Aquel 30 de septiembre de 1954

Este día el cubano José Antonio Echeverría asumió la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, hasta el 13 de marzo de 1957, cuando cayó en combate. Durante la etapa no solo radicalizó la lucha, sino que estuvo al frente de cada actividad, con una visión integral y sin perder su condición de estudiante y su amor a la Universidad

Autor:

Juan Nuiry

Desde el 24 de marzo de 1954, José Antonio Echeverría estaba preso junto a otros nueve estudiantes en una de las galeras del antiguo Castillo del Príncipe. El fiscal de la Sala Quinta del Tribunal de Urgencia los acusaba de «subversión» y pedía para ellos la pena de seis meses de privación de libertad.

En aquel momento José Antonio ocupaba el cargo de secretario general de la Federación Estudiantil Universitaria y si la sentencia del fiscal se hacía firme, eso tendría efectos negativos, pues la dirección de la FEU atravesaba situaciones difíciles y su presencia era determinante. Sus preocupaciones en aquel momento eran el Tercer Congreso de Estudiantes de la Enseñanza Media y el Primer Festival de Arte Universitario, que se efectuaría en La Habana, en repudio a la Bienal Hispanoamericana, auspiciada por la España de Franco con el apoyo del dictador Fulgencio Batista.

Luego de varias consultas, los estudiantes acordaron hacer una huelga de hambre y no cesar en ese empeño hasta lograr la solicitud de los dos abogados defensores, profesores de Derecho Penal de la Facultad de Derecho, que basaban su petición en que la causa fuera radicada por «desorden público», tal como fue en realidad, así como la celebración inmediata del juicio.

La noticia de la huelga de hambre corrió como un reguero de pólvora y no se hicieron esperar las manifestaciones combativas en todo el país, que junto con la firme posición de los huelguistas lograron que las autoridades aceptaran la demanda de los juristas. Ante la posibilidad de que la situación se pudiera complicar más, el 29 de abril de 1954, a menos de 48 horas de iniciada la huelga de hambre, el objetivo era que los estudiantes estuvieran en libertad provisional.

Con la presencia y el empuje de José Antonio, ambos eventos se realizaron en las fechas previstas: el Tercer Congreso de la Enseñanza Media el 8 de mayo de 1954, en el Salón de los Mártires, coincidiendo con el decimonoveno aniversario de la desaparición física de Antonio Guiteras, quien al decir de Raúl Roa fue «la figura más empinada, el ánimo más templado, la voluntad más indomable, el brazo más enérgico y el espíritu más puro».

Antes de comenzar el acto se develó un retrato del poeta y estudiante de Pedagogía Raúl Gómez García, caído meses antes en el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. En esta importante reunión fue electo presidente de los Estudiantes de la Enseñanza Media Temístocles Fuentes, dirigente de los alumnos de Artes y Oficios de Santiago de Cuba, y como vicepresidente José Smith Comas, presidente del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas, que en 1956 fue Capitán de la Vanguardia, en la expedición del yate Granma.

Este Congreso unió en una posición revolucionaria y vertical a los Institutos de Segunda Enseñanza, las Escuelas de Comercio, Artes y Oficios, Normales para Maestros y los planteles de la enseñanza privada de todo el país, frente a la dictadura de Batista.

También fue un éxito el Primer Festival de Arte Universitario, celebrado el 20 de mayo de 1954 en el Estadio Universitario, que entre otras actividades contó con la actuación de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso. La presentación allí de El lago de los cisnes, ante una masiva participación popular, fue la primera del conjunto ante el público cubano. Al inaugurarse el Festival en la Plaza Cadenas (hoy Plaza Ignacio Agramonte), José Antonio expresó esas palabras que sintetizan la tradición y el sentido ético y unitario que lo caracterizaron:

«Hablo escoltado por Mella en el 23, Guiteras en el 27, Trejo en el 30 y Rubén, Renato, Raúl Gómez García y Boris Luis en el 53; la FEU de la Universidad de La Habana que custodia entre sus muros las cenizas de Varela, quien desde las Ciencias Sociales proclamó que “no hay ciencia sin conciencia”, y los restos de Felipe Poey, quien desde las Ciencias Naturales planteó que “no hay inteligencia sin moral”».

José Antonio llega a la presidencia de la FEU

Las elecciones para elegir al Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, del curso 1953-1954, se efectuaron el 23 de febrero de 1954.

Como siempre, tenían lugar en las oficinas del Rectorado, donde se constituía el Colegio Electoral, integrado por los 13 presidentes de las asociaciones estudiantiles de las distintas facultades, bajo la presidencia del Rector y el Secretario de la Universidad de La Habana. El edificio estaba colmado de una masiva participación estudiantil, que llegaba hasta la Plaza Cadenas, quienes se disputaban un mejor lugar con los representantes de los medios de prensa, por constituir esta elección una noticia de interés nacional.

