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Cuba en los récords Guinness

Nuestro país tiene en su haber algunas primacías que el libro británico recoge. En sus apartados conviven lo curioso, lo singular y lo admirable

Autor:

Juan Morales Agüero

Fue una discusión entre cazadores irlandeses referida a cuál era el pájaro europeo de vuelo más veloz la que dio origen al famoso libro Guinness de los récords. Como los polemistas no hallaron en obra alguna la respuesta que buscaban, a Sir Hugh, uno de ellos, dueño de la cervecería Guinness, se le ocurrió patrocinar la publicación de un texto que tuviera en cuenta ese tipo de inquietudes.

Le dio calor a la idea y, a toda prisa, encargó a una conocida editorial londinense compilar información de tal naturaleza. La primera edición del Guinness Book salió a la luz el 27 de agosto de 1955. Cobró tal notoriedad entre los lectores que pronto fueron comprados todos sus derechos.

Hoy el Guinness constituye todo un récord en sí mismo, pues vende en 37 idiomas más de cien millones de ejemplares en cien países. Se le considera el título más comprado de la historia, exceptuando aquellos exentos de derechos de reproducción, como la Biblia. Figura, además, como la obra más sustraída de las bibliotecas públicas del planeta.

El portal Cubasí ofrece otros detalles sobre el tema:

«Contrario a lo que muchos piensan, quienes son reconocidos por el Guinness solo reciben un certificado de validez y nada de dinero. Incluso, los directivos han establecido reglas muy férreas para considerar un nuevo récord. Más de 60 000 personas intentan, anualmente, ingresar al libro y menos de 2 000 lo logran. Antes de lanzarse a la búsqueda de un récord, los interesados deben consultar a los directivos de la organización Guinness, quienes determinan si es viable la nueva tentativa».

Cuba tiene en su haber algunas primacías que el libro británico recoge. En este trabajo presentamos algunas de ellas.

Una ranita Liliputiense

En la fauna cubana figura una especie que, por su diminuto porte, hubiera podido pasearse, sin temor a ser tildada de impostora, entre la gente de Liliput, aquella comarca de enanos donde hizo de las suyas Gulliver, el personaje de una novela creada por el irlandés Jonathan Swift.

Nuestra compatriota aparece en el celebérrimo libro de las marcas absolutas como el anfibio más pequeño del mundo. La llaman Ranita de Monte Iberia (Eleutherodactylus iberia), por la región donde tiene su hábitat, en la Reserva de la Biosfera Cuchillas del Toa, reputada porque su flora y fauna endémicas constituyen las más exuberantes de Cuba.

El tamaño de esta frágil miniatura del reino animal es como para maravillarse: mide entre 9,0 y 10,5 milímetros. Exigente como pocas, demanda para sobrevivir y reproducirse cláusulas existenciales tales como lluvias que desborden los 1 600 milímetros anuales y elevada humedad relativa.

Su cotidianidad difiere según el horario. Durante el día busca refugio bajo los helechos. Desde allí, y a coro con sus congéneres, se desgañita en una estridente sinfonía de siseos y chirridos. Pero su dinamismo mayor sobreviene en la noche, cuando comienza a moverse entre la hojarasca. Según el sitio digital Cuba Naturaleza, «la única hembra conocida fue capturada a pocos centímetros de un huevo».

Hoy se habla de una ranita aún menor, de 7,7 milímetros de longitud, descubierta por científicos norteamericanos en un paraje de Papua Nueva Guinea. Certifican que puede rebasar alturas de hasta 30 veces su tamaño y que su ciclo de vida no incluye la etapa de renacuajo. Pero esa es otra historia.

Daiquirí descomunal

El bar habanero El Floridita —otrora La Piña de Plata e incluido por la revista norteamericana Esquire entre los siete más famosos del mundo— festejó su 195 cumpleaños de una manera insólita: 55 de sus trabajadores prepararon para la ocasión el daiquiri más abundante de la historia.

