Árboles invasivos y daños que pueden evitarse

Mientras unos 11 500 árboles de la capital dañan viviendas, centros de trabajo, calles, aceras y redes técnicas, un importante proyecto que comenzó a revertir esa situación terminó engavetado

Autor:

Haydee León Moya

Un áspero y oxidado clavo atraviesa hasta más allá de la corteza al viejo ocuje de la calle Zapata, en la capital. Justo por el hueco abierto con el pincho, brota una lágrima gruesa y ya seca de resina que le corre por el tronco hasta la raíz. Como si no fuera suficiente crimen verlo «sangrar» por la herida, han colgado de la puntilla no se sabe cuántas inmundicias.

Menos mal que aunque sea esa palma le ha permitido que se recueste a ella, dice y nos hace notar José Manuel Hernández, un jubilado de la barriada que se ofrece para acompañarnos por allí.

Con singular alegoría, un ejemplar de nuestro árbol nacional parece ser la mejor compañía del ocuje. Como una madre con el hijo enfermo, lo tiene la palma real en su regazo. Pero de todas formas, el árbol tiene «cara» de quien presiente la muerte.

Me mudé para este barrio hace 32 años y ya él estaba así, con las ramas dando sombra varios metros a la redonda, a punto de electrocutarse o de electrocutar a alguien, con las raíces a flor de tierra ocupando todo ese espacio donde en un tiempo hubo acera, comenta el guía ocasional. «Vienen con una grúa enorme cada cierto tiempo, le cortan un poco de gajos y lo dejan todo desgreñado», agrega.

Imagínese si todos fueran por ese mismo camino en la ciudad completa, donde los árboles abundan mucho menos que esas cosas que acumulan e irradian tanto calor, como el asfalto, el hormigón, los metales… y mucha, mucha gente, señala José Manuel.

Cuenta que «Susana, la que cobra el CDR aquí en el barrio, a veces desea que corten un almendro que está frente a su casa. Lo que la fastidia no es el árbol; al contrario, porque incluso ella tiene una bandera grande que la amarra alrededor de él cuando tenemos una actividad importante en la comunidad. Tampoco se molesta tanto porque no tenga paz con la barredera cuando esa “matica” comienza a soltar las hojas.

«El problema es que se les llenan jabas y jabas de hojas y ni loca las cuelga del ocuje de Zapata; imagínese que ella siempre está peleando con la gente por eso, y entonces las pone en su patio; y se complica, porque el carro de la basura no pasa todos los días», alude.

Tengo una amiga que también se queja por un árbol raro que hay en el parque Calixto Aguirre. Qué lindo cuando florece, pero es muy frondoso y ella dice que no puede secar las ropas en el balcón de su casa. Lo que sucede es que mientras Rubiera no anuncia un huracán usted no ve a un podador o una grúa por allí. Y total, si cuando vienen nada más pican las ramas que están cerca de los cables de la electricidad o de los teléfonos, pero no los podan bien, asegura el vecino del municipio de Plaza de la Revolución.

Es que no deben dejarlos crecer tanto, porque mire usted ahora qué contrariedad: los necesitamos mucho y a algunos nosotros les causamos problemas, sin que nos molesten para nada; y otros nos los causan a noso-tros, lamenta José Manuel.

Te quiero verde

Según el espíritu de las ordenanzas españolas, la ciudad de La Habana se conformó en cuadrículas octogonales con un intenso uso del espacio (la manzana compacta), por lo que desde la época colonial la vegetación estuvo confinada a los patios, algunas plazas y alamedas. Pero por la influencia de algunas corrientes internacionales de diseño urbanístico de los siglos XIX y XX se fue incorporando el verde al diseño original, destacándose especialmente la concepción del arquitecto francés Jean-Claude Nicolas Forestier, de la cual perduran con todo su carácter integrador y monumental, las avenidas Paseo y del Puerto, por mencionar algunas.

De tal suerte, los árboles fueron poco a poco adueñándose de jardines, calles, avenidas y parques. Y entre los plantados entonces y los que se establecieron después con similar espíritu e intención, habitan junto a los capitalinos más de 100 especies. Precisamente una de las particularidades de la capital se la da la majestuosidad de algunas de sus áreas verdes, como ese clásico jardín conformado por los 408 canteros de la Quinta Avenida, con sus 4 072 árboles, más de 200 de los cuales se mantienen geométrica y cuidadosamente podados.

También le imprime un sello singular a la urbe la exuberante floración de framboyanes, robles, majaguas y acacias en las diferentes épocas del año, debido a la gran variedad de especies bien organizadas en determinadas zonas.

Silenciosa resistencia

La ingeniera forestal Isabel Rusó, jefa del Servicio Estatal Forestal en Ciudad de La Habana, asevera que en las zonas urbanas los árboles lidian silenciosamente contra muchas irregularidades, algunas de las cuales son propias de ese contexto.

