Quitar la angustia a los cafetos

Miles de plantas en el sur del oriente cubano fueron dañadas por Sandy, algunas de estas vinculadas a cultivos valiosos para el país, como el café. La situación aconseja no lamentarse y trazar estrategias urgentes

Autores:

Osviel Castro Medel
Lilibeth Alfonso Martínez
Eduardo Pinto Sánchez

Lo vieron venir y se apresuraron a salvar lo posible, pero llegó el momento en que ya no tenían nada más que hacer, solo esperar el golpe y apelar a la suerte. Días después del porrazo muchos de ellos cruzaron caminos fangosos para comprobar realmente qué había pasado.

«Lo peor no fueron los granos perdidos, sino las matas que murieron aplastadas por los árboles», señaló con pesar Boris Leonardo Sánchez, un caficultor de la región oriental del país, al verificar los estragos de Sandy en las plantaciones de café.

Su sentencia mueve a la reflexión profunda. No solo se ha de pensar en los millones de granos que el huracán pudrió o arrastró con sus aguas, sino también en las afectaciones a los cafetales abatidos por las ramas y hasta por los troncos de árboles.

Por ejemplo, en Santiago de Cuba, mayor productora del cerezo en la nación, la combinación de ambos factores dañó 13 200 hectáreas (de las 27 941 del territorio) y 2 000 fueron destruidas totalmente. Los municipios más afectados fueron Santiago de Cuba, San Luis, Palma Soriano y Songo-La Maya, según datos brindados a JR por el ingeniero Carlos Manuel Arzuaga, subdelegado de Café y Forestal en la provincia. Allí se estima que el 12 por ciento del café en los campos quedó inutilizado por las «mordidas» del meteoro.

Mientras, en Guantánamo —segunda en la producción del país—, el vendaval perjudicó unas 171 000 latas, de las cuales solo pudo recuperarse el siete por ciento. El resto se pudrió en los campos. Del total de pérdidas, el 80 por ciento se concentró en los municipios de Maisí, El Salvador y Yateras, los tres más productivos del territorio. Y en general, el 74 por ciento de las áreas dedicadas a este cultivo en Guantánamo sufrieron daños.

Estas cifras, unidas a otras 23 697 latas perdidas en Granma (tercera productora de café en Cuba) revelan un serio impacto en este cultivo, ya resentido por otros problemas de antaño.

William Chávez, subdelegado del Ministerio de la Agricultura en este último territorio, apuntó que el paso del ciclón no solo implicó pérdidas por el grano arrastrado o sobrepasado de maduración, sino también una merma en la calidad de lo recolectado. Porque no es lo mismo el café obtenido de la planta con todos sus atributos, al sacado del suelo con golpes en su «anatomía».

Agreguemos otra consecuencia nefasta para el futuro: la desprotección que sufren ahora algunos campos por el desplome de los árboles de sombra. (Sería imperdonable olvidar que los cafetos no lían mucho con el sol).

Para atenuar esa «indefensión», en Guantánamo se están repoblando en este instante algunos campos con higueretas y matas de plátanos para crear una sombra provisional; también ha empezado a reemplazarse la sombra permanente, pero eso requiere de años de paciencia.

Antes de Sandy

Algo ha de quedar claro: no se puede culpar a Sandy de toda la angustia de los cafetos, porque antes del meteoro los planes en estas tres provincias, que concentran la mayor parte de la producción del café cubano, ni se parecían a los del pretérito.

Como trascendió en estas mismas páginas, en las últimas décadas las producciones del grano han experimentado retrocesos, debido a la pérdida de competitividad por el bajo precio que tuvo el café en relación con otros cultivos, la insuficiente concreción del programa de reordenamiento cafetalero, con sus exigencias de rehabilitación (reposición de las plantas que se malogran) y renovación de áreas (plantar de nuevo el cafetal, generalmente por envejecimiento de las plantas), la carencia de viveros para su fomento, además del azote casi permanente de fenómenos climatológicos de todo tipo.