El hecho tuvo lugar el 21 de julio del actual año y le valió a la instalación inscribir su excéntrico trago en el libro Guinness de los récords. La manufactura del coctel se extendió por más de media hora ante una junta de expertos, con verificación de la Embajada británica en Cuba.

Para elaborar tan monumental trago hubo que emplear 275 litros de licor, entre los que se contaron 88 botellas de ron Havana Club tres años, ingrediente fundamental del «preparado» que consumen los visitantes. Necesitó, además, 30 kilogramos de azúcar, 30 litros de zumo de limón, diez litros de marrasquino y 200 kilogramos de hielo frapé.

La rara mixtura tomó personalidad dentro de una enorme copa, construida especialmente para la ocasión por el artista plástico cubano Lázaro Navarrete. Fue dispuesta junto a la barra, en el mismo sitio donde degustaba sus tragos el gran novelista norteamericano Ernest Hemingway.

Pero, como aclara el blog QuintaEsencia, «no se trató de un récord para museos, pues el recipiente gigante llenó 1 466 copas, que se repartieron entre los asistentes, muchos de ellos directivos turísticos, gastronómicos y periodistas».

No fueron los únicos en saborearlo, empero. En el exterior de El Floridita, el público que siguió paso a paso la elaboración del daiquirí por medio de una pantalla gigante también fue tenido en cuenta.

Los valedores del Guinness etílico repartieron una tarjeta con la receta del trago: el zumo de media lima, una cucharada de azúcar blanca, cinco gotas de marrasquino, onza y media de añejo Havana Club tres años y hielo molido.

Inigualable Ubre Blanca

Una vaca cubana está inscrita en el libro Guinness desde 1982 por sus prodigiosos resultados en la producción de leche. El soberbio ejemplar —cruce de razas Cebú y Holstein llevado a cabo exitosamente en laboratorios de la Isla— demostró la pujanza de nuestra genética especializada.

Ubre Blanca, nombre del legendario animal, produjo 109,5 litros de leche en tres ordeños el 16 de enero de 1982, más de cuatro veces el de una vaca promedio. Computó, además, 24 268,9 litros en 305 días. Ambas proezas carecen de precedentes en la historia de la ganadería mundial.

Como abundó la página digital de nuestro diario (suplemento En red, 19 de febrero de 2011), «de sus portentosas ubres brotaron en un año más de 27 toneladas de leche; 110,9 kilogramos en un día y 41,2 litros en un ordeño; cuando para un animal de este tipo alcanzar 30 litros en 24 horas ya es toda una hazaña».

Como consecuencia de un tratamiento hormonal para obtener de ella óvulos que serían usados en estudios ulteriores, en 1985 se le agudizó una tumoración en cierta zona de la piel, causada por la exposición a los rayos solares. Se decidió sacrificarla. Tenía entonces 17 años de edad.

Ubre Blanca fue visitada por dignatarios y personalidades de diversos países. Su cuerpo, después de recibir un proceso de taxidermia, se colocó en una urna de cristal en el vestíbulo del Centro Nacional de Veterinaria. En la Isla de la Juventud, donde consumó sus principales hazañas, una escultura de mármol blanco perpetúa su memoria. También se canceló un sello de correos con su efigie.

Tras su desaparición, algunos de sus tejidos se conservaron por si fuera posible producir en el futuro, mediante la clonación, una nueva variedad de animales capaces de producir cien litros de leche al día.

El colibrí abeja

Una multicolor avecilla, exclusiva de nuestro archipiélago, figura en el libro de los récords Guinness como el animal con plumas más pequeño del mundo. Se trata del colibrí zunzuncito (Mellisuga helenae), conocido también por las denominaciones de elfo de las abejas y pájaro mosca.

Es tan minúscula esta especie que apenas alcanza los seis centímetros de longitud y los dos gramos de peso. Debido a semejante tamaño, se le suele confundir con cierto tipo de abejas. Su nido no rebasa los tres centímetros de diámetro, y es el menor entre todos los construidos por pájaros. Sus huevos no superan en dimensiones a un grano de café.

