Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Ni la conexión generacional ni la continuidad deben ser acríticas

Todo lo que eres y lo que seas capaz de crear y producir con tu talento y con tus propias manos es tu obra, y si es junto a tus contemporáneos es una obra generacional que, mientras más ardua, más enaltecedora, aseguró el Presidente cubano en entrevista exclusiva con Juventud Rebelde a propósito de este 4 de Abril

Autor:

Yuniel Labacena Romero

 

Pudo ser científico. Cuando se adentra en los terrenos de su carrera de ingeniería lo hace seguro y relajado, como quien pisa en dominios que le son muy queridos. Incluso, no pocos advierten que sus reacciones y no pocas respuestas a los desafíos políticos tienen el sello del ingeniero. Pero la vida —esa maestra imprevisible— lo fue llevando a otros caminos, porque esta «no es lineal, y también tiene que ver con responsabilidades, con sacrificios, con actitudes, con maneras de asumirla».

Y así, entre encargos que pesan como mochilas llenas de piedras y sacrificios que se vuelven músculo, fue armando su propia brújula. Ingeniero en Electrónica, sí, que terminó al frente de los destinos de Cuba, precisamente tras figuras históricas y simbólicas de tanto peso como Fidel y Raúl. Pero para llegar por méritos propios a semejante posición hubo un antes, que comenzó como otro muchacho común con liderazgo en bicicleta, misiones internacionalistas tempranas en Nicaragua y otras que a estas alturas se agolpan en el recuerdo. Todo: una geografía del alma que aún le palpita, que «remueve las nostalgias».

Por eso hay preguntas que no caben en los libros de texto, esas que se heredan como un mapa arrugado: ¿cómo se aprende a crecer como humano comprometido cuando el mundo se desmorona? ¿Cómo se ríe un muchacho en medio de una época dura, cómo se enamora, cómo se cae y se recompone? ¿Dónde guardan sus tormentas los padres que fueron jóvenes en años de coraje? Porque la juventud no es una edad, es un territorio que se cruza a pedales, con el pecho contra el viento y los sueños atados al manillar.

Hoy, cuando la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y la Organización de Pioneros José Martí están de cumpleaños, este diálogo se vuelve puente. Porque Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, tiene con más de 60 años mucho de aquel dirigente juvenil de los años 90 que pedaleaba sin más brújula que la fe en lo colectivo, pues a su generación «le tocó recomponer sus sueños y pasar por encima de los escombros del Muro de Berlín».

¿Y saben cómo lo hicieron?, montando bicicletas. «En bicicleta íbamos a las universidades, en bicicleta íbamos a las actividades, en bicicleta íbamos al trabajo, en bicicleta hacíamos trabajos voluntarios y nos vinculábamos con los diferentes sectores», cuenta el Jefe de Estado, y aunque admite que «no fue una época perfecta», aquella manera de pedalear contra el viento era también una forma de decir: ¡aquí estamos, no nos rendimos!

Fotos: Archivo de JR

Por eso, nuestro diario quiso que el Presidente hablara de esa época con los pinos nuevos y, como ingeniero que sabe ponerle tiempo a la precisión, buscó un espacio para responder a cinco interrogantes de nuestra multiplataforma, pues ha defendido que «es preciso hablar y compartir realizaciones con nuestros jóvenes como las más importantes personas que son; distinguirlos como gestores de las transformaciones en marcha».

Entonces, la entrevista fue la de un dirigente político que, viniendo de una familia muy humilde y fogueado en las siempre aguijoneantes condiciones de la Revolución en Cuba, repasa el valor enorme de sus vivencias para una generación a las que deben resultarle inspiradoras, porque encara dilemas sociales, políticos y patrióticos muy determinantes.

Por ello nos parece, a veces, que desgrana sus respuestas como un padre que le cuenta a su hijo. Es un joven de ayer que no pretende aleccionar con moralinas infuncionales al de hoy, sino que le tiende la mano, los sentimientos y la experiencia para que tenga la capacidad de decidir por sí mismo y junto, en unidad, con sus iguales en edad.

