático”. El objetivo era la invasión directa, probablemente, el mismo año 1962, que solo se pudo impedir por la presencia de los cohetes nucleares soviéticos en Cuba; de lo contrario, hubiéramos sido invadidos. Había quien tenía dudas si eso iba a ser cierto o no, las dudas se esfumaron años después; con la desclasificación de documentos secretos, era evidente que ya estaban preparando la agresión.

Señalo solo los aspectos más visibles, más sonados, más importantes de aquellos años. Fueron cinco o seis años muy duros. El bloqueo ya estaba andando; pero existía la Unión Soviética bajo la dirección del Partido Comunista soviético y de Jruschov, que tuvieron una actitud muy positiva y desempeñaron un papel muy importante para el hecho de que pudiera subsistir y resistir la Revolución. Fuimos dotados con una buena cantidad de armamentos de todo tipo, hasta lograr la fortaleza con la que hoy contamos desde el punto de vista militar.

Es decir que viene Girón, viene el acuerdo entre dos presidentes, uno asesinado y el otro destituido, acuerdo verbal de la retirada de los cohetes con el compromiso de no agredir a Cuba; pero entonces surge la Operación Mangosta, dirigido por el hermano del Presidente, o controlado, supervisado, por Robert Kennedy, procurador del gobierno norteamericano, que también tuvo participación en los contactos que hizo con la mafia norteamericana para los conocidos y ya investigados planes de atentados a Fidel, de los tantos que planificaron.

Fueron cinco años de constante lucha interna; miles los muertos y heridos, víctimas del terrorismo de Estado, orientado, organizado y dirigido por Estados Unidos.

Crearon entonces en Miami un centro de la CIA, el más grande que existía después de sus oficinas centrales que están en Langley. Cientos de oficiales de la CIA dirigiendo las actividades contra Cuba, primero de Girón y después de la Operación Mangosta; solo fue superado ese centro por el que años después establecieron en Saigón, la ciudad hoy llamada Ho Chi Minh, en el sur de Viet Nam, cuando la agresión a ese país, un centro muy grande de la CIA; solo ese superó el que hicieron en Miami para luchar contra nosotros.

Llegó a haber, como se sabe, 179 bandas contrarrevolucionarias armadas en todo el país de diferentes tamaños, a veces se unían, daban un golpe, se volvían a fragmentar; en dos ocasiones estuvieron en las seis provincias del país, antes de la actual división político-administrativa, incluso en el sur de La Habana, que era una sola provincia.

Fueron seis años, creo que hasta por allá por el año 1965 o enero de 1966, que aniquilamos la última banda de aquella etapa; después surgieron algunas, en diferentes períodos, que eran eliminadas rápidamente. Se fue fortaleciendo la Revolución, existían las milicias campesinas, compañías serranas.

Como te decía, fue en el Escambray donde único alcanzaron fuerza. Oriente era un lugar muy peligroso, era la provincia más grande, hoy son cinco provincias, la zona más montañosa, donde existía una base norteamericana; y allá por los años sesenta Fidel me dijo, cuando empezó a complicarse la situación: “Mira, vete para Oriente y yo me hago cargo del Ministerio de las Fuerzas Armadas con el Jefe del Estado Mayor” —que era Sergio del Valle, ya fallecido—, “vete para allá, ve organizando el Ejército Oriental, que si salvamos Oriente, salvamos a la Revolución”, es la confianza que él tenía por la fuerza de Oriente, la importancia de Oriente, y en los propios orientales, esa confianza que siempre hemos tenido, su tradición de lucha. Y así fue, yo estuve año y medio allí, fundé el Ejército Oriental, periódicamente venía a La Habana, participaba en las reuniones más importantes, y posteriormente Fidel, igual que mandaba al Che para Pinar del Río, a Almeida para el Centro, a mí me mandaba para Oriente cada vez que había una crisis de este calibre, de esta magnitud: Crisis de Octubre, Girón; pero en esta ocasión que te dije estuve más o menos año y medio allí.