Según Wikipedia, nuestro zunzuncito «fue descubierto por el naturalista alemán Juan Cristóbal Gundlach en 1844. Se dio a conocer por primera vez en 1950, en el libro Las aves de Cuba, del gallego Juan Lembeye. Mellisuga, su nombre científico, alude a su costumbre de succionar néctar. Y helenae, a Helena Booth, esposa de Carlos Booth, el compañero de estudios de Gundlach en Alemania, que invitó y alojó a este en Cuba para estudiar la fauna del país».

El zunzuncito tiene una frecuencia de aleteo de unas 80 veces por segundo. Eso le permite, además de permanecer en el aire en la misma posición durante un tiempo prolongado, succionar el néctar sin necesidad de apoyarse en las flores o en las ramas próximas. En el período de apareamiento puede sacudir sus alas hasta 200 veces por segundo.

Como singularidad, nuestro pájaro mosca posee uno de los ritmos cardíacos más rápidos del reino animal, y es el ave con la menor cantidad de plumas. Su temperatura ronda los 40 grados Celsius, la más alta entre los alados. Durante la noche desciende hasta los 19 grados para economizar energías.

El zunzuncito consume cada día una cantidad equivalente a la mitad de su peso en alimentos y hasta ocho veces en agua. Endémico de nuestro país, puede ser encontrado en bosques y jardines, fundamentalmente en la Isla de la Juventud.

La mayor simultánea de ajedrez

El 7 de diciembre de 2002, la habanera Plaza de la Revolución José Martí acogió en sus áreas, en el contexto de la I Olimpiada del Deporte Cubano, la simultánea de ajedrez más grande efectuada hasta esa fecha en el mundo, cuando 11 320 personas se enfrentaron a casi 600 maestros de diferentes categorías en el reino de la diosa Caissa.

Tamaña demostración de masividad fue reconocida como marca absoluta por el libro, pues desbancó la anterior, impuesta en el año 2000 en la Plaza del Zócalo de Ciudad de México, donde tomaron parte 10 007 aficionados.

El registro de nuestro Guinness lo rubricaron 42 testigos, entre ellos el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien ocupó uno de los tableros; José Ramón Fernández, presidente del Comité Olímpico Cubano; cuatro Grandes Maestros; y dos delegados del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba.

El certificado de autentificación se envió a Cuba desde la ciudad de Londres por el señor Louise Whetter, responsable general de los récords Guinness, y fue entregado en una sencilla ceremonia al Gran Maestro Silvino García, primer ajedrecista en ostentar ese título en nuestro país.

Empero, la baza de aquella simultánea tuvo fugaz vigencia, pues un par de años después, en la Plaza Ernesto Guevara, de Santa Clara, y dentro del programa de la II Olimpiada del Deporte Cubano, 13 000 jugadores tomaron asiento ante sus respectivos escaques. Entre los maestros con quienes rivalizaron figuró el ex campeón mundial Anatoli Karpov.

Un tabaco recordista

Un tabaco manufacturado en Cuba está inscrito en el libro Guinnes de los récords como el de mayor dimensión de todos los tiempos. Su registro data del pasado año, aunque su creador, José Castelar, tiene un pródigo currículo en eso de implantar marcas universales con sabor a nicotina.

Castelar —conocido por el seudónimo de Cueto— fabricó su megahabano de 81,80 metros de longitud durante la Feria Internacional de Turismo FitCuba 2011, en el complejo histórico-cultural Morro-Cabaña, donde comercializa la tienda La Tríada, centro de trabajo del torcedor.

El tabaquero precisó de ocho jornadas para conformar el soberbio puro que, para ser exhibido, fue colocado en el espacio de 12 bóvedas de un pabellón de la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, donde Cueto en persona solicitó la certificación del Libro Guinness.

