La primera semana de diciembre de 1958

Años después Fidel valoraría la batalla de Guisa como más importante y difícil, desde el punto de vista militar, que la del Jigüe. Guisa fue un desafío, precisó, con tropas todas nuevas, contra un ejército de operaciones de 5 000 soldados

Autor:

Eugenio Suárez Pérez

Después de derrotada la gran ofensiva de la tiranía del verano de 1958, el jefe del Ejército Rebelde, Comandante en Jefe Fidel Castro, escoge a los capitanes y tenientes que le quedan, después de haber enviado varias columnas a otros frentes de combates, organiza una columna con cientos de reclutas mal armados, que se entrenaban en Minas del Frío. Al frente de estos hombres, el 9 de noviembre, parte Fidel hacia el llano desde su Puesto de Mando en Cuatro Caminos.

Fidel llega a Guisa y cerca el cuartel desde el día 20, luego de liquidar una patrulla de guardias en una emboscada en el camino que va hasta la Carretera Central.

El 26 de noviembre, Fidel les escribe a los locutores de Radio Rebelde:

A todos los muchachos de Radio Rebelde:

Aquí estoy echándoles de menos a ustedes. Ya tengo altoparlantes, pero no tengo locutores. Pronto va a llegar aquí una ­planta trasmisora potente, pero sin Eduardo y ustedes nada funciona.

Tenemos una fuerte línea de defensa entre Bayamo y Guisa. Es como un Jigüe pero a las puertas de Bayamo. Aquí la pelea es contra tanques, pero ya hay uno boca arriba. No tengo aquí a los veteranos, pero la tropa se está portando bien. Coroneaux hecho un león; ha abierto en un firme más de 200 trincheras. Picos y palas por la libre. La gente, buena, y acariciando todos la idea de comprar en Guisa muchas chucherías.[1]

La emisora Radio Rebelde, el 1ro. de diciembre transmite un parte militar sobre esa batalla, redactado por el Comandante en Jefe, informando que el 30 de noviembre, a las nueve de la noche, después de diez días de combate, las fuerzas rebeldes penetraron en Guisa, y destaca que:

Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería. El más destacado oficial rebelde fue el capitán Braulio Coronú (se trata de Coroneaux), veterano de numerosas acciones que cayó gloriosamente defendiendo su posición en la carretera de Guisa por donde no ­pudieron pasar los tanques enemigos.

Las unidades rebeldes al mando de sus capitanes y demás oficiales combatieron con una moral extraordinaria (…)

Guisa a 12 kilómetros del puesto de mando de Bayamo es ya territorio libre.[2]

En el parte, Fidel rememora, que ese mismo día, 61 años atrás, fuerzas del Ejército Libertador al mando del general Calixto García Íñiguez habían tomado también el pueblo de Guisa.

Años después, Fidel ante los jefes y oficiales vanguardias de las FAR, recuerda que esta batalla fue más importante y difícil, desde el punto de vista militar, que la del Jigüe. En Guisa, precisó, fue un desafío, con tropas todas nuevas, contra el ejército de operaciones de 5 000 soldados que estaba en Bayamo. Y se empezó esa operación con unos 180 ­hombres, al lado del Puesto de Mando que tenía el enemigo en Bayamo. Estas fuerzas intentaron nueve veces reforzar las fuerzas enemigas de Guisa, apoyados con tanques pesados, artillería y aviación. Y concluye Fidel:

Al final de diez días, nos quedamos con el pueblo de Guisa. Y ellos no pudieron, ellos ­fueron derrotados y nos quedamos con el pueblo. Esa tropa quedó muy desmoralizada en todos aquellos combates, y nos facilitó el avance ­sobre Baire, Jiguaní, Maffo, Palma Soriano; facilitó el avance ­sobre Santiago de Cuba, nos quedaba el ejército de Bayamo en la retaguardia, pero estaba muy desmoralizado por los diez días de combate en que tuvieron una cantidad enorme de bajas.[3]

Después de la batalla de Guisa, el Comandante en Jefe estableció su puesto de mando en la Rinconada, entre Baire y Jiguaní, desde donde planteó las misiones para desarrollar las acciones posteriores, en especial las maniobras para tomar Santa Rita, Jiguaní, Baire, Contramaestre y Maffo en una ofensiva final que culminaría con la toma de Palma Soriano y Santiago de Cuba.