—Usted ha contado varias veces que su vida está estrechamente unida con la UJC, organización que comenzó a dirigir desde la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, incluso, llegó a ser Segundo Secretario de su Comité Nacional. Fue un período muy difícil, complejo, para Cuba como los que vivimos hoy, pero sus dirigentes juveniles asumieron diferentes tareas, liderearon procesos, no paraban de hacer cosas…

—Fue una época desafiante, muy desafiante y muy creativa. De la noche a la mañana, el campo socialista se desintegró, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir y los enemigos de la Revolución se lanzaron con todo: bloqueo estadounidense reforzado por la Ley Torricelli y doble bloqueo por parte de las exrepúblicas socialistas. Ya Fidel había anunciado esa posibilidad en 1989, en el acto por el 26 de Julio en Camagüey y también la disposición de Cuba a resistir, conscientes de que solo en el socialismo había futuro para nuestro pueblo.

«Fue central y decisivo el papel del Comandante en Jefe como guía de esa resistencia, del Partido Comunista como garantía de la unidad y de las Fuerzas Armadas, que no solo reforzaron la defensa con mucha innovación para la conservación de la técnica de combate, sino que, considerando la posibilidad hasta de una Opción Cero (por posible bloqueo naval), impulsaron programas como los del Ejército Juvenil en la producción de alimentos o los de medicina natural y tradicional y otras más, para todo lo que se conocería como período especial en tiempo de paz.

«Fue también una etapa de mucho aprendizaje. Recuerdo particularmente la intensa actividad del General de Ejército, que en su doble condición de Segundo Secretario del Partido Comunista y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, estuvo muy cerca de la UJC, instruyendo, educando, dando tareas.

«Para nuestra generación, que ya venía de cumplir misiones internacionalistas en combate, pero también en tareas de educación, salud…, los desafíos no eran tan nuevos. Conocíamos de cerca los problemas de los países hermanos donde habíamos estado y nos sentíamos listos para enfrentarlos con mayor preparación en la Patria.

«Lo que aprendimos junto a los líderes de la generación histórica en esos años, fue tremendo. Nos enseñaban y, al mismo tiempo, nos retaban a asumir las responsabilidades que exigía nuestra época. Y puedo añadir que fuimos muy libres para hacer lo que se nos ocurría y discutíamos entre nosotros».

—Entonces, ¿ese contexto los motivó a emprender, a gestionar, a fundar, a crear tanto como se cuenta de esa etapa?

—Como organización juvenil del Partido, nos correspondió proponer, impulsar y movilizar la participación juvenil en todos los planes para resistir sin dejar de crear. Al mismo tiempo, había que reforzar la batalla ideológica, enfrentar las teorías del fin de la historia y de la inviabilidad del socialismo. Creo que fue una gran escuela para mi generación y en la que la recreación juvenil y estudiantil era parte fundamental del trabajo de movilización y participación.

«Se importaron millones de bicicletas y se priorizó su distribución para estudiantes y jóvenes trabajadores; se abrieron campamentos agrícolas y obras científicas y sociales cuya fuerza principal eran los jóvenes. Y todo se acompañaba también con actos políticos, bailables y estímulos en lugares recreativos concebidos particularmente para la niñez y la juventud.

«Pero no era cantar y bailar para olvidarnos de la escasez y los apagones que nos esperaban en la casa. Cada actividad, cada campaña, tenía que concebirse y realizarse con un concepto, bajo el imperativo de aprender, de crecer, de ser útiles a la Patria y a un mundo minado por el descreimiento y la incertidumbre.

«Nuestra principal motivación era sabernos responsables de una tarea revolucionaria histórica: formar una juventud alegre pero profunda, capaz de defender a la Revolución por convicción y con pasión. Así recuerdo mis años en la UJC, llenos de sudor, de esfuerzo, pero también de música, de canciones, de baile y, sobre todo y alrededor de todo, cargado de ideas, de creación, de deseos de salvar la Patria, la Revolución y el socialismo con la mayor conciencia y la mayor alegría».

¿Qué le diría a un joven a quien quisiera enamorar para una causa como la de Cuba?