Eso, junto con el bloqueo, los sabotajes permanentes, yo he narrado que a veces llegaba al Ministerio de las Fuerzas Armadas y venían cuatro o cinco ayudantes, que eran enlaces con los diferentes territorios, ejércitos y regiones del país, y para andar más rápido no me hacían informes, venían con un listado de lo que había acontecido en las últimas 24 horas, o por lo menos las últimas 12 horas de la noche anterior: decenas de casas de curar tabaco incendiadas en Pinar del Río, tantas decenas de cañaverales ardiendo en todo el país, según la época del año; tantos combates librados, tantas bombas en ciudades y otros lugares, tantos sabotajes a tendidos eléctricos. A veces yo les decía: “Díganme lo más importante”, y eso fue, con mayor o menor intensidad, durante cinco o seis años.

Es un botón de muestra de una época de mucha actividad, de mucha agresividad del enemigo, pero con mayor o menor intensidad, esa ha sido la lucha durante estos 50 años. El daño ha sido grande, pero también las ventajas han sido grandes.

Periodista: ¿A partir de ese recorrido histórico, cómo definiría la participación del pueblo para enfrentar todas estas agresiones durante este medio siglo?

Raúl Castro: Te diría que estos 50 años fueron de resistencia, los años de la subsistencia, los años de la firmeza del pueblo, los que nos mantuvimos firmes, que es la inmensa mayoría del país.

Después vino el gran golpe de la disolución del campo socialista, muy especialmente de la Unión Soviética, con el que teníamos el 85% del intercambio comercial, donde el Producto Interno Bruto, que es el valor de toda la producción de un país, cayó un 33%; el transporte colapsa, empieza a colapsar todo —menos mal que teníamos en los almacenes bastantes piezas de repuesto— y se empezó un nuevo período al que Fidel, 10 años después de haber comenzado este período especial —es un término que usábamos los militares en la planificación para en caso de guerra; la economía pasaba a un período especial, por eso se usó ese término—, calificó como la época más gloriosa de estos 50 años de Revolución. ¿Por qué? Por la resistencia del país.

No podemos olvidar actos terroristas y crímenes como el del avión de Barbados; no podemos olvidar asesinatos de nuestros adolescentes alfabetizadores en las montañas por aquellas bandas que actuaban en los primeros años. Así sucesivamente, no podemos olvidar las cifras de esas víctimas mortales, que en estos 50 años suman 3 478 y los condenados de por vida a incapacidades que alcanzan el número de 2 099.

No podemos olvidar los 101 niños muertos cuando el dengue hemorrágico. Según organizaciones internacionales de salud resulta imposible por causas naturales lo ocurrido en Cuba, donde en pocas horas hubo que ingresar a 344 203 personas afectadas, dándose el caso verdaderamente récord de 11 400 nuevos enfermos reportados en un solo día, el 6 de julio de 1981.

Son cuestiones que pasan así, como una película rápida por la mente, sobre todo, en esta fecha de hoy, en que hace 50 años que se rinde a Fidel el ejército de Batista, las guarniciones que estaban en Santiago, los momentos que estábamos viviendo hace 50 años; el Primero de Enero, donde pudimos presenciar cómo se desmoronó ese ejército, fundado por los norteamericanos cuando disolvieron el ejército mambí a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, esa Guardia Rural que nos dejaron como herencia, ese ejército instruido por ellos, que fueron vencidos por el Ejército Rebelde.

¿Qué era el Ejército Rebelde? Ni más ni menos que el ejército mambí; retomó las armas del ejército mambí, que fue desarmado por el imperialismo, por el naciente imperialismo, que empezaba a tomar fuerzas, y que Lenin calificó esa guerra hispano-cubana-norteamericana como la primera guerra imperialista. Ya el mundo había sido dividido por las grandes potencias, en una reunión en Berlín, en el último cuarto del siglo XIX, y para obtener nuevas tierras había que quitárselas a otras potencias coloniales. Ese fue el pretexto que aprovecharon para quedarse con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y a Cuba, por ser la que más luchó, por espacio de cerca de 30 años, con sus altas y sus bajas, le permitieron un himno, una bandera, un escudo y una Constitución con una enmienda llamada Platt, por el nombre del senador que la propuso.

Tal enmienda les daba el derecho a intervenir en Cuba cuando lo estimaran pertinente e hicieron uso de eso en más de una ocasión.

La Enmienda Platt rigió hasta después de la caída de la dictadura de Machado, por la década del 30, pero siguió lo mismo. Realmente, por esas cosas de la historia, el primer soldado americano entra en La Habana el primero de enero de 1899. Esta guerra se libró en Oriente y por eso ellos entran en La Habana una vez que se habían rendido las tropas españolas, el primero de enero de 1899; y por esas ironías de la historia las primeras columnas guerrilleras de la Revolución enviadas por Fidel, la del Che y Camilo, entraron a La Habana también el Primero de Enero, un primero de enero, pero de 1959.

