Al amparo de tu seno

El cáncer de mama, lejos de asumirse como una enfermedad loco-regional, exige del personal médico, la paciente y sus familiares total entrega, porque son muchas las secuelas psicológicas que debe superar la «nueva mujer», aseguran especialistas

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Cuando escucho a María Rosa, imagino el tortuoso camino de un riachuelo que, entre lomas, cuevas, piedras y pendientes se afana por llegar al mar.

«Es difícil hablar de eso», me dijo ella mientras su mano rozaba el lado vacío de su blusa.

«A veces la felicidad depende de pocas cosas y, a veces, puede mezclarse con las causas de la desilusión y el dolor. A estas alturas, al cabo de dos años, todavía es difícil superar la nueva imagen que me da el espejo, el deseo de desnudarme frente a un hombre o de vestirme con una blusa escotada.

«Es muy duro, pero sé que lo más importante es que estoy viva y que, poco a poco, tendré que asumirme como la mujer que soy, más allá de cicatrices o reconstrucciones».

La vida le dio un vuelco, un giro de 180 grados. Se suman ímpetu y tesón a sus ganas de trabajar, de pasear, de existir a plenitud para no dejarse vencer, para que sus hijos no vean lágrimas en sus ojos, para que aprendan que todo es superable.

Por eso, aunque a María Rosa todavía se le corta la voz al hablar de su mastectomía, es una lección de vida conocerla. Es capaz de transmitir valor, serenidad, firmeza a quienes ni siquiera podemos imaginar cuánto puede lacerarse la vida de una mujer ante la aparición y detección de un cáncer de mama.

Es por ello que, según los especialistas que abordaron este tema en el XI Congreso Cubano de Cirugía por la Calidad de Vida y Seguridad del Paciente Quirúrgico, este tipo de cáncer no puede asumirse solamente como una enfermedad loco-regional, porque además del dolor y malestar físico que se deriva de una intervención quirúrgica para eliminarlo, muchas son las secuelas psicológicas, los miedos, dudas e inseguridades de la «nueva mujer».

Prevenir es evitar

Para la mujer, el seno es la identificación externa más importante de la feminidad, y lleva en él la promesa de la vida y a su vez una latente amenaza de muerte. ¿Puede ser evitable? ¿Está en las manos de una mujer la posibilidad real de evitar este padecimiento? Para responder a estas y otras interrogantes, el doctor Alexander Reyes de la Paz, cirujano oncólogo del Hospital Militar Doctor Luis Díaz Soto, alude a los resultados obtenidos en una reciente investigación desarrollada en su centro entre mayo del 2005 y enero del 2009.

Muchos son los factores de riesgo que se relacionan con el cáncer de mama que, según el especialista, es la segunda causa de incidencia de muerte en el país y la primera de años de vida potencialmente perdidos. Se habla de predisposición genética, edad avanzada, ausencia de partos, ingestión de anticonceptivos hormonales, la primera menstruación en edades tempranas, la menopausia tardía, la obesidad, e incluso, ser blanca.

El estudio, realizado en 104 pacientes atendidas en la institución en ese período, tuvo como objetivo principal determinar esos factores de riesgo para saber cuánto puede una mujer reducir la probabilidad de padecer este tipo de cáncer.

«El cáncer de mama es el crecimiento acelerado de células malignas en el tejido mamario. Los más frecuentes son el que comienza en los conductos que llevan la leche desde la mama hasta el pezón y el que comienza en las estructuras de las mamas que la producen.

«Los estudios genómicos han demostrado que daños causados en el ADN son la causa de este y otros tipos de cáncer. Sin embargo, a menos del diez por ciento de los casos se le pueden asociar directamente las mutaciones genéticas heredadas.

«Se ha comprobado incluso que, aunque la paciente tenga la predisposición genética a esta enfermedad, su aparición y posterior desarrollo está en consonancia con la existencia de otros factores condicionantes», añadió el doctor Reyes.

—¿Cuáles son esos otros factores?

—Nuestro estudio arrojó como los factores de riesgo más significativos asociados al cáncer de mama: la obesidad, la primera menstruación con menos de 12 años, lactar por menos de 3 meses y la menopausia tardía.

«La cantidad de partos o la ocurrencia de estos por debajo de los 30 años, el uso de anticonceptivos orales y la relación con otros tipos de cáncer mostraron cifras porcentuales muy bajas, lo que no quiere decir que deban ignorarse».

Apunta el especialista que a través del estudio se corroboró la mayor incidencia del cáncer de mama en mujeres con más de 50 años, aunque suele ser más agresivo cuando se presenta en mujeres jóvenes.

«Por ello es de trascendental importancia insistir en la necesidad de llevar hábitos de vida saludables desde edades tempranas, teniendo en cuenta que se perfila la obesidad como una de las causas fundamentales, y que la mujer sana realice su autoexamen de mamas, recomendado a partir de la segunda década de vida, es vital para permitir el diagnóstico precoz», concluyó el doctor Reyes.

