¿Niños «agendas completas»?

Este es un fenómeno en expansión en muchos países, incluida Cuba, y se caracteriza porque los pequeños tengan ocupado su tiempo libre después del horario escolar con actividades extracurriculares que complementan su formación, potencian una habilidad específica o les satisfacen un interés especial

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

«Lunes y miércoles tengo clases de baile español de cinco a siete, después de la escuela. A esa misma hora, los martes y jueves tengo Inglés, y los viernes estoy en una clase de pintura, que es el día de la semana que más me gusta. Los sábados tengo baile español de nuevo por la mañana y en la tarde doy clases de piano, que tengo que practicarlo todos los días porque la maestra se da cuenta cuando no lo toco». (Camila, nueve años)

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«Tres veces a la semana voy al kárate, después de la escuela y hasta las 7 y 30, y los otros dos días tengo que ir a casa de la repasadora de Español y de Matemática. Los sábados por la mañana tengo Inglés y por la tarde ajedrez. Me encantaría jugar a la pelota, pero no sé qué día mi mamá podrá llevarme». (Luis Alejandro, ocho años)

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«Mi mamá me lleva a las clases de natación dos veces a la semana, un poco antes de que suene el timbre a las 4 y 30. Tengo además clases de Inglés, repaso de Español, Matemática y también de Historia, y alterno con la gimnasia… Los sábados voy a las clases de Francés por la mañana…». (Mónica, siete años)

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«Me estoy preparando para hacer las pruebas y entrar a la escuela de música a estudiar violín… Además, todos los días por la tarde tengo repaso de las asignaturas más difíciles, y los sábados tengo clases de Inglés. Nunca he podido matricular en un curso de pintura, no he tenido tiempo, pero quiero que el año que viene mi mamá me apunte en alguna clase de baile, para aprender». (Melanie, 12 años)

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«Me gusta mucho el fútbol, pero mi papá dice que es mejor aprender a tocar guitarra y luego hacer conciertos. Practico mucho, voy a las clases por la noche y además tengo que estudiar Inglés con la profe particular. ¿Mis amigos? Algunos estudian Inglés conmigo, aunque otros están en pelota, judo, ajedrez… Hacen otras cosas». (Frank Eduardo, 13 años)

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¿Qué tienen en común Camila, Luis Alejandro, Mónica, Melanie y Frank Eduardo? Todos son «niños agendas completas», pues su tiempo libre después del horario escolar está ocupado con actividades extracurriculares que complementan su formación, potencian una habilidad específica o les satisfacen un interés especial.

En muchos países este fenómeno también se expande, como sucede en Estados Unidos, donde entre el 70 y el 83 por ciento de los niños y adolescentes participa al menos en una actividad extra y pasa un promedio de cinco a nueve horas semanales en actividades estructuradas.

Muchas de las actividades extraescolares incluyen aquellas que potencian el talento artístico. Foto: Roberto Ruiz

Baile, idioma, deportes, manualidades, música… son algunas de ellas. En Cuba, muchos como los entrevistados tienen la misma dinámica en su cotidianidad, y en no pocos casos, no son siempre sus motivaciones las que justifican su cronograma adicional.

Los síntomas alertan…

¿Cuán beneficioso resulta «agendar» de esta manera la vida de nuestros niños? ¿Los padres siempre tienen en cuenta los riesgos? Los resultados de la investigación que sobre el tema desarrolló la psicóloga y máster en Psicología clínica y de la salud Roxanne Castellanos Cabrera con estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana le dieron la pista a esta reportera…

«Con frecuencia asisten a consulta niños que presentan trastornos emocionales, dificultades en la socialización, cambios en su comportamiento, bajo rendimiento académico de manera repentina... Nos interesó detectar la posible relación entre el cúmulo de actividades adicionales y la aparición de estos problemas que pueden comprometer la salud mental y el bienestar psicológico de los niños, por lo que desde hace dos años iniciamos el estudio con una muestra significativa de estudiantes del nivel de enseñanza Primaria.