Citemos, para ilustrar, que hace 30 años  los caficultores de Guantánamo lograron recolectar 7 352 toneladas del grano; mientras que los de Santiago llegaron a unos 8 400. Hoy día la suma de todo lo cosechado por estas dos provincias más lo que acopia Granma ni se acerca a la primera cifra citada.

William Chávez señaló que décadas atrás en las montañas granmenses (fundamentalmente las de Guisa, Bartolomé Masó y Buey Arriba) en un momento la cosecha rondó los cuatro millones de latas; ahora, en cambio, el plan de acopio se estimaba en algo más de 417 000; es decir, no pellizcaba el medio millón.

En Guantánamo, por ejemplo, durante un recorrido de este diario por áreas cafetaleras de Niceto Pérez, ya en plena cosecha y meses antes de que pasara el huracán, el panorama no era nada halagüeño cuando se suponía que los cafetos debían estar cargados y esperando a los recolectores.

Ese municipio, que el pasado año aportó 46 000 latas del cerezo, en este solo planea entregar unas 19 000, y «estirando la soga», como recalcó Lorenzo Bueno Zamora, director de la Empresa Agropecuaria Casimba, pues en lo que iba de año la media de precipitaciones, según un pluviómetro de esa demarcación, era de 63,5 milímetros.

«Como resultado, más de 670 hectáreas de cafetos dejaron de florecer, y a eso se sumó la mala calidad de las pocas flores que salieron en los campos. En algunos lugares, por ejemplo, hubo pero no acabó cuajando el grano, o se dio pero muy pobre», explicó el agricultor.

Pero no fue solo en Niceto, cuyo aporte a la zafra no es de los más significativos: Maisí, el gigante productor de esta provincia y que según viejos campesinos llegó a producir más de un millón de latas del grano, para esta cosecha solo se comprometió a colectar 267 400 latas, mientras que Yateras y El Salvador, los que le siguen en aportes en este territorio, estimaron 183 800 y 163 799, respectivamente.

En opinión de Rafaela Díaz Velázquez, directora del Centro de gestión del Grupo empresarial de agricultura de montaña en Guantánamo, una de las causas del descenso estriba en el bajo e irregular régimen de lluvias durante la primavera, etapa en que ocurre la floración de los cafetos. Tal situación se confirmó con el sistema de Recursos Hidráulicos, que identificó que en cinco municipios de este territorio los acumulados de lluvia, hasta junio, no rebasaban el 40 por ciento de su promedio histórico.

El rendimiento de las cosechas venideras se comprometió en Guantánamo además, más allá de los efectos de Sandy, por el incumplimiento del plan de siembra de este año, que se quedó al 82 por ciento, con los mayores atrasos en Niceto Pérez (37 por ciento), y Baracoa (69 por ciento).

Entrevistas con algunos productores de la provincia más al este de Cuba, revelaron que además de la sequía en la primavera, otra causa que determinó el incumplimiento del plan fue el atraso en la producción de posturas por la falta de semillas que salen de un banco certificado y deben llegar a los viveros por gestión empresarial, así como el atraso en el llenado de las bolsas de polietileno.

Estas situaciones provocaron que las posturas no estuvieran a tiempo en las manos de los productores y, ya en el campo, no pudieran aprovechar la poca lluvia que cayó.

El café se siembra y le tiene que caer agua en 12 días, de lo contrario la planta se seca, por eso ante la sequía los campesinos prefieren esperar a que llueva para plantar. Existe una segunda campaña de siembra, la de frío, que es en septiembre, pero por lo regular se aprovecha bien poco, debido a que los productores prefieren concentrar la fuerza en la recogida del grano para esa fecha.

Pero tanto directivos como caficultores saben que otras de las raíces fundamentales del problema de la producción de este rubro están también en el envejecimiento de muchas plantaciones, las que ya «no daban la cuenta».

