¿Elixir de los «elegidos»?

Mientras la figura de muchos adolescentes y jóvenes alcanza el contorno venerado con empleo de sustancias energizantes, algo riesgoso puede estar ocurriendo en su mente y en su cuerpo

Autores:

Francisco Mastrascusa
Heidis Grande Ruiz
María Alejandra Casanova García
Yoel Suárez

Se sitúa frente al espejo, levanta los brazos y tienta los músculos… Ahora los bíceps, luego los tríceps. Se da la vuelta… primero al lado izquierdo, luego al derecho. Como un Narciso moderno siente que la imagen es tentadora, casi divina.

Hace unos meses esta no era su figura. No pocas veces debía soportar la burla de los amigos por la fragilidad de su cuerpo. Hasta que alguien le aconsejó un producto «milagroso», que lo ayudaría a convertirse en un portentoso Brad Pitt tropical. Pero ignora que mientras su figura alcanza el contorno de los dioses, algo riesgoso puede estar ocurriendo en su cuerpo.

Como este joven que prefiere mantener el anonimato, Ernesto González Suárez, un capitalino que ahora cumple con su Servicio Militar Activo, comenzó a hacer ejercicios físicos hace cuatro meses.

«En el gimnasio mis amigos me hablaron de la creatina, un producto que daba más energía al organismo, lo que permitía realizar más ejercicios por día. Un familiar me trajo un pomo de 150 cápsulas, cada una de 800 miligramos. Seguí el plan indicado en el envase: tomar dos pastillas diarias una hora antes de realizar ejercicios, y dos nuevamente una hora después de haberlos hecho».

Ernesto explica que existen diferentes tipos de creatina: «La que yo uso es monohidratada, que contiene una alta concentración de agua. Diariamente tomo de dos a tres vasos de agua por cada dos pastillas», reconoce. Dos meses después de usarla comenzó a notar también milagrosos cambios en su cuerpo.

Parecida experiencia ha vivido Héctor Loyola Márquez, otro capitalino que comenzó a tomar creatina hace tres meses. El producto se lo trajeron de México en un envase de 400 gramos.

Narra a estos reporteros cómo, media hora antes de realizar ejercicios físicos, disuelve en jugo de frutas el producto, y acabado de terminarlos repite la acción. Desde que lo consume, siente que su cuerpo se ha vuelto más resistente.

Dime, espejo mágico

El uso de la creatina se ha hecho particularmente popular entre los adolescentes, por ser reconocida como una forma natural de aumentar el rendimiento atlético e incrementar la masa corporal, asegura el fisiculturista Gilberto González Alfonso.

«Muchos jóvenes cometen el error de consumir dosis que no son consistentes con las evidencias científicas y que exceden frecuentemente la proporción recomendada», manifiesta.

Para Gilberto, quien ha sabido cultivar la belleza y la salud de su cuerpo sin el uso de estimulantes, antes de administrarse este suplemento es imperioso asesorarse acerca de la dosificación correspondiente, de lo contrario surtirían efectos indeseados.

«Este producto no se debe tomar durante el período de inicio del ejercicio, porque el organismo requiere un proceso de adaptación lento para crear una base muscular.

Además, muchos alimentos como los pescados, carnes, lácteos y huevos, adecuadamente consumidos, contienen el equivalente necesario en gramos de monohidrato de creatina pura en polvo».

Este apasionado del fisiculturismo no desconoce las posibilidades que brinda la creatina para desarrollar rápidamente energía muscular, pero insiste en que las personas que la consumen tienen mayor probabilidad de, al suspender su uso, perder la apariencia física adquirida en poco tiempo.

«El ejercicio natural es el idóneo para quien desea un físico definido y duradero. La esencia está en la fuerza de voluntad que le imprima el individuo y el régimen de descanso y alimentación que mantenga durante y después del entrenamiento», sostiene.

Alfredo Caballero Perdomo, también fisiculturista, apunta que más del 30 por ciento de los jóvenes que visitan el gimnasio Casa de Kohly, en la capital, son consumidores del suplemento deportivo. «Existe una tendencia creciente en los jóvenes a ingerirla, por los efectos que produce en el organismo», refiere.

Alfredo, quien hace siete años toma creatina y defiende su uso porque incrementa la absorción de nutrientes en las células musculares y complementa el proceso de recuperación de energía; especifica que el plan de consumo debe variar según el tamaño y peso del individuo, aunque no es recomendable en las personas que tienen padecimientos.

«Se ha reportado que el contenido de la creatina total del músculo esquelético aumenta con su consumo por vía oral, aunque la respuesta es variable. Los factores que pueden incidir en esta variación son los siguientes: ingestión de nutrientes esenciales, actividades físicas, nivel de entrenamiento y tipo de fibra muscular».

Un arma de doble filo

Solo un médico está capacitado para monitorear la evolución de todas las personas que la consumen, incluidos los atletas. Es necesario que así sea, porque los efectos secundarios de este fármaco son muy variados y pueden acarrear serios problemas a quienes lo consumen en grandes o pequeñas dosis sin la aprobación del facultativo.

Según la Biblioteca de Salud de Estados Unidos, país donde se expande el consumo de este suplemento deportivo, hay quienes pueden experimentar síntomas gastrointestinales, incluidos la falta de apetito, malestar estomacal, diarrea o náuseas.

Aun sin ingerirla en compañía de otro medicamento, puede provocar calambres o ruptura musculares, lo que puede producir desgarres o dolencias.

