¿Libros sin retorno?

En medio de un cruce de criterios no exentos de pasiones, la Biblioteca Provincial de Ciego de Ávila recibió la notificación de hacer las maletas. Aún no se tiene en claro cuál será su próximo destino

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— ¿Puede crecer algo sin tener un lugar donde germinar? Esa pregunta —emparentada con el to be or not to be del drama shakesperiano— envuelve la vida cotidiana de muchos en Ciego de Ávila, mientras las miradas se dirigen al objeto de la polémica: el edificio donde otrora funcionó el Instituto de Segunda Enseñanza y que hoy acoge a la Biblioteca Provincial Roberto Rivas Fraga.

Las opiniones de si esta última institución debe irse o no de ese local se originaron al conocerse la intención de convertirlo en Instituto Preuniversitario Urbano (IPU), ante el déficit de inmuebles para ese nivel de enseñanza. Solo que la polémica se adereza con un detalle: la valoración del fondo constructivo de la capital provincial indica que no existe un lugar con las condiciones idóneas para emplazar la Biblioteca con todos sus materiales.

¿Adónde irá, entonces? En medio del cruce de criterios, muchas personas hacen valer un detalle. Desde su creación, esta institución no ha tenido una sede estable y sus movimientos han estado marcados por las coyunturas más disímiles. Así lo asegura el investigador Fidel Montes Figueroa, quien añade que la Roberto Rivas Fraga se fundó en 1963, en el antiguo Club Atlético, donde en la actualidad funcionan el restaurante Paradiso y la Sala de Fiestas El Mulato Acelerado.

Cinco años después iniciaba su itinerario. De su primer emplazamiento pasó al antiguo Centro Asturiano, ahora Museo de Artes Decorativas. Sobre 1980 la trasladan a dos locales: el salón donde funciona la Tabaquería y la casona de la calle Independencia, que en esta fecha alberga al Centro Provincial de Artes Plásticas.

No duró mucho tiempo allí. A mediados de esa década, pasa al edificio ocupado en estos momentos por el Tribunal Popular Provincial, hasta que en 1995 la mudan a la sede del Gobierno municipal, un local entonces con serios problemas constructivos. Sobre 1998 cierra sus servicios y no es hasta 2001 que, luego de muchos esfuerzos, abre sus puertas en su actual sede. Cuenta final: seis mudadas en menos de 50 años. Y ahora parece que viene la séptima.

Un local, por favor

«Las máximas autoridades del Gobierno en la provincia le informaron a la Dirección de Cultura y a nosotros que el inmueble de la Biblioteca pasaría a Educación», explica Yusmaidy Marrero Núñez, directora de la Roberto Rivas Fraga, quien añade que ya se propusieron dos lugares como nueva sede: la actual Dirección Provincial del Inder y el local que ocupó hasta hace poco la emisora Radio Surco.

Yusmaidy Marrero Núñez, directora de la Biblioteca, asegura que una mudada sería nefasta para una parte importante de fondos. Foto: Luis Raúl Vázquez Muñoz.

«En ambos casos —señala Yusmaidy— se constató que no existen las condiciones mínimas para instalar una Biblioteca. Esos inmuebles no pueden acoger los más de 80 000 materiales que tenemos en el fondo bibliográfico, ni tampoco cumplen con las medidas para emplazar los estantes y preservar los libros. Sencillamente, no poseen los estándares cubanos e internacionales para emplazar allí la Biblioteca y hasta el momento no se visualiza uno con las condiciones idóneas».

Directivos de los sectoriales de Educación y Cultura coinciden en que los planes de mudar la Biblioteca obedecen a la intención de cumplir un acuerdo del Consejo de Ministros. Dicha normativa se adoptó cuando en el país se decidió pasar a los estudiantes de los Institutos Preuniversitarios en el Campo (Ipuec) hacia las ciudades y poblados donde residen los jóvenes.

Ante la falta de locales se acordó gestionar en toda Cuba la devolución de aquellos inmuebles que en algún momento sirvieron como unidades docentes, como fue el caso del edificio del Instituto de Segunda Enseñanza, el cual dejó de pertenecer a Educación a principios de la década de los 80 con el desarrollo de los Ipuec.

Lázaro Padrón Pereira, subdirector de Educación a nivel provincial para las enseñanzas primaria, secundaria básica y preuniversitaria, precisa que «se necesita un inmueble para cerca de 700 alumnos en la zona centro o centro-oeste de la ciudad».