«Estos niños con estrategias pautadas de formación extracurricular presentaban de manera general rasgos perfeccionistas y obsesivos, lo que se debe a un sistema de exigencias bastante fuerte por parte de la familia. Muchos de ellos expresaron ideas y temores irracionales en correspondencia con su edad, y la mayoría presentaba dificultades en la esfera de las relaciones sociales, pues no tenían tiempo libre suficiente para el juego y el esparcimiento con sus coetáneos, elemento esencial en la infancia».

Es importante destacar que muchos de los infantes no manifestaron interés personal hacia sus actividades extracurriculares, lo que alerta sobre una evidencia de sobrecarga, obligación y malestar subjetivo que le resulta ajena a la familia, ya que ellos no la expresan, señala la especialista, quien tiene su consulta de atención a niños y adolescentes cada jueves en el Centro de Orientación y Atención Psicológica Alfonso Bernal del Riesgo, en la capital cubana (sito en calle 19, entre K y L, Vedado, municipio de Plaza de la Revolución).

«La investigación reveló, hasta el momento, que no hay una relación directa entre la cantidad de ocupaciones adicionales de los niños y la posibilidad de aparición de trastornos emocionales. Sin embargo, el factor detonante es el manejo inadecuado que se realiza por la familia, es decir, el no otorgarle mucha importancia a la correspondencia entre el interés y disfrute del menor en determinada actividad y su realización. Se les exige su cumplimiento y no se indaga sobre su bienestar y deseo de continuar con esa ocupación.

«Con el estudio se demostró, una vez más, que el juego y las relaciones sociales con sus semejantes es vital, pues los menores que lo contemplan en su tiempo libre experimentan menos estrés psicológico».

Natación, gimnasia, pelota, kárate..., la práctica de diversos deportes ocupa muchas veces el tiempo libre de los niños. Foto: Calixto N. Llanes

Castellanos Cabrera revela que las dificultades en la comunicación entre padres e hijos brotaron como resultado del estudio. «Las consecuencias negativas en el desarrollo de la personalidad de los niños son constatables. La mayoría tiene bloqueada la capacidad de expresión emocional en el área familiar. Se les exige y se les demanda el cumplimiento de elevadas expectativas, no solo en el terreno escolar, sino también en el complementario, pues este tipo de actividades no son asumidas como hobbie o entretenimiento, sino como una obligación más, una tarea con la que hay que cumplir».

...Pero el problema persiste

«Estoy muy orgullosa de mi hija. Es muy inteligente y tiene que aprovechar el tiempo en lo que le sea útil. Quizá sea una gran bailarina o una pintora famosa, y yo la llevo a donde tenga que llevarla con tal de que su futuro sea brillante». (Magalys, madre de Camila)

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«Todos sus compañeritos de aula matricularon en el kárate, ¿por qué él no? Además, tiene que gastar energía para que baje esas libritas y aprenda a defenderse. Lo del repaso es necesario para que saque buenas notas, el Inglés es muy importante y el ajedrez le desarrolla el pensamiento y es como un juego también, ¿no?» (Regina, madre de Luis Alejandro)

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«Yo nunca aprendí a nadar, y a mi hija no puede pasarle lo mismo. También quiero matricularla en danza y que participe en concursos, nadie sabe, pero ahora le gusta la gimnasia. Lo otro le toca porque en la escuela no son muy buenas las clases, y el idioma tiene que aprenderlo desde chiquito, para que se le fije más» (Keyla, madre de Mónica)

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«Desde que mi hija vio a la prima tocando el violín se quedó maravillada, seguro será virtuosa en el instrumento y yo la voy a apoyar en lo que sea. Tiene que salir bien en la escuela también, por supuesto, pero lo importante es que no pierda el tiempo y se prepare para la vida» (Elena, madre de Melanie)

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«¿Futbolista para qué? Si fuera en otro deporte, pero aquí estaría perdiendo el tiempo en el fútbol. La música siempre tiene futuro y el Inglés abre todas las puertas para conseguir buenos trabajos, viajes, estudios. Lo estamos encaminando bien, y él puede dar porque es inteligente». (Frank Emilio, papá de Frank Eduardo)

¿Conocen los padres a sus hijos?