El resultado de la primera votación fue: seis votos para José Antonio Echeverría; seis votos para Ricardo Grey, presidente de Ciencias Comerciales, y una boleta en blanco del presidente de Pedagogía, Germán Moré, que explicó su voto haciendo un llamado a la unidad. Luego de otras votaciones con igual resultado, se tomó la decisión de que los otros 12 votaran por el Presidente de Pedagogía. De ese modo quedó constituido el ejecutivo de la FEU por Germán Moré como presidente; como vicepresidente, Benigno Arbesú, de Filosofía y Letras, y José Antonio Echeverría, de Arquitectura, como secretario general.

¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos? Tras un período de vacilaciones y debilidad en la dirección, el 16 de abril de ese año, Germán Moré renunció a la Presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria y Benigno Arbesú asumió esa responsabilidad. En el reglamento de la FEU existía un acuerdo donde se precisaba que, al terminar su carrera, los dirigentes estudiantiles no podían ocupar cargos de dirección dentro de la organización, por lo que al graduarse Arbesú esa responsabilidad quedó vacante, y de este modo, por sustitución reglamentaria, le correspondía la Presidencia al Secretario General.

Para que este acontecimiento resultara inolvidable dentro de nuestra tradición, recuerdo que frente al parque Eloy Alfaro, en la calle Infanta, casi esquina a San Lázaro, en el mismo lugar donde cayó herido el mártir Rafael Trejo el 30 de septiembre de 1930, el recio dirigente estudiantil Fructuoso Rodríguez, al usar de la palabra en la manifestación organizada por la FEU en igual fecha de 1954, anunció sobre los hombros de un compañero, para tener más visibilidad, que en lo adelante el nuevo presidente de la FEU sería José Antonio Echeverría.

En la primera línea del peligro

Cuando vuelvo la mirada a esos hechos, ocurridos 55 años atrás, pienso en cuántos recuerdos nos trae ese día. ¡Cuánto simbolismo! En la velada conmemorativa, efectuada esa noche en el Aula Magna de la Universidad, el resumen estuvo a cargo de José Antonio Echeverría, con lo que comenzaba un nuevo proceso.

Antes de esa fecha José Antonio tenía una destacada participación en la Colina universitaria. Era popular y carismático. El 23 de septiembre de 1950 matriculó en la Facultad de Arquitectura; tres años después fue electo vicepresidente de la Asociación de Arquitectura, y en 1954 presidente. En ese último 16 de julio, cumplió 22 años de edad y ya eran visibles las cicatrices de las heridas que había recibido en la lucha.

El panorama nacional se tornaba complejo. Tan solo hacía un año que habían tenido lugar las acciones del 26 de julio y circulaba La Historia me Absolverá, documento raigal y programático de la Revolución, cuyo protagonista principal había sido dirigente estudiantil y en ese momento un joven abogado de 26 años, Fidel Castro. Esos acontecimientos fijaban un rumbo en nuestra historia republicana.

Mientras Fidel y los moncadistas cumplían condena por esos históricos acontecimientos, el tirano Batista buscaba desesperadamente un modo que le permitiera legalizar su régimen de facto, mediante unas elecciones generales, más bien una «farsa electoral» señalada para el 1ro. de noviembre de 1954, con la colaboración oportunista de la seudooposición. Había que combatir tanto a la dictadura como a la politiquería, y es el momento en que José Antonio desarrolla su estrategia en acciones de lucha, con proyección de futuro, y puso muy en alto la tradición que nos legaran Mella, Trejo y Guiteras. La FEU ya había dado su primera cuota de sangre el 15 de enero de 1953, con la caída de Rubén Batista Rubio, el primer mártir estudiantil.

Desde que José Antonio asumió la presidencia de la FEU por primera vez, el 30 de septiembre de 1954, hasta el 13 de marzo de 1957, cuando cayó en combate, transcurrieron dos años y seis meses. En esa etapa fue reelecto como presidente de la Federación Estudiantil Universitaria el 19 de marzo de 1955 y el 13 de junio de 1956, en las últimas elecciones realizadas en aquel período.

En toda esa etapa, de la que tengo que sintetizar tanta grandeza, José Antonio no solo radicalizó la lucha, sino que estuvo al frente de cada actividad, con una visión integral y definida de cada tarea. Esta dinámica la desarrolló sin perder su condición de estudiante y su amor a la Universidad. Era conocida su concepción unitaria y plena identificación con Fidel.

Los que junto a él transitamos, teníamos en todo aquel proceso preocupación por un rasgo muy característico de su personalidad, y era su absoluta indiferencia por su seguridad personal. Siempre ocupaba la primera línea del peligro. ¡Vivió como murió, peleando!

(*) Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana.

 

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