Se han reportado además desgarres y esguinces debido al incremento entusiasta de rutinas de ejercicio una vez que el tratamiento está en marcha. También puede producirse aumento de peso y una mayor masa corporal.

El organismo del consumidor puede ser atacado por intolerancia al calor, fiebre, deshidratación, una reducción en el volumen de la sangre o desequilibrios en los electrolitos (y sus consecuentes ataques).

Justo es consignar que en la actualidad ha disminuido la preocupación acerca de las posibles lesiones renales a consecuencia de su uso, aunque existen reportes de algunas,  como la nefritis intersticial.

Los pacientes con enfermedades renales deben evitar el uso de este suplemento. De igual forma, la función del riñón puede alterarse.

Entre los efectos secundarios enumerados se encuentra la posibilidad de que sea alterada la actividad de la insulina, por lo que deben adoptarse precauciones en aquellas personas con diabetes o leucemia, así como otras que consumen sustancias que afectan el nivel de azúcar en la sangre.

Existen estudios donde se precisa que la administración de grandes cantidades de creatina a largo plazo, posibilita el aumento de la producción del formaldehído, lo cual en términos potenciales puede provocar efectos secundarios no deseados.

Incluso, se incluye el aumento del riesgo del síndrome de compartimiento de la parte inferior de la pierna, una afección que se caracteriza por dolor en la parte inferior de  esta, asociado con inflamación e isquemia (una disminución en el flujo sanguíneo), lo cual puede derivar en una emergencia quirúrgica.

Entre los efectos secundarios están la sed, dolor suave de cabeza, ansiedad, irritabilidad, agresión, nerviosismo, somnolencia, depresión, ritmo cardiaco anormal, desvanecimientos o mareos, coágulos de sangre en las piernas (trombosis venosa profunda), convulsiones o extremidades inflamadas.

Estudiosos del tema recomiendan evitar su uso combinado con diuréticos como hidroclorotiazidas o furosemida, debido a los riesgos de deshidratación o alteración en los electrólitos. La posibilidad de una lesión renal puede ser mayor si el medicamento se combina con sustancias que pueden provocar lesiones renales, como trimetoprima, cimetidina y los diversos antiinflamatorios que se conocen.

Lucir bien sin terminar mal

Los jóvenes procuran lucir bien, estar a la moda, precisamente por las características de la adolescencia. Muchas veces un conjunto de coetáneos definen este como requisito para aceptar a un miembro. Hay una necesidad intragrupal muy importante a esa edad, que está ligada a la de formar parte, posteriormente, de una generación de adultos.

Lo anterior lo manifiesta María Victoria Fernández Nin, psiquiatra infanto-juvenil del Centro de Deshabituación del Adolescente (CDA).

Para esta especialista, los intereses de los jóvenes siempre tienen que ver con los de su generación. Sobre todo desean agradar a los de su edad. De ahí que cobre una magnitud enorme la opinión que tenga un adolescente de otro. La crítica entre ellos mella mucho la autoestima, crea heridas tremendas; más aun si es centro de burlas.

«En esta edad importa mucho más ser aceptados por un grupo que quedar bien ante la familia, por ejemplo. Cuando logran sus propósitos, se sienten conformes psicológicamente.

«En la adolescencia, en la que despiertan las hormonas y crece la estimulación sexual, si el joven ha sido etiquetado de «flaco» tendrá endeble su autoestima. Puede sentir una motivación mayor a buscar la manera de adecuarse a los parámetros de belleza o masculinidad que impone el grupo en el que se relaciona.

«El joven que depende de la opinión de sus contemporáneos, busca un sustento en algo artificial. Muchas veces lo encuentran en anabólicos que son energizantes, sin advertir los daños colaterales que acarrea el uso inadecuado de los mismos.

«Son varios los casos en que el adolescente comienza a consumir esta clase de producto. A veces porque algún amigo lo hizo antes y, aparentemente, surtió el efecto deseado. Recordemos que en esa edad se imita mucho y se tiende a probar todo tipo de sensaciones».

La Doctora Marta Pozo Santiesteban, directora del Centro de Deshabituación del Adolescente (CDA), apunta que, psicológicamente, se puede crear una dependencia ligada a la autoestima, sobre todo cuando no se han ejercitado o desarrollado otras habilidades sociales.

«Debido a esto, cuando al individuo le falte la sustancia a la que es adicto, se sentirá incapaz, inseguro. La opinión de quienes se abstraen en el consumo de estas sustancias está supeditada a criterios ajenos, su mundo espiritual es a veces pobre. Creen que la imagen física es la que les brinda seguridad, y se esclavizan al consumo de ciertos productos. Todo lo que les importa es el cómo me verán, qué dirán de mí.

«Lo mejor es desarrollar una actividad física a expensas de ejercicios que entrenen el músculo sanamente y, además, tener una alimentación balanceada. Los efectos de cualquier sustancia «artificial» serán dañinos a corto o largo plazos.

«Los jóvenes inmersos en el consumo de productos como el que nos ocupa establecen una dependencia en dos vertientes: una con la sustancia y otra con la imagen. Para estas personas lo esencial es la última, y para tenerla deben consumirla.

«No analizan que un perfil agradable no solo se logra con una musculatura prominente, sino además con una postura correcta, mantener buenos hábitos de higiene, amplia cultura, educación o actitud decorosa», finalizó.

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