¿La fiebre del oro?

Al margen de causas, exculpaciones y remedios posibles, sobre el fenómeno de la extracción artesanal de oro en algunas zonas del país gravitan pesos de fuerza mayor: es una actividad ilegal que perjudica el estado de nuestro medio ambiente

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

HOLGUÍN.— Aunque aquello de que una foto vale más que mil palabras figura ya entre los tantos mitos puestos hoy en tela de juicio, incluso en la era del más pujante desarrollo de las tecnologías de la información, hay realidades que todavía caben en apenas una instantánea.

Verlo con ojos propios es otra historia. Hay un hilo de agua que se asemeja ahora más al desagüe de alguna tubería fabril, que a un río virgen que mana desde el corazón de una de las áreas protegidas más ricas en especies endémicas de la flora y la fauna cubanas, el Parque Alejandro de Humboldt, reconocido como Patrimonio de la Humanidad.

Las márgenes de la corriente están colmadas por cientos de agujeros de distinta profundidad. Hasta las piedras han sido removidas de sus asientos originales y en algunos tramos bloquean el libre paso del lecho, para formar charcas y lodazales más turbios e inaccesibles de lo normal.

Los árboles en derredor parecen haber recibido el impacto de un poderoso huracán. Desgajados, mutilados y acumuladas sus ramas por doquier, favorecen aún más la obstrucción de las aguas y el desconcierto, mientras no hay rastro de aves ni del silencio proverbial que les resguardaba.

En la desbandada han quedado palas, picos, cernedores confeccionados con las maderas de los árboles y hasta utensilios personales que abandonaron en el lugar los improvisados «mineros».

Son las secuelas de la imprudencia de algunos hombres y mujeres envueltos en la febril aventura de turno. La motivación es un supuesto provecho personal, pero en detrimento de cosas aún más preciadas, como el medio ambiente y la propia salud de ellos y sus semejantes.

Se trata de la llamada extracción ilegal de oro, una faena que ha llevado a algunos hasta a acampar durante semanas en las profundidades de los bosques, o hasta excavar sigilosamente en el patio de un vecino, donde por carambola alguien supuso que se encuentre una «veta» del valioso metal.

En las líneas anteriores se describe a una de las zonas más afectadas en el municipio holguinero de Moa, donde en sitios como Calentura, Tres Fiebres o Cayo Chiquito, emplazados dentro del Parque Alejandro de Humboldt, estos garimpeiros* tropicales hacen honor a esos nombres geográficos.

Empero, similares escenas pudieron verse en los últimos tiempos en áreas, intricadas o no, pertenecientes a otros territorios como Holguín, Rafael Freyre y Báguano.

De frente y dialogando

Las autoridades competentes nunca han estado al margen del problema, pero desde hace unos meses las acciones tanto de enfrentamiento como para la educación medioambiental de residentes en las comunidades aledañas a estos escurridizos enclaves, se han incrementado considerablemente.

Rolber Reyes Pupo, jefe en funciones de la Unidad de Medio Ambiente en la delegación provincial del Citma en Holguín, precisa que entre los impactos ambientales más importantes figuran afectaciones a las márgenes de corrientes de aguas, la erosión de terrenos y el desbroce de la vegetación.

«No obstante, uno de los aspectos en los que más insistimos es en cuanto al uso de metales y sustancias tóxicas, que de utilizarse directamente en el lugar de extracción provoca la contaminación directa de las aguas terrestres y superficiales.

«El mercurio es un metal líquido a temperatura ambiente, inodoro. Su aspecto de color gris plateado es aparentemente inofensivo, pero si se calienta se torna un gas muy tóxico que puede causar dolencias de gran sufrimiento. El cianuro de sodio es sencillamente letal.

«Lo cierto es que tanto las anteriores, como otras sustancias peligrosas o de uso controlado, son exclusivas de más de una veintena de entidades, bien identificadas, cuyas administraciones son las máximas responsables de velar por la actualización y comprobación de sus inventarios.