«El suelo de las ciudades no tiene todo el aire y la materia orgánica que el árbol necesita para establecerse; tampoco el espacio suficiente para el crecimiento de las raíces. A ello se une el maltrato a que es sometido diariamente por las personas, y la insuficiente protección, tanto por los organismos responsabilizados como por el cuerpo de inspectores. También sufren frecuentemente los embates de sucesos meteorológicos. Todo eso les provoca un estrés que acorta su vida o se la hace muy difícil», argumenta la especialista.

Útil presencia

Apasionada y muy conocedora del entorno verde de la capital, Isabel señala que su deterioro ocasiona una situación ambiental frecuentemente desastrosa, pues los árboles en las grandes urbes reducen la densidad del polvo, el ruido, las temperaturas elevadas, aumentan la humedad relativa y disminuyen la velocidad del viento en avenidas y parques, lo cual puede potenciar el efecto de filtración del aire por la vegetación.

«La floresta devuelve cierta armonía al medio ambiente urbano y por consiguiente desempeña una importante función, pues alivia la tensión propia de las ciudades. En la capital eso tiene particular importancia, pues representa el 40 por ciento del área urbana de la Isla y en ella vive casi el 30 por ciento de la población cubana», refiere.

«Por tanto, su valor no es el producto que de ellos se deriva, sino el servicio ecológico y social que brindan, una razón más que suficiente para preservar su útil existencia en las urbes», señala.

Reconciliables conflictos

A pesar de todos sus beneficios en el medio metropolitano, el árbol mal tratado en dicho contexto puede convertirse en un habitante poco deseado.

Aunque cualquier referencia peyorativa en torno a las plantaciones urbanas alarma a la funcionaria del Ministerio de la Agricultura, admite que desde hace un buen tiempo el arbolado y la ciudad conviven con ciertos y reconciliables conflictos.

«La problemática se da fundamentalmente por la carencia de un manejo cultural adecuado durante muchos años, y como resultado hoy en la ciudad es mayoritaria la cantidad de árboles maduros cuyos sistemas radiculares y ramas han crecido de manera exorbitante, provocando severas afectaciones en redes técnicas e inmuebles», especifica.

Otros perjuicios los causan haber sembrado especies de gran magnitud cerca del tendido eléctrico o telefónico. Por lo general, los árboles que causan este tipo de afectación, sufren podas violentas, cuyo efecto más severo es que les desestabiliza el sistema radicular. Por esa razón, y por el insuficiente cuidado fitosanitario, muchos se encuentran visiblemente enfermos e insalvables, y otros, aunque tienen apariencia saludable, están huecos en un gran porcentaje y constituyen un peligro potencial.

La ingeniera Isabel Rusó explica que también ha sido y es particularmente nociva la plantación espontánea de la población frente a sus casas o en patios interiores, en lo cual prevalece el gusto o interés de las personas por determinadas especies (ceibas, por ejemplo), que sin tratamiento alguno provocan incontables daños debido al crecimiento incontrolado de raíces y ramas.

«Esa problemática corrobora que plantar el árbol adecuado en el lugar correcto es una decisión económica sumamente racional», sentencia.

Áreas oscuras

Responsabilizados con la plantación y atención a los árboles de la ciudad, en la Unidad Provincial de Áreas Verdes sus directivos y especialistas ponen sobre la mesa una abultada documentación que da fe de la existencia de varias investigaciones que caracterizan la verde naturaleza capitalina y cómo preservarla. También hacen notar ciertas áreas que han quedado a oscuras.

Según explica Norberto Ariel Matos, vicedirector técnico de esa entidad, está a punto de concluir un estudio iniciado hace dos años con el propósito de actualizar el censo del arbolado urbano.

Datos preliminares revelan que de los 138 083 árboles existentes fundamentalmente en parques y parterres, unos 11 500 afectan severamente a viviendas, centros de trabajo y redes técnicas, en particular tendidos eléctricos y telefónicos e instalaciones de los sistemas de acueducto y alcantarillado. Unos 48 700 se encuentran bajo tendido eléctrico, y es necesario reponer, ya sea porque nunca fueron plantados o porque no lograron sobrevivir, 16 060.

El censo, que arrojará además la cantidad de árboles enfermos, las especies más abundantes, las variedades que mayor afectaciones causan, entre otros elementos, se prevé culmine a principios del próximo año.

Uno de los proyectos realizados por especialistas y técnicos de la mencionada entidad se refiere precisamente a la sustitución de unos 10 000 árboles que ocasionan daño a la ciudad y sus habitantes. Además de detallar la ubicación de cada árbol recoge hasta el más mínimo detalle de lo que se requiere para ser arrancado de raíz, las entidades implicadas y las afectaciones que causaría principalmente la extracción de las raíces. Sobre este último aspecto, analiza también los posibles perjuicios en tramos de tendido eléctrico, aceras y pavimentación; paredes, pisos y techos de viviendas; redes soterradas de acueducto y alcantarillado, y cercas perimetrales.

