Apacibles, las enramadas del jardín

Una joven santiaguera de 32 años destaca dentro de un novel colectivo de la gastronomía indómita, donde lo exquisito no viene únicamente con los helados que allí se ofertan

Autores:

Lisván Lescaille Durand
Eduardo Pinto Sánchez

Santiago de Cuba.— Es casi medianoche cuando una de esas motos que rugen por las calles de esta urbe de medio millón de habitantes atraviesa la barriada Dessy, muy cerca del asentamiento Chicharrones. Pese a la rauda y peligrosa carrera del motorizado, a la joven Maddelina Sierra Robles le será imposible despedirse hasta mañana de sus dos hijos: Daniel Ismael Torres Sierra, de 8 años, y Daniel Mojena Sierra, de 5 abriles.

Casi nunca lo consigue. Y hay veces que los rigores del puesto que desempeña como Jefa de Brigada en la heladería El Jardín de las Enramadas, le acorta bastante ese contacto con su descendencia. Ella debe supervisarlo todo en las 11 áreas a su cargo; trabajar con eficiencia para que continúe reinando el buen gusto bajo aquellas enramadas que apaciguan el inclemente sol de la Ciudad Heroína. Y, luego asegurarse de que el establecimiento quede impecable para su relevo.

Maddelina está en ese sitio preferido por los indómitos, prácticamente desde que se inauguró el 17 de junio de 2011. Convive con unos 118 colegas, cuyo promedio de edad es de 26 años, y encuentra satisfacciones que la mantienen prendada de este oficio: «más que a tomar helados las personas vienen a pasear y encuentran un ambiente apacible, limpieza, orden, disciplina; eso me da mucha inspiración para seguir trabajando», alega la joven.

Además del salario que ellos consideran bastante bueno —supera los 500 pesos con estimulaciones por el buen desempeño— tienen, según Maddelina, otros incentivos como la preocupación de los directivos por sus obreros, reconocimientos en sus cuadras a los más destacados y otras ayudas, en la medida de lo posible.

Irse de El jardín de las Enramadas no es una opción considerada jamás por la muchacha que siente a diario las muestras de satisfacción de muchos de los más de cinco mil clientes que llegan a esta unidad de la gastronomía especializada santiaguera.

«Hay gente que te reconoce en las calles y te regala una sonrisa, eso tiene mucho de premio, es señal de que se sintieron bien atendidos», asevera la joven, quien sostiene que ahí radica la principal divisa de ese colectivo, que ofertando helados muestra el rostro del buen gusto y la amabilidad, tan necesarios en todas las épocas.

De esas premisas les conversa a diario Ricardo Despaine Torres, un hombre que por más de 20 años labora en centros gastronómicos de Santiago de Cuba, y ahora dirige El jardín… alentado por el comprometimiento de sus muchachos y muchachas, quienes, junto al resto de los trabajadores, ingresaron desde su nacimiento más de 8 millones de pesos a las arcas estatales.

«La mayoría de los más de 50 jóvenes del centro ha permanecido aquí desde junio de 2011; algunos cumplen otras tareas dentro de la empresa, lo cual habla de su evolución, disciplina, responsabilidad y sentido de pertenencia al gremio. Sin ellos no habríamos conquistado sentidos reconocimientos: Centro Hazaña Laboral, Medalla Con el Esfuerzo de Todos, entre otros que, en esencia, significan mejor atención a los santiagueros», remarca Despaine.

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