Quiere decir que el dominio absoluto norteamericano en este país duró exactamente 60 años. Cierto es que algún capital norteamericano ya había entrado con anterioridad a Cuba; pero el dominio absoluto del imperialismo norteamericano en Cuba duró 60 años, de un primero de enero a otro primero de enero.

Y esos 60 años tuvieron sus altas y sus bajas, dejaron un gran complejo en el país, una gran confusión, un gran dolor, hasta que empiezan a resurgir de las cenizas de aquellos acontecimientos los movimientos populares, surge el primer partido comunista en el año 1925, fundado por Mella y por Baliño, un joven brillante y un veterano amigo de Martí, luchador por la independencia. El imperialismo que manejaba el país instaura la dictadura machadista, hace fracasar la revolución que la derroca; surge Batista, un sargento del Estado Mayor que conocía todas las interioridades de dicha institución, con un grupo de sargentos dio un golpe, a los pocos días es coronel: es el nuevo instrumento del imperialismo como poder detrás del trono desde 1933 hasta las elecciones de 1940, y es presidente hasta 1944, se retira al extranjero, surgen los llamados gobiernos auténticos y corruptos de Grau San Martín y Prío Socarrás hasta 1952, y es el 10 de marzo de ese año que resurge nuevamente Batista, prohijado, como siempre, por el gobierno norteamericano. Esta vez la dictadura duraría siete años.

En esa época América Latina estaba plagada de dictadorzuelos al estilo de Batista, que era el método que utilizaban los Estados Unidos, fundamentalmente, para tener el dominio absoluto del continente, también en el Caribe, en el Caribe anglófono todavía eran colonias inglesas; pero en República Dominicana y Haití, la llamada La Española, la segunda en tamaño de las Antillas Mayores, había dictaduras ni más ni menos que la de Trujillo y la de Duvalier. Esa era la situación del continente.

Ahí empezó la lucha del Moncada, conocida perfectamente por nuestro pueblo; una dictadura que duró unos siete años, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el primero de enero de 1959: cinco años, cinco meses y cinco días transcurridos desde el ataque al Moncada hasta el triunfo, una coincidencia de tres cinco.

Periodista: Constituye un hecho inédito en la historia de la humanidad que los principales líderes de un proceso revolucionario puedan ver después de 50 años del triunfo los frutos de las ideas por las que se luchó y continúen trabajando para seguir consolidándolas. ¿En el plano personal qué sentimientos experimenta usted hoy?

Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro RuzRaúl Castro: Cuántas cosas, sentimientos, sensaciones, vivencias han pasado en estos 55 años desde el Moncada. Nos ha tocado vivir esta época, la más gloriosa en la historia de esta nación, la de la gran tensión, y hoy somos respetados.

El pueblo de Cuba se siente orgulloso de sí mismo, se siente seguro de sí mismo, está orgulloso de su Revolución, con un sentido de pertenencia de su Revolución.

Periodista: Usted ha hablado en reiteradas ocasiones del tema del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, que casi cumple medio siglo y que ha costado al gobierno cubano y a su pueblo años de lucha y de resistencia; también del complejo panorama internacional de guerra, de desunión, de desastres naturales. Cuba hoy, a 50 años de Revolución, ¿qué estrategias implementa hacia lo interno, para seguir defendiendo la Revolución socialista que construimos?

Raúl Castro: Ante todo, basarnos en nuestros propios esfuerzos —ya eso lo ha expresado Fidel hace rato—, y sobre todo después que nos quedamos solos, después de la disolución del campo socialista; la necesidad de basarnos en nuestro propio trabajo. Ya lo dijo Fidel en la magnífica definición del concepto Revolución aquel primero de mayo del 2000, en la Plaza de la Revolución, en La Habana.

Cuestión vital es desarrollar las producciones internas, incrementar las exportaciones, producir todos los alimentos que se puedan producir en este país, ahorrar. Nadie, ni una persona ni un Estado, puede gastar más de lo que produce, sería dejarles a nuestros hijos y nietos una gigantesca deuda; no es ético, no hay derecho.

Hemos resuelto muchos problemas, pero el propio desarrollo trae aparejado otros nuevos.