Hace alrededor de tres años, explica el Vicedirector de Áreas Verdes en Ciudad de La Habana, este proyecto comenzó a ejecutarse, por indicación del Gobierno en la capital, con un programa que preveía en su primera etapa la sustitución de 30 de los casos más críticos.

«Todo empezó muy bien, con la participación de las instituciones que de un modo u otro se afectan, tienen responsabilidades con la problemática, o poseen recursos adecuados. Llegamos a sustituir solamente cinco; a partir de ahí comenzó a fallar la coordinación: un día faltaba Acueducto, en otra ocasión la Empresa Eléctrica o ETECSA, y así se fue perdiendo seriedad y la concreta es que en estos momentos está engavetado el proyecto», explica Norberto Matos.

«Esas entidades implicadas tienen definidas sus prioridades, entre las cuales no está precisamente la sustitución de árboles; por eso algunos equipos que poseen y de los cuales esta entidad carece, como grúas y camiones de gran porte, retroexcavadoras, motosierras, escaleras y otros medios especializados de trabajo, los tienen en función de su actividad fundamental», considera el directivo.

Por nuestra parte, explica, la prioridad que nos ha  indicado el Gobierno es sembrar los cerca de 16 000 árboles que faltan en parques y parterres. Tenemos las condiciones para producir las plantas que necesitamos, para lo cual se cuenta con 15 viveros en toda la capital, con una producción anual de alrededor de 40 000 posturas de variedades adecuadas para el entorno urbano.

Comenta el ingeniero forestal que hasta hace dos años se sembraban en esos lugares planticas muy pequeñas, que fueron objeto de robo o no progresaron. Hoy se están plantando posturas de más de un metro y medio de altura y la supervivencia es de más del 80 por ciento.

Aunque la también ingeniera forestal Marta Elena Alemán, especialista principal de esa empresa, reconoce la importancia del programa de producción de las variedades adecuadas para la ciudad, advierte que no hay árbol urbano o rural, y sí atenciones diferentes, acordes con el lugar donde se plante.

«El ficus puede decirse que es agresivo, por tener el tronco, la copa y las raíces muy fuertes, pero esos que tanto embellecen la calle Paseo, son de esa especie, con la diferencia de que muchos otros en diferentes arterias de la ciudad nunca tuvieron la buena atención cultural de los ubicados en esa céntrica avenida.

«Lo que me preocupa es que el incremento de las siembras, que es muy necesaria, no se ajuste con las posibilidades reales de atenderlas culturalmente, para que no se repita la historia, pues en estos momentos las condiciones para ello son cuando menos precarias» señala la experta Marta Elena.

«Las podas radiculares son muy costosas, por todo el equipamiento técnico que supone; de hecho en nuestro país esa técnica no se aplica. Y para la tala no tenemos potencialidades para al menos realizar las dos podas al año que como norma pueden hacerse. Aunque tenemos brigadas de podadores en los demás municipios, excepto en Centro Habana y La Habana Vieja, por razones obvias, se trata tan solo de los hombres, pues los implementos de trabajo son muy limitados o demasiado rudimentarios», aclara.

«No puedes decirles a esos compañeros que suban a un árbol sin escalera, soga, espuelas de seguridad ni cinturón, con un machete que no corta, y además sin guantes», reflexiona la especialista de Áreas Verdes.

«La poda es una buena práctica para evitar crecimientos radiculares descomunales, pues al existir una relación entre el crecimiento de las ramas y el de las raíces, si se realiza una poda correcta de las primeras, se regula también el crecimiento de las segundas», explica.

«Para la poda —aclara Norberto Matos—, también tenemos prioridades; por ejemplo, se realizan hasta 100 000 podas al año, pero fundamentalmente para proteger redes técnicas aéreas, es decir, los tendidos eléctrico y telefónico.

Sin embargo, opina, la problemática de las afectaciones progresa en tanto muchos de esos árboles no han detenido su proceso de crecimiento y gozan de buena salud. De esa manera advierte que si hoy resulta costoso ejecutar el mencionado programa de sustitución de árboles que ocasionan daños, seguir postergándolo lo encarecería mucho más.

Mientras, allá en la calle Zapata sigue herido el viejo ocuje, recostado a la palma, como si se consolaran mutuamente por los que corren igual suerte, por los muertos y los enfermos o los que afortunadamente coexisten de mejor manera, pues al final tendrán que reconciliarlos con su ciudad o se condenará a sus habitantes de los siglos por venir, a vivir en una urbe desolada.

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