«Hemos recomenzado con el apoyo de las unidades especializadas del Minint, un proceso para la inspección y arqueo de esos productos e impedir fugas o desvíos», aseveró Reyes Pupo.

Aunque el oro es un recurso que se encuentra en el área de competencia de la Oficina Nacional de Recursos Minerales (ONRM), es comprensible que el enfrentamiento a esta actividad no puede circunscribirse a ella.

«Desde inicios del año el Minint viene desempeñando un papel activo con sus fuerzas. Se han aplicado multas, decomisos e incluso el inicio de procedimientos penales a tres personas naturales por actividad económica ilícita. Solamente este año, por el cuerpo de inspección del Citma se han impuesto más de 30 multas a infractores reincidentes», precisó Jorge Morales Calzadilla, inspector ambiental.

«Desde nuestra esfera de competencia se comenzaron controles a los responsables de las áreas conjuntamente con el personal de entidades como el Servicio Estatal Forestal, la Dirección Integral de Supervisión del Gobierno, los cuerpos de inspección del Minagri y Guardabosques, con una óptica educativa en primer orden, expuso Reyes Pupo.

Tales acciones a corto plazo han redundado en una disminución considerable de esas actividades ilegales. En el contexto de los consejos administrativos de los cuatro municipios involucrados funciona una comisión encargada de supervisarlas y evaluar periódicamente los avances.

Paralelamente, la divulgación de las legislaciones ambientales vigentes ha estado a la orden del día, mediante la realización de charlas y conferencias por nuestros especialistas y los del Minsap, incluso en las escuelas, agregó Norkis Ochoa Aguilera, coordinadora provincial de Educación Ambiental en el Citma.

Este tipo de excavaciones es la que hace regularmente.

Violación aquí y acullá

Lo que ciertamente no tiene discusión es que con la práctica de esta actividad se violan no pocas leyes, regulaciones y decretos-leyes vigentes en el país. El desconocimiento de estas tampoco constituye una excusa para incumplirlas, mucho menos sin la debida autorización de los organismos e instituciones competentes.

Algunas de estas son la Ley 81 del Medio Ambiente y el Decreto-Ley 200, relacionado con las Contravenciones en Materia de Medio Ambiente, además de normas legales que regulan la actividad minera y la protección de la biodiversidad.

No se trata de que se desconozca la existencia de este mineral precioso en nuestra naturaleza, pero, según los expertos, la propia historia geológica del archipiélago condicionó que sean de exiguas dimensiones.

«Hablar de minería de oro en esos sitios es, entonces, algo relativamente cuestionable, eventual, que requiere de grandes movimientos de tierra, por lo cual ese laboreo artesanal, además de riesgoso, posee un alto costo para el entorno.

Según argumentó el especialista, la extracción de oro es una actividad minera sumamente costosa y muy exigente en cuanto a tecnología, algo para lo cual el país no se encuentra en condiciones a cabalidad, al menos en la actualidad.

Son disímiles los comentarios, puntos de vista y, por supuesto, las sugerencias de solución, generados particularmente durante las últimas semanas, a raíz de que se publicaran, por algunos medios, acerca de las medidas adoptadas por las autoridades para afrontar la llamada extracción ilegal de oro, un fenómeno que, por cierto, no es nuevo ni exclusivo de esta provincia del país.

En efecto, el diálogo necesario es y será siempre lo primordial, siempre que se desee llevar hacia buena desembocadura cualquiera de las polémicas sociales o imperfecciones que rondan nuestra cotidianidad.

Calificada ya por algunos como una actividad «sumamente lucrativa», «esclavizante» por otros, lo cierto es que el ánimo que por naturaleza sobreviene al hombre por la satisfacción de sus necesidades, en tiempos sabidamente difíciles para el bolsillo, no puede sin embargo llevar inconscientemente a algunos a lanzarse sobre los recursos naturales del país, apropiándose de lo que es patrimonio público, arriesgando la salud propia o destrozando riquezas que ni a la vuelta de los años podrían recuperarse.

Utensilios empleados por los buscadores.

*Garimpeiros: Buscadores de piedras preciosas en la Amazonia brasileña.

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