—Lo que decía Carlos Marx: «la felicidad está en la lucha». Le diría que luche contra la enajenación que acecha a todos en sociedades aparentemente prósperas del capitalismo moderno, donde el ser humano pasa de ser sujeto a objeto como consecuencia de lo que Marx llamó el fetichismo de la mercancía.

«Todo lo que eres y lo que seas capaz de crear y producir con tu talento y con tus propias manos es tu obra y si es junto a tus contemporáneos es una obra generacional que, mientras más ardua, más enaltecedora. Cuba es una sociedad llena de retos donde ahora mismo hay miles de jóvenes haciendo posible lo imposible. Lo invitaría a crear.

«Precisamente de esos temas hablamos hace algunos días con jóvenes destacados en varios sectores de la sociedad cubana; conversamos sobre qué más podían hacer en estos tiempos en que la comunidad se ha convertido en un espacio imprescindible para la vida del país, a partir de las limitaciones actuales que ha provocado el cerco energético del Gobierno de Estados Unidos, y que han obligado a cambiar horarios y costumbres de trabajo y también de estudios.

«Compartimos tareas que pueden liderar allí, por ejemplo, en el ámbito de la defensa, en la recuperación energética, en la producción de alimentos, en el cuidado de las personas más vulnerables (de los ancianos que viven solos, de los niños y niñas, de las mujeres embarazadas), en la batalla comunicacional, en la movilización popular, en la promoción de la cultura, y en la práctica del deporte en cada una de las comunidades donde viven.

«Decía José Martí: “Sólo perdura y es para bien, la riqueza que se crea, y la libertad que se conquista con las propias manos”».

¿Qué características cree debe tener la organización de los jóvenes cubanos, la organización juvenil del Partido para estar conectada con las nuevas generaciones, para ser continuidad, en un país y un mundo donde se acrecientan las complejidades políticas, económicas, sociales, filosóficas…?

—Creo que en tu pregunta está la respuesta: la organización de los jóvenes cubanos, la organización juvenil del Partido, debe estar conectada con las nuevas generaciones, sin dejar de ser continuidad. Lo que deben tener muy claro es que ni la conexión ni la continuidad deben ser acríticas. Conectar no significa asimilar acríticamente lo que está de moda, ni lo que hicieron las generaciones anteriores. No se puede olvidar que los jóvenes se parecen más a su tiempo que a sus padres. Pero son el fruto de esos padres y negarlos es negarse un poco a sí mismos.

«La UJC y las organizaciones juveniles y estudiantiles, deben promover en la niñez y la juventud cubanas el estudio, el conocimiento, la búsqueda de la verdad, como bases fundamentales para entender y enfrentar las complejidades de esta época. “Ser cultos es el único modo de ser libres”, dijo José Martí y en ese concepto se inspira la poderosa obra educacional y cultural de la Revolución, que hasta nuestros enemigos reconocen.

«Se dice que las nuevas generaciones no leen, que las redes digitales son los libros de hoy. Y las redes están desbordadas de contenidos que van en dirección contraria a los ideales que pretendemos fomentar. Pues, creo que la UJC tiene el desafío de tomar las redes virtuales y también las reales con mensajes emancipadores que a la vez sean capaces de enamorar a los jóvenes, en primer lugar, de nuestra extraordinaria historia.

«Y nuestras escuelas, que tienen la misión noble y generosa, aunque extraordinariamente difícil, de formar cubanas y cubanos virtuosos, cuentan con libros tan esenciales como La Edad de Oro para los niños y adolescentes y Ese Sol del mundo moral de Cintio Vitier, para edades superiores. Hablo de dos entre decenas de libros que las nuevas generaciones deberían conocer y amar. El desafío está en la forma en que debemos hacer eso posible».

—¿Su mensaje para los niños, adolescentes y jóvenes cubanos de hoy?

«Mi mensaje para todos es: estudien, estudien, estudien. Como dejó escrito el Che a sus hijos: “Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.

«Han pasado muchos años, pero esa carta sigue siendo, en mi opinión, el mensaje más breve y completo de cualquier revolucionario para sus hijos».

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