El acelerón del triunfo

Más que por los tropiezos que se alzaron en su contra, la huelga del 9 de abril de 1958 pasó a nuestra historia como uno de los momentos en los que avanzadas de la vanguardia hicieron derroche de espíritu de lucha, decisión, firmeza y valentía

Autor:

Luis Hernández Serrano

Apenas se conoce la carta que desde la Sierra Maestra le envió Faustino Pérez Hernández —luchador clandestino, expedicionario del Granma y combatiente del Ejército Rebelde— a Armando Hart Dávalos, preso en Isla de Pinos, seis meses después del fracaso de la huelga del 9 de abril de 1958.

En ella le dice a su compañero de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, que uno de los principales errores de apreciación era «conceder a la lucha en la Sierra Maestra poco más que una importancia simbólica, y no percatarnos de su importancia militar».

Y añadía: «(…) Le dije a Fidel cuando vine con Herbert Mathews (en febrero de 1957) que lo importante es que ellos no pudieran ser detenidos, que se metieran en el fondo de una cueva, pues bastaba con saber que él permanecía (allá en las lomas) para nosotros poder hacer el resto». 1

Así muchos no comprendieron que el Ejército Rebelde iba a ser «el eje rector de la guerra en las montañas orientales, y el factor determinante del curso de la insurrección». 2

Aunque la ciudad o área urbana es el escenario donde se desata la insurrección popular, y en ella la huelga general, eso no quería decir que el Llano —como se le ha llamado— fuera la contrapartida de la guerra en las montañas, como se ha dicho.

Al salir de Isla de Pinos, en su estrategia para derrocar a la tiranía y tomar el poder, Fidel planeaba la insurrección armada, la huelga general revolucionaria y los sabotajes a los medios de comunicación en el momento de la acción.

En la reunión presidida por Fidel, el 10 de marzo de 1958, en El Naranjo, Sierra Maestra, con los miembros de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio del Llano, se decidió convocar la huelga del 9 de Abril. Participaron Marcelo Fernández, Haydée Santamaría, David Salvador, Aguilera Maceiras, Faustino Pérez, Vilma Espín y Celia Sánchez.

La huelga estuvo en el centro del proyecto revolucionario de Fidel, aun antes de la integración oficial del Movimiento. Formaba parte de sus planes desde los días del Moncada, y a partir de su salida del reclusorio de Isla de Pinos se sumaba a su estrategia para derrocar a la tiranía y tomar el poder.

«La huelga, junto a la insurrección armada y un sabotaje a los medios de comunicación del país en el momento de la acción», le precisaba Fidel en carta del 17 de septiembre de 1955 a Carmen Castro Porta, del Frente Cívico de Mujeres Martianas.

Después del desembarco del Granma, el 20 de febrero de 1957, Fidel, en el primer documento programático de la Sierra Maestra, de 12 páginas, denominado Manifiesto al Pueblo de Cuba 3 menciona el recurso de la huelga: «(…) la Huelga General Revolucionaria como punto culminante y final de la lucha».

Por eso la concepción de tal huelga ocupó enseguida el primer plano y con ello se rompió el esquema de que a fines de 1957 y principios de 1958, solo los luchadores clandestinos promovían y confiaban en esa acción de masas.

Igualmente se hizo trizas la falsa idea de que la huelga se la impusieron al entonces jefe rebelde, como si ello fuera posible. 4

La más alta dirigencia del Movimiento —tanto en las montañas como en el llano— valoraba las lomas y las ciudades como escenarios de un mismo proceso de lucha.

Un ejemplo clave es lo expresado por el entonces Comandante Raúl Castro, a solo 20 días de constituirse el II Frente Oriental Frank País:

«Ante un movimiento de huelga general, poca cosa podíamos hacer en el orden bélico con nuestras fuerzas, sino dar más bien apoyo moral a la misma en determinada zona (Guantánamo). En vista de la situación, lo fundamental será la huelga, y nuestras fuerzas pasarían a un plano secundario (…)». 5

Tropiezos inesperados

A la huelga se le asignó un desmesurado carácter protagónico activo que no podía tener por sí misma en aquel momento histórico, pero obedecía a la vocación patriótica y a la tradición de heroísmo del pueblo cubano.

Pese a la falta de recursos, en todo el país ocurrieron paros y acciones de diversa índole, enfrentando a fuerzas mucho más numerosas y poderosas. Ningún grupo tuvo el armamento mínimo que requería. La inmensa mayoría de los clandestinos ni siquiera pudo contar con un arma corta de pequeño calibre. Muchos, capturados en las casas de acuartelamiento donde esperaban las armas para salir a cumplir las misiones que les encomendarían, fueron torturados y asesinados.