En las Villas, a propuesta del Comandante Ernesto Che Guevara, se firma el documento conocido como Pacto del Pedrero, entre las fuerzas del Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, con el objetivo de establecer la unidad en el orden político y la realización de acciones militares conjuntas.

Tres días después, el 4 de diciembre las fuerzas rebeldes comandadas por Ernesto Che Guevara derrotan la ofensiva del ejército de la tiranía, que la había iniciado el 29 de noviembre contra El Pedrero. Con esta acción quedó frustrada la última ofensiva de la dictadura contra las fuerzas rebeldes.

Desde el 23 de noviembre había comenzado la Operación Flor Crombet en el Segundo Frente Oriental Frank País, con el objetivo de retomar El Cristo, Alto Songo y La Maya y otros pueblos.

El domingo 7 de diciembre se rinden las tropas de la tiranía de La Maya y unos días después queda liberado San Luis.

Ese día, coincidentemente, llega a la Sierra Maestra un avión cargado de armas procedente de Venezuela. En la aeronave llegan a Cuba: Manuel Urrutia Lleó, el dominicano Enrique Jimenes Moya, Luis Orlando Rodríguez, Willy Figueroa Alfonso y Luis M. Buch Rodríguez.

Las armas eran enviadas por el Comandante de la Marina y presidente de la Junta de Gobierno de 1958, luego que Marcos Pérez Jiménez fuera derrocado el 23 de enero del mismo año. El  pueblo venezolano, con la campaña La marcha de Bolívar a la Sierra Maestra, había financiado la compra de un avión carguero C-46 para transportar los pertrechos. Entre las armas llegó un fusil Fal, que el jefe del apostadero naval de La Guaira, Venezuela, el teniente de navío Carlos Alberto Taylhardat, le envió a Fidel, en reconocimiento y admiración a su bravura. Luis Orlando Rodríguez fue el portador del obsequio.

Con Urrutia en la Sierra Maestra, el Gobierno Revolucionario de Cuba daba sus primeros pasos.

En el Segundo Frente Oriental Frank País, el 8 de diciembre, en Soledad de Mayarí Arriba, sesiona el Congreso Obrero en Armas. Los 92 delegados entre sus varios acuerdos deciden apoyar incondicionalmente las acciones de Ejército Rebelde

Ese día, Fidel, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara sostienen una conversación radial, quienes precisan las operaciones en la región central del país. En horas de la noche, Baire cae en poder de los rebeldes, y el Comandante en Jefe emite un parte donde informa que el enemigo se bate en retirada y una importante acción militar se está desarrollando a lo largo de la Carretera Central en una extensión de 35 kilómetros y, además, numerosas guarniciones enemigas han quedado ya sin otra alternativa que la rendición o el aniquilamiento.

Durante estos primeros días de diciembre los diferentes frente guerrilleros de combate en Pinar del Río, Las Villas y Camagüey, y las fuerzas rebeldes del Tercero y Cuarto frentes cumplen sus misiones en interés de la ofensiva final que no se detendrá hasta el triunfo revolucionario el primero de enero de 1959.

El 9 de diciembre, ante informaciones de la revista norteamericana Time, cuyos comentarios intentan dejar entreabierta la posibilidad de que los Estados Unidos se inmiscuyan en los asuntos de Cuba a través de la OEA, Fidel responde que a buena hora se aparece esa gente con esas intenciones de intervención o de llamar a la Organización de Estados Americanos (OEA, y cuando aquí la dictadura estaba tronchando ­cabezas por decenas y por centenares, no se preocuparon absolutamente nada por eso. Y precisa:

De ninguna manera aceptamos ningún tipo de intervención en este conflicto. Pero que terminantemente rechazamos eso. No aceptaremos nada que no sea la rendición incondicional de Batista y Columbia. Todo el que permanezca al lado de la dictadura tendrá que rendirse. Ese es un problema que no hay ni que preocuparse. El que venga a intervenir, tendrá que entrar peleando.[4]

 


[1] Granma, 1ro. de diciembre de 1978.

[2] Ricardo Martínez Vítores: 7RR. La historia de Radio Rebelde, p. 475.

[3] Fidel Castro Ruz: Versión del discurso del Comandante en Jefe ante los oficiales y jefes vanguardias de las FAR de 1973, Trabajo Político, p. 73

[4] Granma, 9 de diciembre de 1978, p.2.

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