A eso se unen las migraciones de caficultores hacia el llano, ciertas desatenciones con el cultivo y la extensión de las zafras más allá de lo prudencial, lo que conlleva a repasar una y otra vez los campos. Es como un perro que se muerde la cola. Lo ideal es que se termine de recoger café a mediados de diciembre y que ya en enero todas las plantaciones estén podadas y con las atenciones culturales que requieren, listas para la primera floración, que ocurre en febrero y marzo. Si el ciclo no se respeta, la cosecha se desfasa y se atrasa la floración, la parición, y aparecen granos tardíos.Y así, una y otra vez.

Todo esto se conjuga con las complejidades del café: necesita sombra, pero no mucha; lluvia, pero en el tiempo indicado y de forma regular, descanso y muchas atenciones, si es que se quieren obtener altos rendimientos.

Y no pueden obviarse las enfermedades que surgieron en otras épocas, que al parecer ya están controladas.

Para Alberto Fernández Marzo, presidente de la UBPC Iraelda Marzo, de Maisí, la causa principal del bajón productivo de ese rubro en su municipio fue la desatención de las áreas cafetaleras sobre todo luego del inicio del llamado Período Especial, cuando el precio de una lata de café era tan bajo que al final de la zafra las ganancias apenas rebasaban los gastos.

Por eso, dice el caficultor, mucha gente prefirió dejar el café a la deriva y dedicarse a otros cultivos más lucrativos, como la malanga. Al punto de que muchos campos que antes eran estrictamente cafetaleros cambiaron su objeto social.

El cambio llegó con el incremento de los precios del café, que realmente estimulan al productor, y el programa para la renovación cafetalera. «Pero hay que entender que el café no se levanta en un día, ni un año. Los campos se demuelen o se siembran de nuevo, pero hay que esperar tres años para que den algún fruto. Por eso, incluso es entendible que en los primeros años del plan de renovación se caiga la producción, porque ese café que uno tumba producía poco, pero producía», refirió Fernández Marzo.

Futuro cercano y lejano

Se conoce que con el golpe de Sandy hay que renunciar a planes pre cosecha. Pero la herida no debe llevar a desligarse de las proyecciones, que proponían, entre otros aspectos, la renovación de los cafetales y una mejor estimulación económica a los recolectores. Actualmente, una lata de café arábigo de primera se le paga al caficultor a 50 pesos y una de robusta a 40 pesos, grafica William Chávez.

Esas mencionadas transformaciones, sin embargo, no se están logrando en todos los lugares. El plan de siembra del municipio mayor productor de Guantánamo, Maisí, quedó este año, por ejemplo, al 75 por ciento.

En opinión de Alberto Fernández Marzo, el programa de recuperación tampoco ha avanzado como se pensaba inicialmente.

«Lo anterior, dice, se debe fundamentalmente a que muchos campesinos, a pesar de las garantías estatales, se resisten a tumbar un cafetal viejo y esperar tres años para que vuelva a la producción, y otros que por su avanzada edad no tienen la capacidad para hacerlo, ni fuerza de trabajo suficiente.

Otro asunto son los altibajos productivos, las diferencias en los rendimientos de un año a otro. Ese fenómeno lo atribuye a la cantidad de cafetos envejecidos, con más de 25 años de explotación que dan una cosecha buena y al próximo año, una mala, pues necesitan más tiempo para coger fuerza.

Y ya antes de Sandy la actual cosecha también asomaba atrasos notorios en los municipios santiagueros de Guamá, Segundo Frente, La Maya y San Luis, por problemas asociados a la sequía en el período de floración, aunque los directivos siguen pensando en el hecho de que casi un 90 por ciento de la variedad robusta está todavía en las plantas. Y apuestan a diciembre como mes decisivo para recuperar terreno.

En Guantánamo los cafetos derribados y, en general, las plantas inservibles, no serán remplazados enseguida. La estrategia es preparar su siembra en la próxima primavera junto al plan previsto dentro del programa de recuperación cafetalera —para ello se deberán producir un 1 500 000 posturas adicionales—, y aguardar tres años para verlas producir.

No obstante, Rafaela Díaz se muestra optimista al evaluar la próxima zafra: «Creemos que será superior, por lo menos, a la actual, no solo por la recuperación de las áreas, también por la entrada en producción de plantas que fueron sembradas como parte de la recuperación cafetalera», y que se conservaron a pesar de Sandy.

