¡Que el «relajo» sea con orden!

Los ascensos militares más espectaculares de la historia cubana los hizo la dictadura de Fulgencio Batista. Una generación de honorables y dignos jóvenes inspirados en el Apóstol los derrotaría en un tipo de lucha para el que no estaban preparados

Autor:

Luis Hernández Serrano

El 10 de marzo firmó el dictador Fulgencio Batista el Decreto 94 que reincorporaba al Ejército a viejos oficiales incondicionales retirados, otorgándoles más grados y mejores cargos.

Como mayor general y jefe del Estado Mayor, Francisco Tabernilla Dolz; general de brigada e inspector general del Ejército, Martín Díaz Tamayo; varios coroneles: Manuel Larrubia, jefe de Aviación Militar; Ugalde Carrillo, jefe de Ayudantes del Estado Mayor; Cruz Vidal, Jefe del SIM; y Carlos Cantillo, jefe de la Casa Militar del Presidente. Además, Aquilino Guerra, jefe del Regimiento 2 de Camagüey, y Pilar García, jefe del Regimiento 3 de Santa Clara.

Igualmente el decreto ratificaba en sus mandos a los jefes de los regimientos: 8 y 10, Fernández Rey y Ceballos Reyes, el primero en Pinar del Río y el otro en Managua; en el 9, el Calixto García de Holguín, al General Ricardo Pérez Barnet. Y ascendía a coroneles a los capitanes Alberto del Río Chaviano, Pérez Coujil y Rojas González, como jefes de los Regimientos 1, 4 y 7 de Santiago de Cuba, Matanzas y La Cabaña, en ese orden.

La reincorporación de los ex oficiales situados en cargos superiores, aumentaron el malestar de los golpistas principales. De ese grupo los únicos ascendidos (a coroneles jefes de regimientos) fueron Jorge García Tuñón, en el 6 de Columbia; Rojas, en el 7 de La Cabaña; Dámaso Sogo, en el 5 de La Habana y Rodríguez Ávila, jefe de la Motorizada de Columbia.

Tuñón quería ser jefe del Ejército y seis de los primeros tenientes acompañantes no se conformaron con ser Comandantes y formaron un sutil desorden. Para contentarlos Batista los ascendió espectacularmente a tenientes coroneles y poco después hizo General de Brigada al capitán golpista Jorge García Tuñón para que no entronizara un relajito sin orden.

Batista, en suma, puso activos a 50 oficiales. El dictador hipertrofió el cuadro de la oficialidad del Ejército con más de 750 ascensos: 73 oficiales y 37 suboficiales a dos o más grados; 303 oficiales y 55 suboficiales un grado; y 293 sargentos, 18 cabos y 11 soldados también fueron ascendidos. A cuatro oficiales golpistas más los llevó a generales.

Aún descontando los 90 oficiales dados de baja el día del cuartelazo, el crecimiento fue exagerado. De 481 oficiales el 9 de marzo, la cifra se elevó a 800 un mes después. Otro tanto ocurrió en la Marina de Guerra.

Batista purgó a cien militares, de ellos 90 oficiales, y a cuatro generales. Y por la tarde los subió en un avión en el aeropuerto de Columbia y los bajó en Miami, ¿dónde si no? En la Marina ocurrió también algo parecido.

Fuente: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p.p. 82, 83, 84, 85 y 86, Tomo I, Editora Política, La Habana, 1986.

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