La tasa de natalidad es baja. Al cierre de este año se ha incrementado algo, la cifra sobrepasa en 10 mil nacimientos los del año pasado, es poco todavía.

La esperanza de vida se ha elevado. Tenemos miles, decenas de miles, cientos de miles de personas en la tercera edad. Igual que es necesario hacer círculos infantiles para los niños —que como ya sabes, no alcanzan, muchos se cerraron, otros se vieron afectados—, ya a cierta edad hay que hacer casas para los abuelos, que se pasen el día en dichas casas y por la noche vayan a su propio hogar con el resto de la familia; pero hay casos en que ya eso no podrán hacerlo por su edad avanzada, tienen que estar con la familia y es difícil para la familia cuando ya se llega a cierta edad, habrá que hacer más asilos.

La esperanza de vida es una gran ventaja. Cuando atacamos el Moncada, andábamos en 59 años de esperanza de vida y hoy estamos en 77,97. La mortalidad infantil disminuye.

Hay muchas cosas positivas que traen aparejados nuevos problemas que tenemos que enfrentar.

No hemos tenido paz, no hemos tenido tranquilidad. El enemigo dice que el socialismo ha sido un fracaso. ¿Por qué no nos dejan tranquilos para luchar en igualdad de condiciones? Pero no ha sido ningún fracaso, ni siquiera en estas condiciones. Ha sido un incesante batallar.

Hemos tenido que dedicar gigantescos gastos a la defensa, porque, como ya hemos dicho en otras ocasiones: para nosotros evitar la guerra equivale a ganarla; pero como hemos añadido: para ganarla, evitándola, hay que derramar ríos de sudor y no pocos recursos, miles de kilómetros de túneles; menos los barcos de guerra, todas las unidades están bajo tierra. Eso cuesta, eso da seguridad.

Por mucho que puedan bombardear un día, por mucho que puedan bloquearnos, el problema es que para resolver el problema de Cuba hay que desembarcar, y ahí es cuando estemos de igual a igual, soldado a soldado, la cosa es diferente.

Yo no quisiera ver ni en un laboratorio lo que sería una agresión a Cuba por parte de Estados Unidos, porque el precio que tendría que pagar nuestro pueblo sería muy caro, muy elevado. Aunque Martí lo dijo: la libertad cuesta muy caro y hay que resignarse a vivir sin ella o estar dispuesto a pagar el precio que sea necesario. Y ya se sabe lo que hemos hecho nosotros: desde hace más de un siglo hemos estado dispuestos a pagar el precio que sea necesario, lo hemos pagado.

Pero tenemos que ahorrar, tenemos que eliminar gratuidades. Si queremos equilibrar los salarios en el justo papel que deben desempeñar, hay que, paulatinamente, o simultáneamente, ir eliminando gratuidades indebidas, que fueron surgiendo por aquí y por allá, y subsidios excesivos. El Estado siempre tiene necesidad de ir subsidiando para ir equilibrando, ayudando a los de menos ingresos, por un motivo o por otro, siempre tiene que haber subsidios en una cosa u otra, pero no abusar de eso. Nadie se acuerda de lo que recibe de subsidios y de gratuidades, solo se lleva la cuenta de lo que se recibe en el salario mensual, y esa cuenta está mal sacada. Tenemos que aprender que dos y dos son cuatro, no cinco; a veces, tal vez en el socialismo, dos y dos da tres. Esas son cuestiones fundamentales.

Tenemos que saber que hemos estado viviendo y tenemos que continuar viviendo en una situación tensa y difícil; se nos viene encima, la tenemos ya, un mundo turbulento, con una crisis económica y financiera que se sabe cómo empezó, pero no se sabe ni cuándo ni cómo terminará, mucho peor y más grave que la de hace 80 años, en la década del veinte del siglo pasado; afectará a todos, y, como es natural, a los países más pobres, y dentro de los países ricos, a los ciudadanos más pobres. Tal vez nosotros, en algunos aspectos, seamos menos afectados. Tenemos un pueblo entrenado, más del 70% de la población nació en condiciones de bloqueo; si hay algún país que está entrenado para resistir situaciones de este tipo somos nosotros y está demostrado que vivimos.

Tenemos que darle el verdadero valor al trabajo, y podemos quedarnos roncos hablando y predicando ese concepto, que si no tomamos las medidas para que las personas sientan la necesidad vital de trabajar para satisfacer sus necesidades, no acabaremos de salir de este bache, y saldremos.