De momento, Guantánamo se empeña en salir adelante. Además de la siembra de la sombra, se prioriza la eliminación de los árboles caídos que todavía hoy obstruyen el paso en los cafetales, acordonamiento que consiste en la disposición de los restos de ramas y árboles en barreras muertas contra la erosión.

Otro asunto que apura a los cafetaleros es la recuperación de los caminos de montaña, gravemente dañados por el huracán y que, en estos momentos, retoman sus rumbos gracias al empeño de 91 brigadas de camineros de la agricultura por facilitar la entrada de los recolectores a los campos y asegurar el acarreo del grano recogido hacia los puntos de acopio.

Con todo y el trabajo duro, la recuperación total de las áreas cafetaleras —hoy en Guantánamo a un 13 por ciento— deberá esperar hasta febrero. Ese mes, dejadas atrás las urgencias de la recolección, también comenzarán importantes atenciones culturales a los cafetos con vistas a la zafra 2013-2014, incluida la necesaria poda, porque el café, caprichoso como es, solo brota en rama nueva.

De momento, y aunque el panorama se pinta complicado, la directora del Centro de gestión no renuncia por completo a la idea del cumplimiento: «A estas horas se dictaminan las posibilidades de cada productor, según las normas técnicas. Cuando es necesario, se renegocian los contratos con los campesinos; pero con la claridad de que todo el café que todavía esté en los campos debe ser recogido y entregado».

Más al oeste, Carlos Manuel Arzuaga y William Chávez, directivos de Santiago de Cuba y Granma, respectivamente, también muestran esperanzas.

El primero precisó que en Santiago «en estos momentos estamos en la etapa conclusiva de un levantamiento de las áreas dañadas por Sandy, en la categorización de cuáles por su nivel de afectación pueden ser trabajadas agrotécnicamente y se pueden incorporar a la próxima cosecha, cuáles por su nivel de afectación y potencialidad productiva pueden ser rehabilitadas para que en los próximos dos años se incorporen a la cosecha y cuáles fueron devastadas totalmente».

Para lograrlo, la Delegación provincial del Ministerio de la Agricultura en este territorio ha elaborado un plan de trabajo con el propósito de que en el mes de agosto del año 2013 el territorio mayor productor de café del país, alcance los mismos niveles productivos que antes del ciclón, e incluso mejores.

Según el directivo, han centrado los esfuerzos también en recuperar todos lo viveros de café, para arribar al 15 de diciembre ya con todas las bolsas llenas de tierra y las semillas plantadas, de modo de asegurar las posturas necesarias para la resiembra y el rescate de las plantaciones afectadas, así como para la renovación de la campaña de siembra del próximo año.

En los ocho municipios de Santiago de Cuba se trabaja aceleradamente en la restauración de las instalaciones de beneficio. En ese sentido sobresale el municipio de Segundo Frente, que ya logró recuperar toda su infraestructura de beneficio, en la que se cuentan molinos, almacenes y despulpadoras, los cuales fueron severamente golpeados por Sandy.

Carlos Manuel Arzuaga precisó que la pretensión de los santiagueros es llegar a más de un millón de latas recogidas en esta cosecha, «y aunque no cumplamos el plan nos acercaremos, al menos, al 85 ó 90 por ciento de lo programado». (Los estimados iniciales aquí eran de 1 289 727 latas para esta cosecha).

Por todo lo anterior, dijo confiar en que en la venidera contienda se pueda conseguir una producción superior a la del presente y sentar las bases para el ascenso. William Chávez, por su parte, sigue en una cuerda similar: «Creo que lo importante en este momento es ir recuperándonos poco a poco; nosotros, pese a las adversidades por el huracán, no hemos renunciado al cumplimiento de lo previsto y hemos ido renovando varias áreas dentro de lo programado en Granma», expresó.

Claro, concretar esos sueños entraña sortear numerosas dificultades, pensar con agilidad, asumir los retos de una situación nueva que no estaba prevista, poner los pies en la tierra y el grano de café definitivamente en el morral.

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