Alternativa quirúrgica

Decirle a una mujer que tiene cáncer de mama, cuán avanzado está y la modalidad de cirugía a la que deberá someterse es una cuestión que, según el doctor Gilberto Cabrera Nogueira, cirujano oncólogo del Hospital Universitario Abel Santamaría, en Pinar del Río, trasciende los conocimientos científicos y apela a la sensibilidad del médico.

«Es muy delicado hablar de este tema, dar toda la información necesaria y esperar de la paciente la reacción idónea. Muchas se encierran en sí mismas alejándose de todo tipo de tratamiento, algunas se cuestionan hasta cuándo estarán vivas y otras exigen una cirugía que no las prive de su feminidad.

«En nuestro país, al igual que en el resto del mundo, se inició el tratamiento quirúrgico de este tipo de cáncer con la mastectomía radical. No es hasta finales de los años 80 que se introduce la cirugía conservadora, a partir de las referencias de las experiencias en Italia, por ejemplo, con tumores de hasta 2 cm».

Destaca el especialista que luego de la operación las mujeres referían molestias, inflamación del brazo, dolor, parestesias, limitación de los movimientos porque eran derivaciones propias de lo que se hacía con la axila, no solo con la mama.

«Suprimimos el uso de esta cirugía como medio diagnóstico paulatinamente, acudimos al método ambulatorio que permite que la paciente no permanezca 24 horas ingresada y hemos evolucionado el tratamiento quirúrgico desde la mastectomía y sus variables hasta procedimientos mínimamente invasivos, como la cirugía conservadora y la disección axilar por videocirugía.

«La biopsia del ganglio centinela, por ejemplo, es un procedimiento altamente eficaz y muy utilizado en el mundo pero que nuestro país se ve limitado a usar. Necesitaríamos para ello un equipo cuyo costo oscila alrededor de los 30 000 euros, además del colorante y otros recursos», explicó el especialista.

—¿Qué emplea Cuba como alternativa?

—Acudimos a la cirugía de mínimo acceso, cuya tecnología sí está presente en los centros hospitalarios de nuestro país. En vez de hacerle dos incisiones a la paciente, una para sacar el tumor y otra para sacarle la grasa axilar, visualizamos, removemos y extraemos por la misma incisión. Lo aplicamos en casos que presenten tumores pequeños de hasta cuatro centímetros. Le evitamos molestias propias de la herida, se garantiza una mejor estética y rehabilitación.

«No es justo que la mujer sea condenada a cirugías extremas si su condición permite este tratamiento. Aunque depende de la idiosincrasia y cultura de la mujer, de su nivel de aceptación de la enfermedad y de la comunicación con el médico».

Alas por la vida

El cáncer de mama le impone a la mujer un gran desafío que demanda de los científicos constantes investigaciones en la búsqueda de nuevas técnicas menos invasivas y más efectivas en su tratamiento. Sin embargo, es necesario pensar en su rehabilitación, en neutralizar las secuelas psicológicas de la paciente y sus familiares, en la manera de asumirse luego de la operación y ser asumida.

Por ello, a partir de la iniciativa de profesionales vinculados al Grupo de Mastología en el Hospital Universitario Manuel Fajardo, de la capital cubana, surgió en 2003 el proyecto Alas por la Vida, integrado por pacientes, familiares, amigos, profesionales de distintas especialidades y técnicos de la salud.

Según el doctor Alexis Cantero Ronquillo, especialista en segundo grado en Cirugía y promotor del grupo: «Se trata de transmitir amor, confianza, seguridad, armonía. El objetivo es apoyar a la mujer en su reincorporación a la sociedad y a su vida sexual, personal y espiritual luego de una intervención quirúrgica de este tipo. Desterrar el estrés, elevar su autoestima y calidad de vida».

En sus encuentros habituales cada dos meses se abordan temas como la adecuada alimentación, la depresión, la violencia familiar, la medicina alternativa, la sistemática actividad física, la sexualidad y aspectos bioéticos de la Oncología que les permiten un mayor conocimiento de la enfermedad y más saludables hábitos de vida.

Señala el especialista que el baile-terapia y las actividades culturales de distintas manifestaciones artísticas han complementado el enfoque científico del proyecto que ya tiene su eco en otras provincias del país como Matanzas, Pinar del Río, Santiago de Cuba, Holguín, Granma, Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos.

De esta manera se les propicia un espacio de disfrute a quienes, tras la detección y operación del cáncer de mama se aíslan porque creen que su vida, en parte, se ha detenido en el tiempo.

«Otra de nuestras prioridades de trabajo radica en que nuestra labor trascienda a aquellas mujeres que, en calidad de sanas, pueden sumarse al Programa de diagnóstico precoz del cáncer de mama. Ellas necesitan de nuestra comprensión y apoyo dada la existencia, incluso, de tantas afecciones no malignas del seno que constantemente ponen a prueba su valor e integridad emocional», concluyó el doctor Cantero.

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