Tributo eterno a nuestra Madre África

Cumplir los sueños de sus próceres debe ser la guía de quienes construyen el presente y el futuro de esa tierra de resistencia preñada de aspiraciones

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

África palpita en Cuba. La identidad de esta tierra caribeña tiene entre sus genes formadores, uno especial: la riqueza humana y cultural del continente africano, lejano, al otro lado del Océano Atlántico, que después del triunfo de la Revolución, se nos fue haciendo cada vez más cercana, la fuimos interiorizando como parte que es de nuestra esencia como nación y pueblo.

El triunfo de la Revolución Cubana, el despertar anticolonialista de África fueron aldabonazos en los que tomamos conciencia de nuestra historia común, en la que encontramos mutua inspiración y apoyo.

Cuando Cuba llega a ese enorme continente, saqueado y todavía en buena parte, en manos del colonialismo europeo, encuentra a muchos hombres y mujeres entregados a la causa de la independencia nacional y continental. Los cubanos llegaron a una tierra de resistencia, de aspiraciones e ideales humanistas. A la tierra de Sekou Toure, Kwame Nkrumah, Ben Bella, Abdelaziz Bouteflica, Amilcar Cabral, Modibo Keita, Gamal Abdel Nasser, Agostinho Neto, Samora Machel, Sam Nujoma, Nelson Mandela, Patricio Lumumba, Julius Nyerere, y de heroínas casi anónimas como Deolinda Rodríguez, Irene Cohen, Engracia Paim, Lucrecia dos Santos y Teresa Afonso, entre tantos hombres y mujeres enfrascados en construir el destino y el futuro de un continente, sin las amarras del colonialismo.

Con ellos Cuba tejió hermosos vínculos que dieron impulso a la histórica relación entre nuestros pueblos.

En honor a esa historia, que también es patrimonio nuestro, y para cultivar la continuidad generacional, la Sociedad de Amistad Cubano Africana impulsó la creación del Parque de los Próceres Africanos, ubicado en calle 13, entre 64 y 66, en el municipio de Playa, La Habana. Allí se perpetúa en bronce la imagen de algunos de los guías que contribuyeron decisivamente a la lucha contra el colonialismo y a la unidad de África.

Hasta ahora son 15 los héroes homenajeados: Antonio Agostinho Neto (Angola), Oliver Tambo (Sudáfrica), Eduardo Mondlane y Samora Machel (Mozambique), Kwame Nkrumah (Ghana), Emir Abdel Kader (Argelia), Gamal Abdel Nasser (Egipto), Modibo Keita (Mali), Omar al-Mukhtar (Libia), Amílcar Cabral (Guinea Bissau), Marien Ngouabi (República del Congo), Ahmed Sékou Touré (Guinea), Laurent-Désiré Kabila y Patricio Lumumba (República Democrática del Congo), y Seretse Khama (Botswana).

Rodolfo Puente Ferro, conocedor de África como pocos en Cuba y uno de los impulsores de este proyecto, comenta a JR que un parque de este tipo es único en el mundo. Ni siquiera en África existe uno similar. Aunque en ese continente se han levantado monumentos que recuerdan la presencia cubana allí. Así, por ejemplo, en Guinea Ecuatorial existe un obelisco que recoge los nombres de los 200 cubanos deportados en 1868 por el colonialismo español. Los etíopes develaron un monumento a los 163 cubanos que cayeron en combate en ese país, y en Sudáfrica el Freedom Park tiene los nombres de los 2 073 combatientes cubanos que cayeron en Angola.

Puente Ferro cuenta que en el parque de los patricios africanos están las imágenes de los próceres cuyos bustos fueron aprobados por sus Gobiernos, y todos tienen las mismas dimensiones.

La primera figura fue la de Neto, en septiembre de 2000, traída desde Angola. Algunas de las efigies también llegaron desde sus respectivos países, y otras son obra de artistas cubanos. El afamado escultor santiaguero Alberto Lescay realizó las de Modibo Keita; Omar al-Mukhtar, el héroe de Libia conocido como el León del desierto y líder de la resistencia contra el invasor italiano; así como la de Amílcar Cabral. Mientras, el pinareño Andrés González es el autor de los bronces de Marien Ngouabi, Ahmed Sékou Touré, Patricio Lumumba y Laurent Désiré Kabila.

Por la importancia de tanta historia, los monumentos fueron develados, cada uno en su momento, por dirigentes políticos o gubernamentales de sus naciones de origen, y en varias ocasiones estuvieron acompañados por el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro. Es el caso de la imagen de Oliver Tambo —destacado luchador contra el apartheid y presidente del Congreso Nacional Africano—, develada por Fidel y el presidente sudafricano Thabo Mbeki.

Jefes de Estado, ministros y políticos africanos rinden homenaje a sus próceres en este parque cuando visitan Cuba.