¿Cuántos padres conocen verdaderamente a sus hijos? ¿Cuántos de ellos no ansían canalizar sus frustraciones en sus descendientes y, por eso, les potencian determinada actividad? ¿Acaso valoran con los menores lo que les resulta atractivo? ¿Tienen en cuenta sus límites?

Según apunta Castellanos Cabrera, «si en la escuela, donde el niño permanece ocho horas del día, se ofrecieran de manera sistemática e intensa actividades complementarias a través de los círculos de interés, del Movimiento de Pioneros Exploradores u otras variantes, y no se encontraran vacíos en la formación académica, los padres no tenían por qué considerar la opción de «agendarles» la vida a sus hijos en horario extraescolar —incluidos los repasos particulares—, independientemente de que ciertas actividades son muy especializadas, como la música, y requieren otro espacio y manejo del tiempo si no se trata de una escuela de formación específica.

«Son muchos los motivos para que los padres les ocupen el tiempo a sus hijos, según se aprecia en las consultas. La concreción de un proyecto de vida en otro país justifica la preparación en idiomas, por ejemplo, con tal de que el niño pueda después desenvolverse en ese medio competitivo. Algunos consideran que tiempo libre es sinónimo de pérdida de tiempo, muchos prefieren tenerlos en casa ya cansados y listos para comer y dormir…

«En no pocos casos se puede vislumbrar un cuadro de desatención familiar. Son los padres los que tienen su tiempo ocupado sin posibilidad de dedicarles unos minutos a sus hijos. Con frecuencia se tienen a estos “niños agendas completas” en familias que fomentan modelos de perfección, y la exquisitez desmedida atenta contra el menor.

«La autoestima de los niños se lacera cuando, por ejemplo, no realizan una actividad con la que se sientan ciento por ciento satisfechos y, por tanto, son incapaces de cumplir con las expectativas familiares, con lo que se espera de ellos. Si se sienten a gusto con estas ocupaciones, no estarán abrumados».

Un niño adquiere responsabilidades una vez que ingresa a la escuela, y no todos transitan por ella de la misma forma y con el mismo rendimiento. «La sobrecarga, y no ya el querer potenciarle un talento o habilidad al menor, provoca falta de concentración y cansancio físico y mental, sobre todo cuando las actividades no están bien dosificadas. No todos los padres logran comprender esto sin ofrecer resistencia».

En las escuelas de ballet, de música y similares, donde la enseñanza académica coexiste con la de las especialidades, debería un psicólogo acompañar al estudiante en su formación, durante la cual son sometidos a un estrés fuerte por el cumplimiento de las exigencias establecidas, agrega la especialista.

Acota Castellanos Cabrera que con el fenómeno de las «agendas completas» surgen rivalidades a tener en cuenta entre la familia y la escuela. «Otras instituciones programan sus actividades antes de las 4 y 30 de la tarde, y es menester que el niño se retire del centro docente antes de la hora establecida. Las cartas de autorizo amparan el proceder al explicar el motivo de la salida anticipada del estudiante, pero lo cierto es que el horario escolar debe respetarse».

«Cada padre tiene que conocer a su hijo y no anhelar un modelo que no puede alcanzar, ni vivir a través de él lo que no pudo en su tiempo. Todos somos buenos en algo, y aunque la escuela cubana presta especial énfasis a la inteligencia intelectual y no a la emocional, la familia debe entender que esta última no puede acelerarse como la primera.

La preparación para la enseñanza artística demanda tiempo y entrega.

«A veces las familias mantienen esquemas muy cerrados de socialización, y la vía de escape que tiene el niño para rodearse de sus semejantes, es a través de diversas actividades en su tiempo libre. Darse cuenta de ello no siempre es fácil para los padres».

Afirma Castellanos Cabrera que las «agendas completas» forman parte del problema, pero no son en sí mismas el problema. El núcleo fundamental está en la familia, específicamente en la comunicación entre padres e hijos, y ese sí debe ser un asunto que no falte en las agendas de ambos, subraya.

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