Solo en Madruga, Sagua la Grande, Santiago de Cuba y Guantánamo, las Milicias de Acción mantuvieron el dominio de las calles hasta el segundo día, y únicamente en los dos últimos lugares la Huelga se sostuvo hasta el 11 y 13 de abril, respectivamente.

Más que por todos los tropiezos que se alzaron en su contra, la Huelga del 9 de Abril pasa a nuestra historia como uno de los momentos  en los que avanzadas de la vanguardia hicieron derroche de espíritu de lucha, decisión, firmeza y valentía. Por sobre cualquier otra consideración, aquella huelga devino factor acelerante de la derrota del régimen y del triunfo de la Revolución. 6

Posibles causas del revés

El del 9 de Abril fue, sin duda, el más costoso revés nacional de las fuerzas revolucionarias. La estructura de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y la de La Habana se desarticularon, y solo pudieron recuperar su accionar colectivo tardíamente.

La espectacularidad de la propaganda del Movimiento de Resistencia Cívica, del Frente Obrero Nacional y del Frente Estudiantil Nacional, más los impactantes golpes propiciados por comandos de acción en los primeros meses de 1958, conformaron el espejismo de la posibilidad de un fulminante triunfo insurreccional urbano.

Además, el pensar en la capacidad del Llano para derrocar la tiranía; la huelga por el asesinato de Frank País en agosto de 1957; el alzamiento del 5 de septiembre de ese mismo año; el paro nacional estudiantil que se inició en febrero de 1958; la concentración de las llamadas organizaciones cívicas, profesionales y religiosas para pedir la salida de Batista, condujeron a creer en la capacidad del 26 y el potencial de sus fuerzas de acción y sabotaje, al tiempo que se subestimó la capacidad operacional de los órganos represivos de la tiranía en ciudades y poblados, que —siempre asesorados y apoyados directamente por altos oficiales de la CIA— permanecían intactos.

Según analizó Faustino Pérez el 13 de abril de 1958, el éxito no se alcanzó por una serie de sucesos violentos; por el método inadecuado para la convocatoria; el mantener secreta la fecha hizo que no funcionaran los cuadros en todos los sectores; por la escasa intensidad del sabotaje eléctrico y de las plantas de radio —cuando se esperaba la supresión total de ambos servicios—, y por la actitud «cerrada» frente a la posible coordinación de otros factores.

Marcelo Fernández —también de la dirección del Movimiento— agregaría el 21 de abril: «Falta de organización interna de los cuadros, en especial Obreros, Acción y Resistencia; error al pensar que el papel de los obreros era mantenerse en sus casas, sin participar activamente en la huelga, y la dificultad en la información radial que mantuviera en contacto las provincias con el Comité Nacional de la Huelga».

También influyó el considerar que la huelga general solo podría ser exitosa nacionalmente si triunfaba en La Habana, desconociendo que en la capital fue desarticulada la fuerza de Acción y Sabotaje, al morir y ser encarcelados sus principales protagonistas.

LEYENDA: (1) Octubre 3 de 1958, firmado «Fausto», Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 6, folio 54, Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado (OAH).

(2) Mencía Cobas, Mario. La Huelga del 9 de abril de 1958, p. 288. Memorias de la Revolución I, Imagen Contemporánea, La Habana, 2008.

(3) Conocido también como el Manifiesto de los 21 puntos. Fondo Fidel Castro, documento 96, OAH.

(4) Análisis de Mario Mencía.

(5) Informe No. 1, II Frente Oriental Frank País, 20 de abril de 1958, documento 89, OAH.

(6) Criterios de Mario Mencía Cobas, quien prepara un libro donde amplía su visión del 9 de abril de 1958.

Pérdidas humanas

Según documentos revisados, en las ciudades murieron 83 combatientes, desglosados así: En Mariel —entonces Pinar del Río— uno; en Matanzas, tres; en Ciego de Ávila, cuatro; en Oriente —todos en Santiago de Cuba— 14; en Las Villas 27 (de ellos 14 en Sagua la Grande, siete en Santa Clara, tres en Ranchuelo y tres en Santo Domingo). En La Habana, 34, de los cuales 23 en la capital (comprendido Marianao), siete en el Cotorro y cuatro en Güines. No se incluye a un desconocido que murió combatiendo en Sagua la Grande. Se cuentan tres jóvenes que cayeron en la noche del 3 al 4 de abril, en Santiago de Cuba, capturados en casas donde se acuartelaban, en la carretera de Cuabitas, para participar en la huelga.

 

 

 

 

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