Los sueños de nuestros padres africanos

Durante las gestas africanas por la independencia, estos líderes a los que Cuba rinde tributo, dotaron a sus movimientos de un programa político y una autoridad moral que les ganaron el apoyo de las masas. Ellos comprendieron que la lucha no acababa con la independencia dentro de las fronteras.

Patricio Lumumba estaba convencido de que la liberación del Congo marcaba «un paso decisivo hacia la liberación de todo el continente africano». Por eso, su pensamiento fue una espina en la garganta de las potencias explotadoras de las naciones africanas. Luchó por destruir el poder colonialista europeo y desterrar la expoliación que durante siglos sufrió el continente.

Imperdonable fue la actuación de la ex metrópoli belga y la CIA de Estados Unidos, que prepararon su asesinato, apenas unos meses después de que Lumumba asumiera como primer ministro. Su muerte conmocionó a toda África y al mundo.

En otros próceres también existía la convicción de la necesidad de llevar a cabo una revolución social e impulsar la unión de todos los Estados africanos. Una vez que su nación fue independiente, el ghanés Kwame Nkrumah, uno de los principales exponentes de esta línea de pensamiento, se planteó entre las necesidades más urgentes la abolición de la pobreza, el analfabetismo y la mejora del sistema de salud, entre otros males sociales que habían aquejado históricamente a África.

En ese sentido, el presidente de Botswana, Seretse Khama, promovió la educación universal y gratuita de su pueblo. El fortalecimiento de la economía botswana fue otro de sus logros.

Kwame Nkrumah llegó tan lejos como plantear una única vía para cumplir el compromiso contraído con el pueblo: la puesta en práctica de la experiencia socialista. Consideró la propiedad pública sobre los medios de producción y el control sobre la tierra y los recursos, para permitir fiscalizar los ingresos y ponerlos en función de la satisfacción de las necesidades de su pueblo.

Por su parte, el guineano Ahmed Sékou Touré estaba claro de la naturaleza de su movimiento cuando estableció la interdependencia entre dignidad y libertad. En función de una revolución que irradiara en todo el continente, ofreció su retaguardia para el movimiento guerrillero en Guinea Bissau.

Amílcar Cabral lideró del Partido Africano para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGG) el movimiento independentista más fuerte de las colonias portuguesas y uno de los más hábiles para garantizar la unidad nacionalista y establecer estructuras políticas en zonas liberadas.

Cabral fue un gran comandante militar, lo cual no solo le ganó el respeto de los independistas, sino también el de los efectivos de la metrópoli.

Modibo Keita, el maliense, también defendió la aspiración de llevar a la práctica la visión del socialismo africano. Su proyección traspasó las fronteras del continente. Dedicó varios discursos a condenar la invasión norteamericana a Vietnam, además de defender otras causas justas del mundo en diversos foros internacionales.

Construyendo la unidad africana

De los 27 Jefes de Estado que participaron en la constitución de la Organización de la Unidad Africana (OUA), el 25 de mayo de 1963, cinco se encuentran representados en el Parque de los Próceres: Gamal Abdel Nasser, Modibo Keita, Kwame Nkrumah, Julius Nyerere y Ahmed Sékou Touré. Agostinho Neto y Eduardo Mondlane, también homenajeados en este lugar, acudieron a esa cita tan trascendental para el continente como observadores de los movimientos de liberación.

Las delegaciones reunidas en Addis Abeba, Etiopía, acordaron entonces alcanzar la unidad y solidaridad del continente, cooperar para conseguir el bienestar de sus pueblos, defender la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los miembros, eliminar en todas sus formas el colonialismo en África. En ese momento quedaban como colonias Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Cabo Verde, Sao Tomé y Príncipe, Guinea Ecuatorial, Zimbabwe, Namibia y Sudáfrica bajo el régimen del apartheid.

La OUA significó el primer llamado continental a la unión, luego del impulso dado al proceso independentista y anticolonial en la Conferencia de Bandung en 1955 y en la creación del Movimiento de Países No Alineados, seis años después.

El 9 de julio de 2002, la OUA fue reemplazada por la Unión Africana (UA), enfocada en alcanzar la integración económica y política, reforzar la cooperación entre sus Estados miembros y promover la paz, la seguridad y la estabilidad del continente.

En estos días, la organización regional africana realiza su XXI cumbre en Addis Abeba, bajo el lema Panafricanismo y Resistencia Africana, y precisamente, para rendirle homenaje a los artífices de la OUA y a figuras históricas del continente, la cita rindió homenaje este 25 de mayo, conocido mundialmente como el Día de África.

Honrar a los antepasados y a los fundadores de la Madre África va más allá del simbolismo. Es contraer un compromiso con el presente y el futuro de una tierra cuna de la humanidad, aunque así le cueste reconocerlo al discurso racista hegemónico. Aquellos padres enseñaron la luz, y les toca a los políticos actuales y a las nuevas generaciones seguir construyendo el gran proyecto de integración africana.

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