Un viaje de formación humana

Luego de haber ascendido al Turquino, los jóvenes argentinos que también subieron el Aconcagua para reclamar la libertad de los Cinco, comentaron sus experiencias

Autor:

Nyliam Vázquez García

Para los jóvenes argentinos Pablo Fernández, Santiago Vega y Alcides Bonavitta, el Pico Turquino trasciende cualquier otra elevación del planeta. Es cierto que no les exigió tantos esfuerzos físicos. Sin embargo, luego de ascenderlo y reclamar desde su altura la libertad inmediata para los cinco antiterroristas cubanos como antes lo hicieron en el Techo de América, coincidieron en que se les hizo inmenso, pero por razones distintas a sus 1 974 metros sobre el nivel del mar.

«La altura histórica y simbólica del Turquino trasciende cualquier otra elevación natural en el mundo», apuntó Santiago, quien junto a Alcides, escaló los 6 992 metros del Aconcagua. Ambos plantaron allí una bandera con la que exigieron al presidente Obama la inmediata excarcelación de Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Fernando González y Ramón Labañino.

Los jóvenes argentinos viajaron después a La Habana desde la provincia de Neuquén en la Patagonia argentina. Llegaron con sus mochilas cargadas de símbolos, de anécdotas, de muchas ganas de desandar la Isla. El pico Turquino fue la nueva cima por los Cinco. Para Pablo, periodista y coordinador en la base de difundir el ascenso al Techo de América, no era su primera visita a la Isla, mientras Santiago y Alcides sintieron la emoción de la iniciación en nuestra tierra.

Estuvieron junto al mar de cubanos que inundó la Plaza de la Revolución el 1ro. de mayo de 2010 y recorrieron las provincias orientales. En el punto más alto de nuestra geografía, como antes en el Aconcagua, Pablo, Alcides y Santiago plantaron una bandera acompañada ahora por la carta que les enviara Gerardo luego de su hazaña en el sur, y también desplegaron las otras dos que los habían acompañado antes.

Luego de largas jornadas de emociones compartidas con familiares de Gerardo, René, Antonio, Fernando y Ramón, de caminar la historia de esta Isla, los tres aseguraron que Cuba había calado hondo.

Durante sus contactos con JR, unos antes del regreso y otro, vía correo electrónico, desnudaron los significados de este tiempo en nuestro suelo.

«El viaje a Cuba finalmente se transformó en un viaje de formación humana. En mi caso yo no conocía Cuba y venía con muchas expectativas que fueron ampliamente superadas», aseguró Alcides Bonavitta.

Más adelante puso énfasis en el valor de cada una de las actividades organizadas por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). «El encuentro con los familiares fue muy fuerte, mirarles cara a cara, contarles nuestra historia, escuchar las de ellos, fue algo que me dejó muy marcado», aseguró.

Para Pablo, luego de esta estancia, considera que la frase: «Cuba no está sola» se completa a partir de otra realidad… «Cuando uno recorre estos lugares y ve la obra de la Revolución sobre todo en las provincias, en los lugares más humildes, uno siente que en realidad, nosotros somos los que no estamos solos. Somos nosotros los que tenemos a Cuba, somos nosotros los que tenemos a Fidel, a Raúl, a cada cubano que está tomando botella —como dicen ustedes— con calor y sonríe, y va a la marcha y sigue adelante, a pesar de las enormes dificultades».

Para Santiago Vega, otro de los integrantes del proyecto Del Aconcagua al Turquino, también este viaje estuvo lleno de significados profundos. No podía creer toda la solidaridad generada por aquella acción que colocó en lo más alto de América el reclamo por los Cinco. Por eso, venir a Cuba, le resultó increíble, y desandar los pasos del Che en la Sierra Maestra, uno de los viajes más emocionantes de su vida.

Turquino por los Cinco

«La experiencia del Turquino fue interesante, estuvo fuera de cualquier concepción que uno pudiera tener, o imaginar… Y lo primero que te viene a la cabeza es cómo alguien con asma estuvo ahí. Eso es impactante.

«Yo creo que la primera parte (del ascenso) termina rápido y en la segunda parte, cuando iniciamos el descenso —que lo hicimos en una mañana muy linda, muy tranquila—, lo más fuerte fue entender que ahí se había gestado un movimiento político que logró, por ejemplo, que hoy en Bolivia no haya analfabetos… La Sierra Maestra como el inicio de toda una madeja que logró que EE.UU. fuera derrotado en Playa Girón o que no exista más el apartheid en Sudáfrica. Y entonces empezás a hacer una lista con todos los aportes, que en realidad son aportes de la Revolución Cubana y su pueblo a todos los movimientos revolucionarios del mundo», apuntó Pablo.

Alcides aseguró que la subida al Turquino fue muy especial. «La altura geográfica no es tanta, pero la altura moral es mil veces mayor al Aconcagua: pisar los pasos del Che, de Fidel, Camilo, Raúl... ¿qué más se puede pedir? Y compartirla con mis dos hermanos, Santiago y Pablo, con Irmita y Renecito; poder abrazarnos en la cumbre y prometernos subir con los Cinco, el día que vuelvan. Nunca voy a poder devolverle al pueblo cubano la enseñanza que me dejó en estos 15 días. Siempre voy a estar en deuda con ustedes y siempre voy a volver para lo que ordene el Comandante en Jefe», aseveró.

Después de las huellas en cada quien, Pablo comentó los nuevos caminos que toma la lucha para seguir reclamando justicia. Según comentó, pretenden mantener el trabajo con los sectores más despolitizados en la Patagonia argentina desde los medios de comunicación donde trabajan, hasta llegar a la clase media. También buscarán, precisó, que la mayor cantidad de roqueros famosos firmen postales que luego serán enviadas al presidente Barack Obama.

Definiciones

Fue el propio Pablo quien, a nombre de sus dos compañeros, definió esencias y compartió algunos de los descubrimientos de un viaje que caló hondo en la naturaleza de estos tres seres humanos.

«Lo que más nos puede definir como amigos de Cuba o como personas que han compartido este nivel de emoción violenta —porque te sacude, te conmueve— es el hecho de que uno logra entender la diferencia radical entre nuestras sociedades y Cuba: Acá nunca nadie está solo», expresó.

Más adelante comentó: «Eso para un cubano de a pie, que cobra en moneda nacional, que no puede acceder a un grupo de cosas materiales, puede sonar muy hueco o como algo que le dice alguien con acceso a un montón de cosas materiales, que viene acá, tiene una especie de “turismo político revolucionario”, y luego vuelve con su vida. Pero no.

«A mí me gustaría que la mayoría de los jóvenes cubanos entendieran lo que está pasando en nuestros países: la gente está sola… a nadie le importa nada, son sociedades cada vez más individualistas.

«La viabilidad del proceso se sustenta en que siempre hay alguien que va a preguntar por vos y eso no tiene un precio, sino un valor», comentó Pablo en medio de un mar de sensaciones provocadas por los días vividos, por la reafirmación de compromisos.

Se toca la barbilla, como sopesando sus siguientes palabras.

«Mañana podrían desplegarse las mayores campañas contra Cuba, pero habrá alguien cobrando para hacerlo… no sería por convicción».

Para este joven argentino es potestad de sus coterráneos cubanos llevar adelante el proceso humanista, continuar y perfeccionar un sueño que ya dura medio siglo irradiando a todo el continente.

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