En el caso del municipio de Ciego de Ávila, recibir a los educandos de los Ipuec supuso un esfuerzo grande para crear las condiciones y tener en poco tiempo a cerca de 2 000 estudiantes. Las acciones implicaron, entre otras medidas, acondicionar una escuela primaria; trasladar la matrícula de una escuela especial, La Edad de Oro, a otro centro y convertirlo en IPU. El Palacio de Pioneros también cesó en sus funciones y ahora es el preuniversitario Pedro Valdivia.

Aun así, la carencia de locales crea diversos tipos de afectaciones, como el hacinamiento o la lejanía. Muchos jóvenes residentes en zonas alejadas de la ciudad a veces deben recorrer diez kilómetros en el día para ir al aula, explica Padrón Pereira.

Al referirse a la posibilidad de que el inmueble de la Biblioteca pase a Educación, añade el directivo que «con ese local, el problema se solucionaría o se atenuaría. Comprendemos que la postura no puede ser superar un conflicto y crear otro, pero la situación dentro de las aulas es tensa y tiene que resolverse. Y hasta ahora la solución la vemos en el edificio del antiguo Instituto», afirma.

Sí, pero no

Llegados a este punto hay una realidad ineludible. Tanto Educación como Cultura necesitan de un local con condiciones para sus respectivos intereses. Solo que aquí cabe la pregunta de si solucionar el problema de la docencia no implicaría generar otros dolores de cabeza, entre estos cercenar un espacio que también constituye un apoyo a la enseñanza.

Un sondeo de opiniones entre residentes en esta ciudad arrojó que algunos consideran a la Biblioteca como un almacén de libros vetustos y conocimientos inservibles, razones que —opinan— mueven a darle a su actual inmueble un nuevo uso. Y no es menos cierto que el número de usuarios de la Rivas Fraga está muy por debajo de sus potencialidades —basta mirar de forma periódica la cantidad de personas en sus salas para confirmar este criterio—, pero de lo que se trata es de que las autoridades de Cultura y de la Biblioteca unan sus esfuerzos y promocionen más los fondos y servicios del centro.

Ganarían la docencia y el aprendizaje, con seguridad, de ser este el futuro curso de acción. La decisión contraria —opinan otros avileños— provocaría que los mayores perjudicados del traslado de la Biblioteca resulten los mismos a quienes se desea favorecer: los estudiantes, quienes clasifican como los mayores usuarios de la institución (13 475 la visitaron en un año). Adverso también sería el cierre de los proyectos de estímulo a la lectura y exhibición de películas basadas en obras de la literatura universal, que se desarrolla con alumnos de Secundaria Básica.

Ante la eventual decisión de que el edificio funcione como plantel docente, no pocos entrevistados mostraron su preocupación porque se preserven sus valores patrimoniales, teniendo en cuenta que el empleo como centro de consulta es diferente al que podría tener como unidad de estudios. Dolorosamente cercano está el ejemplo de lo ocurrido con un inmueble homólogo, radicado en Morón y utilizado como centro escolar, que exhibe un estado crítico, de ahí el hincapié de varios entrevistados de que se consideren más alternativas antes de tomar cualquier decisión.

La enumeración de los perjuicios al sistema de educación podría continuar, y tampoco se puede soslayar el mal para los fondos bibliográficos, pues el historial de mudadas demuestra que siempre ocurren daños para los libros, muchos de ellos irreparables. Por eso, aunque esté pendiente la solución de aulas para enseñar a centenares de jóvenes, debe valorarse sin esquematismos si el inmueble debe regresar a Educación y se ha de ponderar otras opciones, quizá en inmuebles de otros organismos y de entidades cuyas estructuras se han redimensionado, o ejecutar un proceso inversionista que solucione de raíz los problemas de locales.

La opinión de este redactor es que la Biblioteca no debería moverse de su sede actual. Además de lo apuntado, es muy probable que este sea el último traslado de las colecciones de los periódicos El Pueblo y La Región, todas en pésimo estado por la falta de medios para su conservación, entre otras causas. Su pérdida sería el adiós definitivo a una fuente testimonial de valor inestimable para el pasado del territorio.

Por último, dejar a Ciego de Ávila sin Biblioteca Provincial o emplazarla en un lugar sin condiciones —aunque sea de manera temporal— se opondría al Decreto-Ley 271, aprobado el 22 de junio de 2010, que al amparo del artículo 39 de la Constitución refrenda la importancia de esas instituciones como espacio insustituible en la formación del ciudadano cubano. Quizá lo más saludable sería mantener la Biblioteca donde está. Ya se ha mudado demasiado. Dejémosla ahora crecer.

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