Quizás no podamos resolver muchos de los problemas con la rapidez que se requiere. Hay que trabajar, hay que ponerse para ese concepto que es trabajar, crear y ahorrar. Esa es la situación, creo que se entenderá. Son verdades, por duras que sean, nosotros no podemos edulcorarlas, tenemos que decirlas.

Tenemos para el 2009 grandes tareas: continuar el reparto en usufructo de las tierras; se ha avanzado, ya salimos de las primeras trabas iniciales que nos encontramos por hábitos atávicos de burocracia. Vamos saliendo por lo menos, en parte, de los daños ocasionados en la producción agrícola, por los tres terribles huracanes que nos azotaron.

Esos huracanes nos costaron un poquito más de 9 700 millones de dólares —y nunca se suele sacar la cuenta exacta, porque es muy difícil, de los daños que nos ocasionaron—, lo que equivale a alrededor del 20% del Producto Interno Bruto del país. Se sacaron las reservas que teníamos para alimentar a la población, no hay quejas de ese aspecto. No podremos en muy poco tiempo resolver las deudas de viviendas que tenemos de viejos huracanes del año 2002, 2005, más las nuevas viviendas destruidas; hasta que en todo el país no tengamos casitas que puedan resistir, con sus placas, y que puedan resistir los huracanes cada vez más frecuentes y violentos, tendremos esta situación.

Hemos decidido que en muchos lugares de las costas, sobre todo, en la costa sur, donde son continuos y repetitivos los huracanes o penetraciones del mar que destruyen viviendas, construirlas más atrás. La población quiere que se le haga en el mismo lugar donde las tenía, viene otro fenómeno de este tipo y volvemos a la misma situación. En Cuba, cualquier cosa sirve como casa por el clima, pero no para resistir los huracanes. Ya vamos experimentando que son más frecuentes y más violentos por las conocidas razones de la alteración del clima, fundamentalmente, por la irracionalidad humana, problema aún no resuelto.

Estamos llenos de optimismo, siempre hemos sido optimistas hasta en los peores momentos, lo aprendimos de Fidel, desde cuando —hizo 50 años el pasado 18 de diciembre—, con sus dos fusiles unidos a los cinco que yo llevé, me hizo la famosa pregunta: “¿Cuántos fusiles traes?” “Cinco.” “Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”. Siempre fue igual, sacaba fuerzas de donde parecía que no había posibilidades de ningún tipo, ni de sobrevivir ni de seguir avanzando. Eso es una historia constante.

Estos 50 años son años heroicos. Los que tuvimos el privilegio de vivirlos conscientemente y participar activamente en todos esos grandes acontecimientos, junto con nuestro pueblo, tenemos que sentirnos orgullosos de todo lo que hemos vivido, esa gloria que no podemos mancillar, que no podemos dejar caer, que tenemos que continuar, porque el imperialismo está ahí.

Periodista: A partir del reciente resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, varios analistas en la prensa internacional especulan que existen expectativas de cambio con la asunción a la Casa Blanca de Barack Obama. ¿Cuál es su apreciación?

Raúl Castro: Ahora hay un presidente que ha levantado esperanzas en muchas partes del mundo; pienso que esperanzas excesivas, porque aunque sea un hombre honesto, y creo que lo es, un hombre sincero, y creo que lo es, un hombre no puede cambiar los destinos de un país, y mucho menos —un hombre solo, me refiero— a Estados Unidos. Podrá hacer mucho, podrá dar pasos positivos, podrá hacer avanzar ideas más justas, podrá frenar la tendencia, casi ininterrumpida desde el surgimiento de Estados Unidos, en que casi todos los presidentes han tenido su guerra, o sus guerras. Dijo que va salir de Iraq, buena noticia. Dice que va a duplicar las fuerzas en Afganistán, mala noticia. Las soluciones de los problemas del mundo no pueden ser a base de guerra.

Considero que con Afganistán no hay solución, salvo una: dejar quietos a los afganos. Por allí solo entró y salió ileso Alejandro Magno, será porque se casó con una princesa afgana, pero, sobre todo, porque se fue rápido. Ahí los ingleses sufrieron un descalabro en el siglo XIX; en el siglo XX los soviéticos sufrieron su descalabro, que vivimos todos nosotros, y en el siglo XXI los norteamericanos y los que con ellos se queden en Afganistán sufrirán también su descalabro. Son realidades, y eso es negativo.