En su manufactura empleó hojas donadas por el veguero Héctor Luis Prieto, quien tiene en su haber el importante Premio Habano 2007 conferido al mejor cosechero de la provincia de Pinar del Río, considerada la legítima cuna del mejor tabaco que se cultiva actualmente en el mundo.

Con tan descomunal breva, medida in situ por un diplomático europeo, el tabaquero cubano se acreditó por quinta ocasión el récord Guinness. En esta oportunidad, el certificado le fue entregado por Dianna Melrose, embajadora en Cuba del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

La primera vez que Cueto se agenció un récord Guinnes fue en 2001. En aquella oportunidad torció un tabaco de 11,04 metros. Dos años después cobró forma entre sus manos otro de 14,86 metros. En el 2005 fabricó uno mayor: 20,41 metros. Y el del 2011 resultó aún más larguirucho: 81,80 metros.

Cueto tiene actualmente 67 años de edad, de ellos más de 50 dedicados al cultivo del tabaco. Ha confesado que para torcer sus gigantescos habanos necesita materia prima de excelencia, un local cerrado, concentración absoluta, preparación física y hasta un masajista que le reanime y relaje de vez en vez las articulaciones de las manos.

El artífice del dominio del balón

A pesar de que nuestro fútbol carece de grandes resultados competitivos, existe una modalidad suya en la que la Isla caribeña ha mostrado excelentes credenciales: el dominio del balón. Algunos de sus practicantes ostentan hoy tal maestría que, incluso, han accedido a los récords Guinness.

Erick Hernández, multirrecordista mundial, constituye su máximo exponente. En su ejecutoria consta el certificado que avala su primera inclusión en el famoso libro. Data de octubre de 2005, cuando tocó el balón con la cabeza 319 veces en un minuto, marca que superó tres años después.

Su segunda primacía la estableció el 17 de octubre de 2009, al golpear con la testa el balón 185 veces en 30 segundos. «Este récord lo recuerdo con mucha alegría, porque es uno de los más difíciles que he logrado en mi carrera deportiva», declaró cuando Guinness le dio homologación.

El brillante expediente de Erick Hernández, seleccionado en el 2011 como el atleta más destacado de Cuba en Deportes Especiales, exhibe otras muchas marcas mundiales, que él mismo se encarga de destrozar periódicamente.

Además de esos récords Guinness, entre las más notorias resaltan la de 19 horas y 10 minutos de control del balón con todo el cuerpo; el dominio de la esférica a lo largo de 42 kilómetros, para lo cual empleó siete horas y 17 minutos.

La destreza en el dominio del balón debutó en Cuba en 1993, y el primer récord mundial fue registrado cuatro años después, cuando Douglas Hernández, hermano de Erick y su actual entrenador, logró 100 026 toques en 15 horas.

Otros registros notables

La publicación cultural La Jiribilla dio a conocer hace un tiempo esta singular noticia, citando a la agencia EFE: «Cuba impuso una marca para el libro Guinness de los récords al disputar el partido de dominó más largo del mundo, que duró cinco días y totalizó 105 294 puntos. El encuentro tuvo lugar en la localidad santiaguera de Las Flores, fue observado por árbitros internacionales y contó con la participación de 630 personas. Se disputó de acuerdo con las normas establecidas: cada 40 partidas cambiaban los jugadores. Incluida la modalidad de contrarreloj».

Se ha escrito bastante también acerca del son más largo del mundo, poseedor de un récord Guinness. Fue en 1997, en el contexto de Cubadisco, cuando miles de músicos y cientos de agrupaciones musicales estuvieron «descargando» durante cinco días consecutivos para beneplácito de los bailadores. Como dijo una publicación de la época, fue «una verdadera camerata musical nunca antes vista en Cuba ni en América».

El libro de los récords Guinness es como una contemporánea Torre de Babel, atestada de cosas diferentes. En sus apartados conviven lo curioso, lo singular, lo intrascendente y lo admirable. Discernir qué nos interesa es una tarea personal e intransferible.

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