Los gigantescos recursos que se dedican a las cuestiones militares, a las guerras, desde la guerra de Viet Nam... ¿Para qué la guerra de Viet Nam? ¿Para qué la agresión? ¿Para qué cerca de 60 000 muertos norteamericanos? Ignoro la enorme cantidad —debe ser dos o tres veces mayor— de inválidos, heridos, mutilados. ¿Para qué 4 millones de vietnamitas muertos, de ambas partes? ¿Qué objetivos? ¿Qué lograron? ¿Para qué el bloqueo a Cuba 50 años, qué han logrado? Nos han fortalecido más, nos sentimos más orgullosos, nuestra resistencia, somos más fuertes, estamos más confiados.

Ojalá me equivoque en mi apreciación. Ojalá el señor Obama tenga éxitos; en cuanto a nosotros tenga éxitos, pero en una política justa, y que ayude a resolver, por el poderío que tienen, los graves problemas del mundo.

Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad de condiciones, como ya he dicho, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y de igual a igual. Y como suele suceder o solía suceder que a cada rato venía alguien a pedir que hiciéramos un gesto, como también recibí una carta de un ex presidente que sugería que se aproximaban cambios ante las elecciones presidenciales en Estados Unidos y que era bueno que Cuba hiciera algunos gestos, con la misma amabilidad que me escribió le contesté: La época de los gestos unilaterales se acabaron; gesto por gesto. Y estamos dispuestos a hacerlo cuando lo decidan ellos, sin intermediarios, directamente. Pero no estamos apurados, no estamos desesperados, y, por supuesto, ya lo dijimos y lo dijo Fidel también desde hace años: no discutimos con garrote y zanahoria, ya eso pasó, ya eso era otra etapa.

Esa es nuestra posición, seguiremos a la espera pacientemente. Cosa increíble que con el temperamento de los cubanos aprendamos a tener paciencia; la tenemos, y por lo menos en esto lo hemos demostrado.

Periodista: Durante estos cincuenta años los Estados Unidos han hecho lo imposible por aislar a Cuba del mundo. Recientemente nuestro país ha roto ese aislamiento de los mecanismos regionales de integración con el ingreso al Grupo de Río. ¿Qué representa ese hecho para Cuba?

Raúl Castro: Fue muy emocionante cuando en el estado de Bahía, Brasil, donde se celebraron tres de las cumbres que participé, en presencia de la casi totalidad de los jefes de Estado de América Latina y del Caribe, que por primera vez en la historia se reúnen sin la presencia de fuerzas extrarregionales —dígase Canadá, Estados Unidos o Europa—, cuando yo dije con bastante emoción que lo que lamentaba era que Fidel no estuviera sentado allí en ese momento, fue una ovación generalizada de todos. Ese fue un gran reconocimiento y una gran alegría de nosotros que captó el pueblo, porque fue un reconocimiento a nuestra resistencia, como yo dije: “¡Estamos aquí porque resistimos, resistimos medio siglo!” y, por supuesto, hay que estar listos para resistir medio siglo más.

La vida es un permanente batallar, es un eterno luchar, hay quienes se cansan y después reniegan de lo que hicieron; por suerte pocos. El pueblo se mantiene, y así mantendrá por siempre su Revolución. Precisamente, un ejemplo de resistencia son nuestros Cinco Héroes que ya cumplieron diez años de injusta prisión en cárceles norteamericanas.

Periodista: Sobran las razones para un día como hoy celebrar el 50 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. ¿Cómo rendirá usted homenaje a esta conmemoración?

Raúl Castro: Pienso esta noche, a las 12:00 estar en el Mausoleo de los compañeros caídos en el Segundo Frente o que fueron enterrados allí posterior al triunfo. Quiero depositarles flores a ellos, a Vilma también; escuchar con ellos los cañonazos del 50 aniversario de la gran alborada y el Himno Nacional. Y mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos en el Moncada, a los caídos en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas santiagueros en homenaje a los de todo el país. Lo haré contento, emocionado y lleno de optimismo en el futuro.

Periodista: Muchas gracias y felicidades por el 50 aniversario del triunfo de la Revolución.

Raúl Castro: Gracias a nuestro heroico pueblo.

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